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Un día, Kit y Umeki volvían caminando del café de la Estacade y se tropezaron con Pléiade y Piet Woevre, que venían de cara con_versando animadamente.

– Hola, Kit. -Atravesó con la mirada a la señorita Tsurigane-. ¿Quién es la mousmée?

Kit, con un movimiento inverso de la cabeza hacia Woevre:

– ¿Quién es el mouchard?

Woevre le devolvió la sonrisa con una sensualidad directa y som_bría. Kit se fijó en que iba armado. Vaya. Si alguien podía saber cómo fabricar muerte con mayonesa, Kit estaba seguro de que era ese simio. Pléiade había tomado a Woevre por el brazo e intentaba alejarlo de allí.

– Una antigua novia -conjeturó Umeki.

– Pregúntale al Doctor Rao, me parece que últimamente están sa_liendo.

– Oh, ella es ésa.

Kit hizo chiribitas.

– Vaya, los cuaternionistas no dais más que para cotilleos, ¿es que tenéis que hacer algún tipo de juramento que os comprometa a lle_var una vida disoluta o algo así?

– ¿La monotonía es algo de lo que os enorgullecéis los vectoristas?

El 16 de octubre, el aniversario del descubrimiento de Hamilton, en 1843, de los Cuaterniones (o, como diría un discípulo, del des__terior al final oficial de la temporada de baños en Ostende. En esta ocasión el Doctor Rao dio el discurso de despedida:cubrimiento de él por ellos), por tradición la jornada culminante de todas las Convenciones Mundiales, también era casualmente el día pos

– El momento, ni que decir tiene, es atemporal. Sin principio ni fin, sin duración, la luz en descenso eterno, no una consecuencia del pen____________________se, de los vigilantes carroñeros de la Epifanía.midos para darse cuenta de la llegada, ni mucho menos para asustarnes del pesimismo Victoriano estaban demasiado profundamente dorsamiento consciente sino caída sobre Hamilton, puede que no desde una fuente divina, pero sí caída al menos cuando los perros guardia

«Todos conocemos la historia. Un lunes por la mañana en Dublín, Hamilton y su mujer, Maria Bayley Hamilton, caminan por la orilla del canal al otro lado del Trinity College, donde Hamilton va a pre____________________mas), y corre al puente y graba en la piedra r =milton asiente de vez en cuando y dice "sí, querida", y entonces, de repente, al acercarse al Puente de Brougham él profiere un grito y se saca un cuchillo del bolsillo (la señora H. se sobresalta violentamente, pero al instante recobra la compostura: no es más que un cortaplusidir una reunión del consejo. Maria charla despreocupadamente, Ha f = k~ = ijk = – i -en este punto los congregados murmuran, como harían ante un him__mientos de los hombres.no reverenciado-, y ése es el momento Pentecostal en que descienden los Cuaterniones para ocupar su residencia terrenal entre los pensa

En las festividades que acompañaron a la partida, los amoríos, la embriaguez y la locura se adueñaron de todo; tantas puertas de pasi____________________jar aquella bitaciones equivocadas, que la oficina de De Decker, declarándolas oficialmente Ocasión para el Delito, envió al hotel a cuantos agentes pudo librar, entre ellos a Piet Woevre, quien hubiera preferido traballos se abrían y cerraban, tantos invitados entraban y salían de las hanoche para fines más siniestros. En cuanto vio a Woevre, Kit, suponiendo que iba a ser objeto de un intento de asesinato, se di____________________do mismo, Edad Dorada.ducciones teatrales que intentaban reproducirlas tan fielmente como fuera posible se denominaron «farsas de las cuatro puertas», y el periollos tiempos era la textura cotidiana de las vidas de la gente. Las pronas se repitieron hasta mucho después de que anocheciera. En aquevocaron al doblar una esquina de un pasillo, se equivocaron también de puerta, gritaron y salieron de nuevo a la carrera. Este tipo de esceción era esencial, volvieron a entrar a hurtadillas en el hotel, se equita, los pañuelos, las revistas ilustradas y otros artículos cuya recuperarigió a la carrera al laberinto de escaleras y pasillos de la parte de atrás del hotel. Root Tubsmith, pensando que Kit intentaba escaquearse para no saldar la deuda de una apuesta que había hecho unas noches antes en el Casino, lo persiguió. Umeki, que había dado por supuesto que Kit y ella pasarían el día y la noche juntos, imaginó inmediatamente que había otra mujer en el cuadro, sin duda aquella furcia parisina otra vez, y se unió a la persecución. Mientras, Pino y Rocco, temiendo por la seguridad de su torpedo, salieron por piernas presas del pánico; Policarpe, Denis, Eugénie y Fatou, al reconocer varios rostros familiares entre los agentes de policía que atestaban todos los rincones, llegaron a la conclusión de que la largamente esperada operación contra los Jóvenes Congoleños había empezado, y saltaron por diversas ventanas bajas a la maleza, pero luego, al acordarse de las cucharitas de absen

Kit vagó de un lugar público a otro, se subió a tranvías, se sentó en cafés, intentando mantenerse en zonas iluminadas y entre el gentío. No vio indicios de ninguna emergencia en la ciudad, sólo la Garde Civique en su trajín habitual, con los buenos modales de siempre, y los cuaternionistas que divisó casualmente tampoco le parecieron más locos de lo normal; aun así, no pudo desprenderse de la temible certi_dumbre de que era el objetivo de fuerzas que deseaban su destrucción. Finalmente, le rescataron de su compulsivo deambular Pino y Rocco, que lo abordaron a eso de la medianoche junto a la Minque, o lonja de pescado.

– Volvemos a Brujas -dijo Rocco-. Luego puede que sigamos has_ta Gante. Por aquí hay demasiada policía.

– ¿Quieres que te llevemos? -se ofreció Pino.

Y así fue como Kit se encontró avanzada la noche, más tarde de lo que imaginaba que era, alejándose en torpedo por el canal, en di_rección a Brujas.

En algún momento de su veloz y alegre desplazamiento, los chi__más, no había luces de navegación a la vista.cos parecieron darse cuenta por fin de que era de noche y de que, ade

– No creo que nos persiga nadie -dijo Rocco.

– ¿Quieres reducir la velocidad? -dijo Pino.

– ¿Tenemos prisa por llegar a Brujas?

– Hay algo ahí delante. Más vale que aceleres por si acaso.

– Cazzo!

Sin saber cómo, habían dado un giro equivocado y ya no se en____________________lar o a un ritmo humano, más probablemente fruto de los carillones con mecanismos de reloj tan típicos pezado a sonar carillones, un nocturno armónico en modo menor con una precisión demasiado desolada para atribuirlo a una fuerza muscudeciente, disimulados entre ecos e interferencias de fase, habían emnificar cruzar entre los mundos. Allá, en medio de la noche resplanseúntes que no parecían pertenecer al norte cristiano, sino más bien a alguna fe más exótica, a alguna noción colateral de lo que podría sigte encajadas y no tenían ventanas, atravesado por puentes para trancontraban en el canal principal, sino que se habían adentrado en un pasaje fantasmagórico, barrido por la bruma, casi estancado por falta de uso, cuyas paredes eran de mampostería con piedras delicadamende esta región de Bélgica, que habían sustituido al carillonneur vivo, cuyo arte, se decía, estaba en de_cadencia…

La ciudad, que en el pasado había sido un próspero puerto hanseático, accesible desde todos los rincones de la Tierra, por la que se paseaban y deambulaban burgueses ahitos y felices con sus esposas e hijas opulentamente ataviadas, enriquecida por el negocio de la lana y el comercio con ciudades tan remotas como Venecia, se convirtió, desde que su canal al mar se obstruyera con sedimentos allá por 1400, en un lugar silencioso y espectral, como Damme y Sluis, con una luz del día líquida, tenebrosa incluso con luna llena, sin ningún navío que turbara la calma funeraria de las superficies de los canales. Lo extraño era lo limpio y ordenado que parecía el lugar. No es que la arena, la sal y los fantasmas contribuyeran mucho a la suciedad urbana. Pero al__tando afanosamente las paredes de piedra, regando con mangueras las estrechas callejuelas, recolocando tornillos en los refuerzos inferiores de los puentes. Criaturas que tal vez no casaban con la idea de lo que consideramos humano.guien debía de andar activo por ahí, en las horas más oscuras, rejun