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Con paciencia exagerada, tras pensárselo un momento:

– Sí, pero lo que sigue es que, en cuanto se te presentó la prime_ra oportunidad, tú…

– No. No, Dally, yo tenía pensado volver a buscarte. Creía que ten__tigo sin decir adonde.dría tiempo, pero parece que Merle no quiso esperar, se marchó con

– Todo fue culpa de él, ¿es eso?

– No, Luca también le daba largas…, no paraba de repetir: «Sí, po_dríamos hacerlo», pero nunca decía «Hagámoslo ya»; sin embargo…

– Oh, entonces todo fue culpa de él.

Una sonrisa de labios apretados, una sacudida de cabeza.

– Nada de piedad, nada de piedad, esta vez no.

La chica fingió sonreírle, pero no tenía malicia para más, lo cual permitió a Erlys replantearse qué era lo que su hija todavía no po_día perdonarle.

– No voy a engañarte. Luca Zombini fue la primera pasión ver____________________cia pasada, más bien amarga, diría yo.mos sorprendidos por algunos momentos sueltos de deseo, aunque él era, siendo justos, lo que tú llamarías reacio a imponerse a una joven viuda embarazada, no tanto por cortesía como por alguna experiendadera de mi vida, ¿cómo iba a negarme a ella? Con Merle, sí, nos vi

– De manera que Luca y tú perdisteis la cabeza en cuanto os visteis.

– Y todavía nos pasa, en eso al menos…

– ¡Cómo! Los dos…

– Ummm, ummm, ummm -cantó Erlys, con una mirada profun_da y desarmante, en una tríada menor descendente, más o menos.

– Yo pensaba que los bebés tienden a fastidiarlo. Estaba segura.

– Pues ése, como no tardamos en descubrir, no fue el caso. Y yo te echaba cada vez más de menos, a medida que pasaban los años, uno tras otro, con aquellos hermanos y hermanas que deberías haber te_nido a tu alrededor, y además tenía tanto miedo…

– ¿De qué?

– De ti, Dahlia. No habría podido soportar que…

– Por favor, ¿qué iba a hacer yo? ¿Sacar una pistola?

– Oh, cariño. -Dally no se esperaba la voz de tiple sofocada que oyó entonces, y menos aún lo que parecía delatar (más vaha tarde que nun__dir lo que quieras, no estoy en condiciones de…ca, supuso): remordimientos, incluso pesar-. Sabes que me puedes pe

– Lo sé. Pero Merle me dijo que no debía aprovecharme. Por eso nunca planeé hacer otra cosa que pasarme por allí, saludar y seguir mi camino.

– Ya. Devolvérmela haciendo lo mismo que yo cuando te aban_doné aquel día. Oh, Dally.

La chica se encogió de hombros, con la cabeza inclinada hacia aba_jo, el pelo acariciándole las mejillas de atrás adelante.

– Pero en cualquier caso, resultó otra cosa.

– ¿Peor de lo que imaginabas?

– ¿Sabes qué me esperaba? Una especie de Svengali, un tipo con capa, y a ti atontada, dominada por su hechizo hipnótico y…

– ¿Luca? -Dally ya había visto reír entre dientes a su madre, pero jamás ponerse públicamente en ridículo. Los paseantes, de hecho, re____________________güenza.do Erlys recuperó el aliento, añadió-: Ahora encima te hago pasar vertrocedieron y caminaron en la otra dirección para verla mejor. Cuan

– Lo que quería decir es que me parece muy raro que él me re_cuerde tanto a papá. A Merle.

– Puedes decir «papá» -comentó todavía ruborizada y con los la____________________do de los brazos de un mago a los de otro.dante Glamurosa, ¿no te parece?, condenada para siempre a ir pasanbios encendidos-, Y puede que yo sólo sea una especie de vieja Ayu

Se acercaba la hora de la comida. Destacamentos de personal del restaurante salían a toda prisa del invernadero del barco con ramos de claveles, rosas de té y cosmos encarnados. Los camareros se arrastra__mohadillados con terciopelo. Los olores de los fogones empezaban a salir por los respiraderos de las cocinas. Madre e hija estaban junto a la barandilla de popa, abrazadas por la cintura.ban por las cubiertas golpeando gongs en miniatura con martillos al

– No está mal la puesta de sol -dijo Erlys.

– Bastante bonita. A lo mejor ha estallado otro volcán en alguna parte.

Antes de cenar, mientras Dally la ayudaba a peinarse, Erlys pre_guntó distraídamente:

– ¿Y qué te parece ese joven que no te quita ojo en el comedor?

– ¿Cuándo ha sido?

– Señorita Corderito Inocente.

– ¿Cómo iba a saberlo?, ¿estás segura de que no miraba a Bria?

– ¿No te gustaría averiguarlo?

– ¿Por qué? Una semana en esta barcaza y luego todo se acabó.

– Es una manera de verlo, supongo.

Dally fingió que le fascinaba el filo acerado del horizonte. Su ma_dre, faltaba más, cualquiera lo sabía, habría caído al instante. ¿Cómo iba a olvidarlo? ¿Cuándo se suponía que iba a empezar a olvidarlo? Preguntas incómodas, porque ella bien podría haber regresado al sa__cendental.lón de baile de R. Wilshire Vibe y recibir aquella primera mirada tras

Erlys dijo:

– Es un hombre de Yale. Va a Alemania a estudiar matemáticas.

– Vaya, mi tipo, ni pintiparado.

– El creé que lo estás despreciando.

– Menudos son los de Yale, saben hablar, eso sí, fueron ellos quie__bes lo que él…?, ¿mamá? ¿Has estado hablando de mí? Con un…nes inventaron el desprecio…, pero, un momento, espera… ¿cómo sa

– Estudiante de Yale.

– Empezaba a pensar que podía fiarme de ti.

Eso parecía algo más que una simple burla. Erlys bajó los ojos pe_queños y brillantes hacia la chica, preguntándoselo.

El comedor de primera clase estaba lleno de palmeras, helechos, membrillos en flor. Candelabros de vidrio tallado. Una orquesta de veinte instrumentos interpretaba canciones de opereta. Cada vaso de agua afinado cuidadosamente a la 440, las copas de champán una octava más altas. Cuando afinaba la orquesta, por tradición se animaba a los viajeros a golpear los bordes de sus vasos vacíos, de manera que justo antes de las comidas un agradablemente chispeante campanilleo llenaba el recinto y repercutía por los pasillos.

La cuarta clase estaba separada de las cubiertas de abrigo por ape_nas unas delgadas mamparas de cristal y de guillotina; era un espacio largo y estrecho como el vagón de pasajeros de un tren, con filas y más filas de bancos, y portaequipajes arriba. Había camareros, como en las otras clases, que traían mantas con la insignia del Stupendica bor____________________llos e insultarse unos a otros; Kit descubrió que prefería ese entorno antes que sus alojamientos palaciegos dos o tres cubiertas más arriba, delante de las chimeneas.ta de estudiantes americanos que iban a Europa a estudiar viajaban en cuarta clase, y se reunían regularmente en el salón para fumar cigarridada, café triestino en tazas, periódicos en varias lenguas, bollería vienesa, bolsas de hielo para cabezas con resaca. Una colección comple