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A medida que Kit y Root bajaban escala tras escala hacia las salas de motores del Stupendica, descubrieron que el barco era aún más hondo de lo que habían imaginado y que su disposición general era mucho menos horizontal. Las caras se volvían para mirarlos. Ojos que bri__goneros cada vez que se abrían las puertas de las calderas.llaban como llamas dentro de hornos parpadeaban y se cerraban. Los jóvenes ya sudaban a chorros antes de llegar bajo la línea de flotación. En el fondo del barco, los tripulantes empujaban vagonetas llenas de carbón para amontonarlo en pilas delante de las calderas. Latidos de luz del color del infierno iluminaban los cuerpos ennegrecidos de los fo

Por lo que Root había podido averiguar previamente, el trans_atlántico de pasajeros Stupendica, esa pacífica expresión de lujo de la alta burguesía, había sido construido en Trieste, en el Arsenal austría__razadoco de Lloyd. Al mismo tiempo, en paralelo, en el vecino Stabilimento Técnico de Trieste, la armada austríaca parecía haber construido el aco Emperor Maximilian. En un momento dado del programa de construcción, los dos proyectos…, a todas las fuentes de Root les re_sultó difícil transmitir la idea…, se fundieron. ¿Cómo? ¿A requerimien__ras de la noche, sin un alma a la vista sobre la cubierta, silencioso, alto, rodeado de una neblina de una luz un tanto extraña.to de quién? Nadie estaba muy seguro de nada, salvo de que un buen día sólo había un único barco. Pero ¿en qué astillero? Los diferentes testigos recordaban astilleros distintos, otros juraban que el buque ya no estaban «en» ninguno y que simplemente, sin previo aviso, apareció una mañana fuera del Promontorio, recién bautizado a altas ho

– Esto empieza a parecer un cuento de lobos marinos -opinó un fogonero americano llamado O.I.C. Bodine, que holgazaneaba apo____________________tarse-. Cuatro hélices. Incluso almente fermentado como preludio al fin de su guardia, antes de acosyado en un mamparo mientras se bebía un puré de patatas espantosa Mauretania le basta con tres. Esto no es una construcción civil. Las de aquí son turbinas de crucero. Oh, oh, ahí viene Gerhardt. Zu befehl, Herr Hauptheitzer!

El Jefe de Fogoneros estalló en una pintoresca y espectacular exhibición de maldiciones.

– Se enfada con facilidad -les confió O.I.C.-. Menuda boca tiene el tío. Acaba de imaginarse que el telégrafo estaba a punto de mover_se. Imaginaos cómo se pone cuando de hecho se mueve. Pero siempre tiene que verse el lado bueno de cada persona.

– Así que, en el fondo, es un tipo decente.

– Mierda, ni hablar. Intentaos tomar alguna libertad con él, y ya veréis. Y en tierra es incluso peor.

De pronto, fue como si la Pandilla Negra al completo fuera vícti____________________ron gritos demente señalada. Se apagaron las turbinas de crucero, las presiones del aceite y el vapor empezaron a subir, el Oberhauptheitzer, tras haber sacado de algún sitio una Mannlicher de ocho disparos, la blandió ante los indicadores de presión del vapor con gran irritación, como si fuera a dispararles si no le daban las lecturas que esperaba. Se oyema de un violento paroxismo. El telégrafo del puente empezó a tañer como todas las catedrales del Infierno juntas una festividad especial «Dampf mehr!» procedentes de varias direcciones. Kit buscó a su alrededor la escala más próxima para salir al aire libre, pero por todas partes reinaba una confusión multilingüe. De repente, una gigantesca mano bituminosa le agarró la cabeza y lo empujó rápida__gaban carbón en vagonetas que eran arrastradas hasta los hornos de las calderas.mente, a través de los feroces espasmos de luz y el impío estrépito de acero, hacia los búnkeres del costado del barco, donde los hombres car

– Claro -murmuró Kit-, lo único que tenías que hacer era pre_guntar.

Durante lo que le parecieron horas, hizo el mismo viaje de ida y vuelta, y fue perdiendo poco a poco la camisa y la camiseta, mientras recibía insultos en lenguas que no hablaba pero sí entendía. Le dolía todo. Creyó que se había quedado un poco sordo.

De manera similar, en la parte de arriba también se había desata____________________co que no procedía de ningún sitio que estuviera exactamente «en» el mundo, sino más bien de un contínuum colateral a éste… A media tarde, elceptores en la sala de Marconi del barco estaban captando un tráfinaturalmente inestable de la «realidad» del momento actual, los rejaran por el Éter hubiesen sido sometidos a influencias que nosotros desconocemos en la actualidad, o tal vez debido a la naturaleza antido el infierno. Como si unos mensajes sintónicos sin cables que via Stupendica había recibido un mensaje cifrado, en el sentido de que grupos de combate alemanes y británicos estaban enzarzados en una batalla en la costa marroquí, y que debía darse por sentado que había estallado una guerra generalizada en Europa.

Voces angustiadas que salían de megáfonos que hasta ese momen____________________de podían a toda prisa, en medio del alboroto.bes de polvo y hollín descendían de los techos por todo el barco, y la población de cucarachas, recién nacidas, ninfas y viejas canosas por igual, imaginándose alguna calamidad generalizada, corrían por doncos sobre las cubiertas de acero; sándwiches y pastas perdidas con las que la entropía había tenido pocos miramientos se daban a conocer de nuevo en medio de expresiones multilingües de desagrado; nudo acababan sobre la cabeza de los oficiales… «¡A toda máquina!», y entretanto tazas de café olvidadas reaparecían sólo para hacerse añijetos cayeron de las barras que hacían las veces de estanterías cerca de las literas superiores, en una lluvia de pipas, bolsas de tabaco, naipes, petacas, vulgares souvenirs de escalas exóticas, que de vez en cuandose unos encima de otros, pisándose y desgarrándose la ropa de alta costura; en los camarotes de la tripulación, un variado surtido de obbre la superficie de los tocadores; las copas de vino se volcaron en el comedor y empaparon la mantelería de lino; las parejas de baile, que hubieran preferido mantener una distancia apropiada, acabaron echánnares de pequeños incidentes: los frascos de perfume se deslizaron sodos y cada vez más asustados. «¡Todo a babor!», gritó el Capitán, y a lo largo y ancho del gigantesco bajel, a medida que el timón respondía y el barco se escoraba marcadamente, acercándose cada vez más a su inclinación máxima de nueve grados, empezaron a producirse centetos a los civiles, que hacía sólo un momento se las habían dado a ellos y que ahora, en su mayoría, deambulaban por los pasillos desorientavales austrohúngaros azules oscuros, y empezaron a dar órdenes a gridos. Campanas, gongs, pitos y sirenas se sumaron a la cacofonía. Los camareros se quitaron las libreas blancas para descubrir uniformes natales, en medio de esa metamorfosis metálica de estrépitos y chirritas enteras empezaron ruidosa y pesadamente a deslizarse, desplegarse y rotar; y los pasajeros se encontraron, a veces con consecuencias lera sus puestos. Los sistemas hidráulicos se pusieron en marcha y cubierto nadie había visto procedieron a ordenar a la tripulación que ocupa

Dally se cayó de la litera y rodó hasta la cubierta, igual que, un se__clamando:gundo más tarde, le pasó a Bria, que aterrizó justo encima de ella, ex