– Entonces me temo que no tiene mucho sentido que le ofrezca mis servicios.
– Es usted americano.
– Lo que no significa que no haya recorrido algunos bulevares -afir_mó Kit-, ni que no haya entrado y salido por puertas de callejones.
– Uno de esos yanquis ingeniosos. -Exhibió, como si lo sacara del aire, un rectángulo pequeño de color marfil, el cual llevaba un dibujo fino de color violeta de un rayo de luz que atravesaba varias capas de cristal de un techo para iluminar un fragmento de las vigas de hierro de unos soportales y, en una de las esquinas inferiores, en tipografía sans-serif moderna, el nombre Pléiade Lafrisée, con una dirección de París-. Mi tarjeta de visita.
– No voy a preguntarle a qué asuntos se dedica, porque es asun_to suyo.
– Conseilleuse -dijo ella encogiéndose de hombros.
– ¡He ganado! ¡He ganado! -se oyó un profundo aullido proce_dente del otro lado de la sala.
– Venga -le dijo Kit haciéndole una seña con la cabeza por enci_ma de una mesa de chemin-de-fer-, voy a enseñarle algo. Felicidades, Root. Es bastante divertido, ¿verdad?
– ¡Aaah, pero se me olvidó llevar la cuenta de todo! -Los globos oculares de Root Tubsmith casi daban vueltas en sus cuencas, las fi____________________núsculas, y lo miró frunciendo el ceño-. Me parece que lo mejor será que reajuste algunos parámetros: la temperatura de la sala, el índice de irracionalidad del jugador, un par de coeficientes de la matriz de retroversión…bería haber anotado, bien podría haber sido sólo fruto del azar y la suerte. -De su bolsillo sacó un trozo de papel maltratado, cubierto de fórmulas llenas de triángulos boca abajo, eses mayúsculas y cus mimente detrás de cada oreja-. Valores de las cartas, hora del día, lo dechas se le caían por todas partes y llevaba una encajada descuidada
– Ma foi.
– Si quiere, mademoiselle -se ofreció Kit-, podemos hacer una pe_queña apuesta en su nombre.
– Dejo los detalles en sus manos, caballeros, ustedes son los mate_máticos y todo lo demás.
– Eso es.
Casi sin darse cuenta, Pléiade había ganado diez mil francos.
– Este es el momento en que vienen los detectives del Casino y me hacen devolverlo todo.
– Estamos a salvo -la tranquilizó Root-, ellos están a la última: pris__taja de estar tan anticuada es que ya nadie la reconoce cuando la ve.mas de Nicol, monóculos estroboscópicos y equipos de telegrafía sin hilos en los zapatos. Pero nuestra magia es más antigua, y la gran ven
– Así que tengo que agradecérselo a… ¿cómo los llaman? ¿Cuaterniones?
– Eso podría suponer alguna dificultad…; si quiere, puede agrade_cérnoslo a nosotros.
– En ese caso, vengan, los invito a todos a cenar.
Tras una breve resistencia del Código de Caballeros y su rápida derrota ante la posibilidad de un ágape gratis, casi todo el grupo acep_tó la invitación y se encaminaron al restaurante contiguo a la sala de juego.
Fuera lo que fuese lo que ese bombón pretendiera, no era nin__tas. En un momento dado, tras la sopa, Pléiade preguntó sin dirigirse a nadie en concreto:guna muerta de hambre. A cuanto pedían los Cuaters, ella encargaba más de lo mismo. El vino tenía nombre y fechas añejas en las etique
– Sí, pero ¿qué es un cuaternión?
La hilaridad en la mesa fue general y prolongada.
– ¿Qué «es» un Cuaternión? ¡Ja, jajajaja!
Los tacones martillearon impotentes en la alfombra, se volcó el vino, las patatas demasiado fritas se arrojaron de aquí para allá.
– El famoso hijo de Cambridge Bertie «Perro Loco» Russell co_mentó -comentó Barry Nebulay- que la mayoría de los argumentos de Hegel acaban reduciéndose a juegos de palabras con «es». En este sentido, lo que pasa con lo que «es» un cuaternión es que nos vemos obligados a encontrarlo de más de una guisa. Como un cociente vec_torial; como una forma de representar números complejos en tres ejes en lugar de dos; como una lista de instrucciones para transformar un vector en otro.
– Y si se considera subjetivamente -añadió el Doctor V. Ganesh Rao, de la Universidad de Calcuta-, puede tomarse como el acto de alargarse o acortarse mientras se gira al mismo tiempo, entre ejes cuyo vector unidad no es el familiar y reconfortante «uno», sino la absolu_tamente turbadora raíz cuadrada de menos uno. Si usted fuera un vector, mademoiselle, empezaría en el mundo «real», cambiaría de largura, en_traría en un sistema de referencia «imaginario», rotaría hasta de tres modos distintos y volvería a la «realidad» convertida en una persona nueva. O en un vector nuevo.
– Fascinante, pero los seres humanos no son vectores, ¿verdad que no?
– Discutible, mi joven dama. De hecho, en la India los Cuaterniones son ahora el fundamento de una escuela moderna de Yoga, una disciplina que siempre se ha basado en operaciones tales como estirar____________________sos de la mesa cuando el Doctor Rao se desvaneció de repente.do y agitando un dedo vehemente y se encontraba ya a sólo dos pase y girarse. Vea, por ejemplo, que en el tradicional «Triángulo Asana» -se puso en pie y lo ejecutó- la geometría es bastante sencilla. Pero al poco uno pasa a formas más avanzadas, en los espacios complejos de los Cuaterniones… -Desplazó algunos platos, se subió a la mesa y anunció-: El «Versor Cuadrante Asana». -Y comenzó un número que rápidamente pareció digno de un contorsionista y, de vez en cuando, hasta se diría que contrario-a-lo-posible, lo cual atrajo la atención de otros comensales y finalmente hasta del maître, que se acercó corrien
– Uwe moer! -El empleado se quedó de piedra, toqueteándose la boutonniére.
– ¡Lo captamos, Doc! -dijo riéndose entre dientes Root.
Pléiade se encendió un puro. Barry Nebulay buscó debajo de la mesa compartimentos ocultos. Salvo para un par de los compañeros de mesa del Doctor Rao, que aprovechaban para rebañar afanosamen__mento oyeron gritar al Doctor desde la cocina:te los restos de comida de su plato, el asombro era general. Al mo
– ¡Por aquí! ¡Todos…, vengan a ver!
Y, como era de esperar, había reaparecido con un pie dentro de un tarro de mayonesa, aunque, curiosamente, ya no era la misma persona que antes de ejecutar el Asana. Para empezar, era más alto.
– Y además ahora es rubio -comentó perpleja Pléiade-. ¿Puede hacerlo a la inversa y volver a ser el que era?
– Todavía no he aprendido cómo. Se dice que algunos maestros yoguis sí saben, pero para mí sigue siendo no conmutativo; de to_dos modos, me gusta ir dando saltos por ahí. Cada vez que lo hago me convierto en otro. Es como una reencarnación a cuenta, sin tener que preocuparse por el elemento del karma.
Pléiade, de quien Kit había concluido que más valía no fiarse, se entretuvo tomándose otra botella de vino antes de sacar de su ridícu__bozar una deslumbrante sonrisa de disculpa social.lo un reloj Vacheron & Constantin, abrir de golpe la saboneta y es
– Debo irme volando. Perdónenme, caballeros.
Alguna de esas asesorías, supuso Kit.
Root le hizo una señal al camarero seguida de amplios aspavien_tos hacia Pléiade.
– Ella se encarga de la cuenta…, haar rekening, ja?
Pléiade tenía una cita con un tal Piet Woevre, antiguo miembro de la Forcé Publique, cuya afición a la brutalidad, refinada en el Con_go, les había parecido inapreciablemente útil a las fuerzas de seguridad de la metrópoli. En Bélgica, sus objetivos no eran, como podrían in____________________tilar o asesinar, y ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho, sin la menor vacilación ni temor a las consecuencias.nía necesidad de algún tipo de expresión corporal, siempre podía muquívoca. Pero Woevre era indiferente a la mayoría de suposiciones y claves de la sexualidad cotidiana. Había dejado esas cosas muy atrás, en junglas desconocidas. Que los demás pensaran lo que quisieran; si tepo a su acicalamiento diario, que incluía carmín y una colonia no inetas», que era como decir eslavos y judíos. Sólo con ver por la calle el perfil de una levita más larga y holgada de lo que la llevaría un gentil, ya sacaba el revólver. El parecía rubio, aunque el resto de su tez no era coherente con ese tono. Había indicios de que dedicaba mucho tiemdicar los intereses periodísticos, tanto los alemanes cuanto los «socialis