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– «Imaginario» -se rió ella-, ¡no es el mejor modo de llamarlo! -Cogió el cristal con cierta reverencia, o eso le pareció a Kit, y vol_vió a colocarlo dentro del aparato.

– ¿Para qué sirve esto?

Una delgada manija de ebonita sobresalía de una ranura con re_borde de latón, que se desplazaba en una complicada curva. Cuando Kit intentó tocarlo, ella le apartó la mano de una palmada.

– ¡No lo toques! Es un «Compensador de Deriva Ohmica», re_gula la cantidad de luz que puede entrar en el azogue del espejo. ¡Un tipo especial de refracción! ¡Calibrado con un índice imaginario! ¡Es peligroso! ¡Es primordial!

– Esta unidad no abulta más que una pistola -dijo Kit-, ¿Tan po_deroso puede ser?

– No es más que una conjetura, pero piensa en la velocidad de la Tierra moviéndose a lo largo de su órbita. ¡Casi treinta kilómetros por segundo! Haz la raíz cuadrada y multiplica el resultado por la masa del planeta…

– Un buen pedazo de energía cinética.

– Hace poco, en el artículo de Lorentz publicado en los Proceedings de la Academia de Amsterdam, con Fitzgerald y los demás, se con_cluía que un cuerpo sólido que atraviese el Éter a una velocidad muy alta podría acortarse ligeramente a lo largo del eje del movimiento.

Y Lord Rayleigh, buscando efectos de segundo orden, se planteaba si tal movimiento no haría que un cuerpo cristalino se volviera doble__sultados negativos. Pero si partimos de ese principio, le damos la vuelta ymente refringente. Hasta el momento, esos experimentos ofrecen re empezamos por un cristal en el que la doble refracción se deba a un conjunto de ejes que ya no es uniforme, con las unidades del mismo espacio ya alteradas de hecho, debido al movimiento de la Tierra…, entonces, en un cristal así, estaría, implícita, encarnada en él, esa in_mensa velocidad planetaria, esa energía inmoderadamente vasta que ahora alguien ha sabido asociar de algún modo a…

– La verdad, no me hace mucha gracia pensar en eso -dijo Kit si_mulando que se tapaba los oídos.

Una mañana temprano, en un sueño, ella se le apareció sostenien____________________davía no existe».cede a la primera en lo increado todavía sin luz, donde la salvación tocuro, la guía del peregrino corrupto, la innominada Estación que pregil, demasiado permeable, para ser segura… Dentro del espejo, dentro del término escalar, dentro de la luz del día, de lo obvio y de lo dado por sentado, siempre ha subyacido, como a la espera, el itinerario osna entre los mundos se ha tornado en muchos lugares demasiado frátores y Cuaterniones, subyace una serie de direcciones, un itinerario, un mapa de un espacio oculto. La doble refracción aparece una y otra vez como un elemento clave, pues permite ver otra Creación que se encuentra al lado de la nuestra, tan cerca que se solapa, y la membraportamiento de la luz, las ecuaciones de campo, las ecuaciones de Vectudinales, si viajaban a través del Éter de un modo similar a como el sonido viajaba a través del aire, entonces, siguiendo con el conjunto de analogías con el sonido, en algún lugar del régimen tenía que haber música…, que inmediatamente escuchó, o recibió. El mensaje parecía comunicar que «En el fondo de las ecuaciones que describen el comños de matemáticos que salen de vez en cuando a la superficie en el folclore. Comprendió que si las ondas C eran en algún sentido longido el objeto ante sus ojos. Estaba desnuda y lloraba. «Entonces, ¿tengo que coger el pavoroso instrumento y huir a otras costas?» Su voz, sin el filo de frío sarcasmo de la vigilia, indefensa, le llamaba a compartir su tristeza. Era un sueño sobre Umeki, pero también uno de esos sue

Por primera vez desde hacía mucho tiempo, se despertó sabiendo exactamente qué tenía que hacer. Era como si el seno se le hubiera descongestionado de golpe. Todo estaba claro. Este objeto metálico había resultado ser un peligro supremo, tan capaz de hacer daño al que lo utilizaba como a su objetivo. Si el espionaje militar aquí, en Bél____________________lorarlo…bierno. Por otro lado, si hubiera alguien que supiera entenderlo y vagica, lo estaba confundiendo con un «arma Cuaterniona», mítica o no, no cabía duda de que otras potencias también mostrarían mucho interés. Lo cual metería a la inmensa población de los inocentes del mundo en más problemas de los que quisiera afrontar cualquier go

Umeki se dio la vuelta a propósito, retorciendo las sábanas, tara_reando una melodía suya, y le mordió el pezón.

– Konichiwa a ti también, mi pequeña flor de ciruelo.

– Soñé que huías en una aeronave.

– Nunca tendré que marcharme. Si…

– Lo harás. Y yo me quedaré sin ti.

Pero en su voz no resonó nada de la tristeza cuyo peso la aplas_taba en el sueño.

Más tarde, fumaban tumbados, a punto de marcharse por última vez de la habitación.

– Hay una nueva ópera de Puccini -dijo ella-. Un americano trai__ricanos no? ¿Acaso es queciona a una japonesa. Butterfly. El tendría que morirse de vergüenza, pero no se muere, la que muere es Butterfly. ¿Cómo lo interpretamos? ¿Es que los japoneses mueren de vergüenza y deshonor, pero los ame no pueden morir nunca de vergüenza porque carecen del bagaje cultural requerido? Como si, en cierto sentido, tu país estuviera mecánicamente destinado a seguir adelante sin tener ja_más en cuenta si hay alguien en el camino o bajo sus pies.

Como si acabara de acordarse, él dijo:

– Será mejor que te dé una cosa.

Ella lo miró sobre el saliente de una almohada.

– Nunca fue tuyo como para que se lo des a nadie. Era mío antes de saber siquiera que existía.

– Sé que es tu modo de decir gracias.

– Tendré que enseñárselo a Kimura-san para ver qué puede hacer con él.

– Claro.

– El gobierno japonés…, de ellos no estoy tan segura.

– ¿Vuelves a casa?

Ella se encogió de hombros.

– No sé dónde está mi casa. ¿Y tú la tuya?

En la estación de Ostende-Ville, hubo un momento -que no tar_dó en disiparse entre el alboroto y el humo de carbón, la alegría de la cerveza, Root Tubsmith rasgueando enérgicamente un popurrí con el ukelele que incluía la tremendamente popular La Matchiche de Borel-Clerc- en el que Kit intuyó que Ostende tal vez no era tan sólo una ciudad de placer más para gente con demasiado dinero, sino el punto de anclaje occidental de un sistema continental que incluía ca____________________juntos que lo explicaba, pero el tren ya se movía, su cerebro estaba embotado, su corazón incomunicado, y las dunas fueron quedando atrás, luego el canal de Brujas, y las alondras se alzaron de los rastrojos de los campos, formando un frente defensivo contra el otoño.nos estaba, más estaba. Kit supuso que había algo en la teoría de connecía y adonde no. Ella no estaba allí, no podía estarlo. Y cuanto metre la muchedumbre de los andenes, incluso entre los subconjuntos donde difícilmente podía estar, maravillándose ante los protocolos del destino, de que lo llevaran, de que lo alejaran, de saber adonde pertesualmente el Orient Express, el Transiberiano, el Berlín-Bagdad, y así sucesivamente, en una proliferación de acero a lo largo y ancho de la Isla-Mundo. Sin saber todavía lo familiar que, en el curso de sólo unas estaciones, iba a llegar a ser para él el Imperio del Vapor, ni que, desde Ostende, gracias a la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, uno podía, por la módica suma de menos de doscientos francos, ser llevado al Oriente, vertiginosamente, tal vez para siempre. Buscó a Umeki en

Dally lo habría explicado si alguien hubiera insistido: la Exposi____________________mado acompañante: «Oh, todo el mundo dice que al cabo de uno o dos días empezarás a no ver el momento de salir de aquí», lo cual hizo que Dally mera vez tras una vida errante estuvo segura de que, significara lo que significase para ella el «hogar», esto que veía era más antiguo que la memoria, que la historia que ella creía conocer. Le daba la impresión de que el corazón le iba a reventar y tenía que hacer un gran esfuerzo para contener sentimientos que más tarde podría haber lamentado, como cuando cerca de ella un turista, con una exhibición mezquina y mocosa de acento británico, sonrió con satisfacción a un entusiascendiéndose en la Piazzetta, con San Giorgio Maggiore enfrente, al otro lado del agua, iluminado con una palidez angelical, tan distante como el cielo, y aun así aparentemente sólo a un paso, como si el aliento y el anhelo de Dally pudieran llegar a él y tocarlo; por pripulso culminante del crepúsculo cotidiano, con las farolas de luz enpezó a agitarse mientras el vaporetto se alejaba de la estación de tren por el Gran Canal, hasta que, justo en el crepúsculo, llegó a su destino en San Marco, y allí estaba el puro atardecer veneciano, las sombras verdes y azuladas, los lavandas, los ultramarinos, los sienas y los ocres del cielo, y el aire cargado de luz que ella respiraba, el asombroso imba un par de recuerdos de barcos silenciosos en los canales, y algo emción de Chicago se había celebrado hacía mucho, pero ella conservapensara en buscar un remo de góndola para darle un buen golpe, o más de uno. Pero el propio atardecer, extendiendo misericor_diosamente su profunda capa, se encargaría de que ese insecto nocivo y sus réplicas a miles, que eran como los mosquitos que se elevaban en nubes a la caída de la noche con el propósito de infestar el verano veneciano, realzaran su esplendor con irritación terrena, pasaran de largo tan rápido como debían y fueran expulsados, olvidados.