Aparte de él, el único matemático era Root Tubsmith, que se di____________________sado desembarcar en Marsella.de que demasiado apegado a la botella, y además, como él, tenía pencia de lenguajes, a Kit Root le pareció un tipo animado, aunque puemetría Tetradimensional tras estudiar con el Profesor Manning en Brown. Al contrario que en el departamento de matemáticas de Yale, en el de Brown sí se enseñaban Cuaterniones, pero, pese a la diferengendario Frobenius, inventor de la fórmula para grupos simétricos de caracteres que llevaba su nombre, y famoso por impartir unas clases perfectas en Alemania. Root había decidido especializarse en Georigía a la Universidad de Berlín a estudiar con Fuchs, Schwarz y el le
Esa noche Root era su invitado en primera clase, y en cuanto se sentaron y Root se concentró en la carta de vinos, Kit se puso a mirar hacia la otra punta del salón, a una joven con una llamativa cabelle____________________dad, que, pronto se hizo evidente, ejecutaban con gran profesionalidad. Nada se vertía, goteaba ni se rompía, y flores, pájaros y pañuelos de seda emergían del aire vacío. El plandecientes, mientras otros hacían girar bandejas en las puntas de varitas flexibles, al estilo de las Indias Orientales. Los camareros, los sommeliers y otros empleados del comedor, lejos de recriminárselo, los animaban e incluso aplaudían las diversas exhibiciones de habilira pelirroja que acababa de entrar acompañada de un numeroso grupo de artistas italianos, cuyos niños ya empezaban a hacer malabarismos con la vajilla, procurando no hacerse daño con los filos y las puntas resCapitán se levantó de su mesa y fue a sentarse con aquella familia, cuyo patriarca puso cordialmente la mano detrás de su oreja y sacó una copa rebosante de champán todavía es__rantela. La joven estaba allí pero también parecía no estar. Kit sabía que la había visto antes en algún lugar. El recuerdo le escocía en los rincones de la memoria. No, se trataba de algo más sobrenatural aún. Se conocían, era casi como si ya lo hubiera soñado…pumeante, mientras la orquesta de la cena atacaba una especie de ta
Después de cenar, cuando los caballeros se retiraron a la Cubierta de Fumadores, Kit se acercó a la larga hilera de Zombinis de variadas tallas y Erlys lo presentó de una forma vaga, lo cual evitó a Dally la cháchara inane. A ella le alegró no tener que empezar a farfullar in_mediatamente.
A diferencia de las Chicas Gibson de la época, a las que les gusta__se indiferentes, Dally no sabía cómo dejar de mirar a alguien por quien ni siquiera sentía el menor interés, aunque bien sabía Dios que no era ése el caso.ba desviar la mirada, por no decir la nariz, como si no fuera tanto el aspecto de un joven cuanto su olor aquello a lo que querían mostrar
El la miraba con los ojos entornados atractivamente.
– Te he visto antes -dijo ella-, en la residencia de R. Wilshire Vibe en Greenwich Village si no me equivoco, en una de sus peculiares ce_lebraciones crepusculares.
– Sabía que tenía que ser en algún sitio así. Tú estabas con una chica que llevaba un vestido rojo.
– Siempre es agradable que te digan que has dejado huella. Mi amiga se llamaba Katie, es un poco tarde para presentártela, aunque creo que podrías saltar por el saliente de popa, volver nadando a Nue_va York y buscarla…
Kit estaba de pie, balanceándose levemente al ritmo de la música de baile y parpadeando educadamente.
– Sí, y ahora, en cuanto a la Universidad de Yale, si no te impor_ta que te pregunte, ¿había algún otro Traverse en tu clase?
– Creo que yo era el único.
– ¿No tendrías un hermano en el sudoeste de Colorado, verdad que no?, ¿Frank?
La mirada que le devolvió él no fue tanto de sorpresa como a la defensiva.
– ¿Es que eres…? ¿Eres de por allí?
– Estuve de paso un par de meses, que me parecieron dos años, no lo echo mucho de menos, ¿y tú?
El se encogió de hombros.
– Allí no me echan de menos. -Ninguno de los dos se estaba bur_lando del otro-. ¿Cómo está el bueno de Frank?
– Lo último que sé de él es que se iba de Telluride, no estoy se_gura de que fuera por voluntad propia.
Un bufido amistoso.
– Parece muy lógico.
– El me dijo que te buscara.
Se dio unos toquecitos en un sombrero invisible.
– Pues veo que lo has hecho. -Luego se sumió en un silencio que se alargó demasiado.
Un hombre bastante agradable, cuando no se perdía en sus pensa_mientos.
– Esto… ¿señor Traverse?, eh, ¿señor? Podría darme un ataque o algo así, ¿serviría de algo?
Lo que tardíamente hizo que él le clavara la mirada de vaquero a la que al menos ella estaba acostumbrada, el tiempo necesario para que Dally se percatara, además de todo lo demás, del precioso matiz de azul de sus ojos. Malditas lobelias.
El miró a su alrededor. La familia Zombini había acabado de ce_nar hacía un rato y ya había abandonado la mesa. La orquesta había vuelto a Víctor Herbert y Wolf-Ferrari, y los bailarines empezaban a ocupar la pista.
– Vamos.
Él la llevó fuera, a la cubierta de paseo del Stupendica, ilumina____________________nas en su equipaje, podría haber pensado en declararse o al menos en robar un beso. Dally se sentía como una botella de seltz a punto de ser utilizada en el interludio de un vodevil. No cabía la menor duda de que no podía tratarse de eso que llaman Amor a Primera Vista. O a Segunda.teo, mientras la luz eléctrica que se derramaba por los ojos de buey atenuaba el rostro de Kit hasta convertirlo en una críptica mancha difuminada de sí mismo. Otro joven, en algún otro lugar y con otras peda por las estrellas, con una luna lo bastante luminosa para permitir divisar los imponentes contornos de las nubes; las parejas paseaban arriba y abajo junto a la barandilla sin pensar en otra cosa que el flir
– Dime, ¿te habló Frank de la situación de la familia?
– Me habló de unos tipos a los que buscaba, él y también tu her____________________pado porque alguien lo buscaba a él.bía marchado, pero nadie sabía adonde, y Frank estaba muy preocumano; el otro, el jugador de faro, ya había estado en Telluride y se ha
– Muy locuaz para ser Frank, se ve que se fiaba de ti.
Ella esbozó una sonrisa forzada. La gente con problemas no solía ser su primera elección como acompañante de sobremesa tras la cena, aunque, bien mirado, ¿qué otro tipo de gente conocía?
– Quiero mucho a esos dos cabezas de chorlito -su susurro se iba haciendo cada vez más apasionado-, son mis hermanos, se creen que intentan protegerme, pero no saben que estoy metido hasta el cuello en todo esto…-con el gesto abarcó el barco entero, la orquesta, la no_che-, el traje que llevo puesto, comprado y pagado con dinero de la misma cuenta corriente que…
– ¿Crees que tienes que contármelo? -preguntó con la mirada multiusos de ojos desorbitados que había aprendido a utilizar en Nue_va York cuando intentaba ganar tiempo para pensar algo que decir.
– Tienes razón. Quizás un punto demasiado serio para una jovencita…
– ¿Jovencita? -fingió un interés educado-, ¿qué edad tienes tú, niñato, para llamar eso a nadie? Hasta me sorprende que te hayan deja_do salir a jugar al patio.
– No te dejes engañar por la cara, soy más sabio que mis años.
– Es posible que ya no te mees encima, eso sí te lo concedo.
– Hasta hace unos veinte minutos, creo, estaba navegando tranqui_lamente por Moonlight Bay, de vacaciones, alejándome de todo eso. Entonces apareces tú, Frank y lo demás, y si hay algún peligro, a lo mejor no quiero verte cerca.
– Ya, claro, más vale estar completamente solo. Un hombre de verdad.
– Usted no tiene ni idea, señorita. Con un paso en falso basta. -Se tocó el ala de un sombrero imaginario y desapareció tan rápido como lo había sido ese gesto.