El pertenecía al reino de lo ininterrumpido y sus simplicidades: el fluir del río, la luz y la no luz, las transacciones en sangre. En Europa había demasiado que recordar, una red inagotable de cautelas y estra_tagemas. Pero allá abajo él ni siquiera necesitaba un nombre.
A primera vista, no parecía haber mucha diferencia entre la Le__so de luz, en radiante absolución, el otro buscaba, en la penumbra de la fétida selva, alcanzar lo contrario de la expiación: proclamar que la suma de los pecados cometidos en Europa, por siniestros que fueran, no habían sido más que la necesaria fase de aprendizaje para entrar en la fraternidad de los voluntariamente perdidos. Cuyos rostros, después, resultarían tan imposibles de recordar como los de los nativos.gión Extranjera francesa y la Forcé Publique belga. En ambos casos, uno huía de sus apuros para servir en África. Pero donde el primer cuerpo militar imaginaba la penitencia en el desierto bajo un exce
A Woevre le bastaba con una mirada a los Cuaters que deambu__queños billetes sobresaliéndoles de los bolsillos, para que se le cayera la baba, como se dice entre los ayudantes del mal. Es decir, para que deseara abandonar la vigilancia y archivar los expedientes de todas sus demás misiones en marcha, y así concentrarse en esa pandilla de laban por la ciudad, con hebras de tabaco pegadas en la camisa y perastaquouères que habían irrumpido en la ciudad tan caóticamente. Por no mencionar la presencia en el mismo hotel de los «Jóvenes Congo_leños».
– Puede que no sean más que simples matemáticos inocentes, su_pongo -murmuró el oficial de sección de Woevre, De Decker.
– «Que no sean más.» -A Woevre le hacía gracia-. Algún día me explicará cómo es eso posible. Puesto que, bien mirado, todas las ma__mano.temáticas conducen, tarde o temprano, a algún tipo de sufrimiento hu
– Vaya, su especialidad, Woevre. Camaradas de armas, se diría.
– No cuando el sufrimiento podría ser fácilmente el mío, por no decir el de ellos. Porque no hacen distinciones.
De Decker, que no era precisamente un filósofo y sentía una vaga alarma cada vez que se topaba con esas inclinaciones entre los agen_tes sobre el terreno, pareció desviar su interés hacia unos papeles que tenía delante.
El hombre era un bobbejaan. Woevre sintió un escozor familiar en los nudillos, pero la conversación todavía no había acabado.
– Este tráfico telegráfico con Amberes y Bruselas -dijo, pero De Decker no levantó la vista-. De un grupo particular, el «MKIV/CDO», que nadie sabe identificar, ¿tal vez su gente…?
– Sí, nuestros criptos creen que se trata de cierto tipo de armas… ¿Algo relacionado con torpedos? Quién sabe. «Mark IV o no sé qué.» Tal vez no le importaría a usted investigar. Sé que no cae dentro de sus competencias -dio la impresión de que Woevre estaba a punto de quejarse-, pero en cualquier caso otro grupo de «antenas» sería bien recibido.
– Una manera muy fina de expresarlo. Considéreme otro leal gatkruiper. -Estimulado por la conciencia del decreciente agradecimien_to, Woevre salió rápidamente por la puerta.
– Como si no tuvieras ya bastante que aguantar -comentó más tar_de Pléiade Lafrisée.
– ¿Es ésa toda la comprensión que me ofreces?
– Oh… ¿es que había una cantidad estipulada? ¿Es que colaste eso también en nuestro acuerdo?
– Con tinta invisible. Pero lo que nos gustaría esta noche es echar un vistazo a su habitación. ¿Puedes mantenerlo ocupado una hora o así?
Pléiade tenía las manos entretenidas en el cuerpo de Woevre. Vaci__tal, y entonces continuó. Más tarde, en el baño, se inspeccionó algunos moratones y le pareció que todos eran elegantes salvo el de la muñeca, que a unló un momento, se lo pensó, hasta que percibió cierta inminencia bru connaisseur le sugeriría cierta carencia de imaginación.
Woevre vio cómo salía de la habitación. Las mujeres tenían me____________________tal de Alemania, dominaba las veinticuatro horas del día.gica, había encontrado un número creciente de tales complejidades, desplegadas a su alrededor como trampas o minas. La obligación de no ofender al Rey, de permanecer atento a los servicios rivales y a sus propios planes ocultos, de calibrarlo todo en relación con la masa morjer entrara en una habitación con la cara por delante en vez de con el culo? Era otra de esas bizantinas complejidades civilizadas que le hacían echar de menos la vida en la selva. Desde su regreso a Bélpertar entonces? ¿Por qué se empeñaba esta sociedad en que una mujor aspecto vistas desde atrás, pero uno sólo las veía así al marcharse, cuando uno ya había acabado con ellas, ¿y qué interés podían des
¿Acaso importaba quién espiaba para quién? Las familias reinantes de Europa, emparentadas por sangre y matrimonio, habitaban su úni____________________ba, para no trabajar para tantos amos, y a lo largo de tantos ejes, como se pudiera asumir sin confundir a la propia memoria.dores, todos estaban atrapados en ese juego… Pero si, como Woevre, uno había visto el interior de la farsa del poder europeo, no había la menor razón, a la terrible luz transhorizontal de lo que se aproximacracias estatales, los ejércitos, las Iglesias, los burgueses, los trabajaca, inmensa e incestuosa parodia de poder, riñendo sin fin: las buro
Y, aún más, ¿cómo interpretar el último rumor, que se desplaza____________________tar sobre el mundo energías inimaginables hasta el momento, ocultas -De Decker seguro que diría «inocentemente»- dentro del término w? Se decía que un artículo matemático del inglés Edmund Whittaker, que aquí pocos podían entender, era crucial. Woevre se había fijado en que los asistentes a la convención no dejaban de lanzarseformación de que existía un arma Cuaterniona, un medio para desaba justo por debajo de la capacidad de Woevre para recibir la señal con la mínima claridad -un ruido inidentificable que despierta al durmiente con el corazón martilleando y las entrañas vacías-, la in miradas peculiares unos a otros. Como si todos estuvieran al tanto de un se__gar de reunión posible para los guardianes de los sellos y los códigos?creto cuya fuerza terrible hubiera sido oportunamente apartada a un lado, como si sólo pudiera encontrarse en un mundo paralelo en el que no sabían muy bien cómo entrar o, una vez dentro, cómo salir. Y este lugar, este trecho de territorio estratégico bajo el nivel del mar, esta tierra rehén de las ambiciones europeas, a la espera, insomne sin remisión, de los golpes que se abatirían sobre ella, ¿no era el mejor lu
La noche siguiente, Kit, tras acompañar, contra lo que le dictaba el sentido común, a Pléiade a su suite, se encontró sumido en una es____________________binando cuidadosamente absenta y champán para crear un extraño y desvaído brebaje espumoso. Y entonces, sin que hubiera transcurrido ningún tiempo perceptible, en las habitaciones comenzó a resonar la ausencia. Junto al espejo de pie, Kit se fijó en una bata pálida, de una gasa casi inmaterial, que no estaba echada sobre una silla, sino quetana que daba al mar, recortándose contra la incierta luz marina, comción de la hora, ella se había desvanecido misteriosamente. Le dio la impresión de que hacía sólo un instante ella estaba allí, junto a la venpecie de perplejidad, pues en algún momento de la profunda maldi per_manecía erecta y ondeaba de vez en cuando a causa de corrientes de aire que de otro modo no habría notado, como si hubiera alguien dentro, agitada tal vez por fuerzas invisibles y hasta innombrables, y cuyos mo__flejaba su imagen en el espejo.vimientos, inquietantemente, no siempre coincidían con los que re