– ¿Para qué sirve? -preguntó Luca a Vincenzo Miserere-. ¿Todavía los hace alguien? ¿Podría usar uno en mi número?
Miserere lo miró por encima de sus quevedos.
– Usted encargó algo parecido el año pasado -dijo hojeando un taco de copias de facturas-. Vidrio, calcita, azogados. Lo llamamos La Doppiatrice.
– Muy bien, muy bien. Y ahora que estamos en ello, tendría que hablar con la gente que le ayuda.
Y pasó a poner al tanto a Miserere del inexplicable fallo que ha_bía generado una pequeña población de sujetos ópticamente partidos por la mitad caminando por Nueva York, mientras Bria procuraba que no se le notara que alzaba la vista al techo.
El representante respondió una llamada de teléfono en su mesa y, mantuvo una breve conversación en dialecto veneciano, y unos mi_nutos más tarde Ettore Sananzolo, quien de hecho había diseñado el aparato, entró con un haz de dibujos técnicos bajo el brazo.
– Se trata tan sólo de una variación del clásico gabinete Maskelyne de hace cuarenta años -explicó-, en el que se colocaba un espejo ladeado dentro de un gabinete vacío en un ángulo de cuarenta y cin____________________dad es un reflejo de una de las paredes laterales. Para desaparecer, el sujeto simplemente entra en el gabinete y se oculta en el ángulo de cuarenta y cinco grados de detrás del espejo.miento de terciopelo, el público cree que sigue mirando directamente a la pared del fondo de un gabinete vacío, cuando lo que ve en realico grados, de manera que dividiese uno de los rincones del fondo en una mitad perfecta. Con un espejo lo bastante bueno y un revesti
»Para el truco análogo en cuatro espacios, teníamos que pasar de un espejo bidimensional a otro tridimensional, y es ahí donde entra el paramorfico. En lugar de la rotación sencilla de noventa grados en la que un plano representa otro en tres espacios, ahora tenemos que sus__cios. Y así pasamos de un sistema de tres ejes puramente espaciales a otro con cuatro: espacio más tiempo. De este modo conseguimos que el tiempo entre en juego. Los dobles que usted dice haber generado son de hecho los sujetos originales, pero ligeramente desplazados en el tiempo.tituir un volumen (el interior del gabinete) por otro, en cuatro espa
– Así es aproximadamente como el Profesor Vandeijuice, de Yale, ve el problema. Y bien, ¿cómo lo arreglamos?
– Desgraciadamente, primero tendrá que encontrar a cada pareja y convencerlos para que vuelvan a entrar en el gabinete.
Por el rabillo del ojo, vio que Bria se echaba las manos a la cabe____________________cerle una visita. No a todo el mundo le resultaría tranquilizador, pero Luca intentaba que así fuera.puso, de gemelos, con la salvedad de que éstos llegaban al mundo ya adultos, y lo más probable es que ninguno de ellos volviera para havergentes, algo inevitable en una ciudad tan gigantesca como Nueva York: habrían seguido viviendo y conocido a atractivos desconocidos, habrían cortejado, se habrían casado, tenido hijos, cambiado de empleo, mudado a otros lugares…; intentar siquiera encontrarlos sería como intentar volver a meter el humo dentro de un cigarro, y más difícil sería aún esperar que un par de ellos reentrase voluntariamente en La Doppiatrice. Era como engendrar un gran número de hijos reales, susiado tiempo con sus propias vidas, ya no tan combinadas cuanto diza y se esforzaba por no decir nada, pero curiosamente Luca sentía ahora los primeros escalofríos de esperanza. Lo que Ettore pedía era claramente imposible. A esas alturas, aquellos sujetos llevaban dema
Ettore comentó que los dibujos eran ajustes que había que hacer, así como nuevas partes que instalar, para evitar la repetición del pro_blema.
– Me ha tranquilizado -murmuró Luca-, No sé cómo agrade_cérselo.
– ¿Con dinero? -sugirió Ettore. Vincenzo Miserere encendió uno de aquellos puros negros duros como piedras y guiñó un ojo. Bria miraba a su padre como si se hubiera vuelto loco.
Volvieron a Venecia dando bandazos en un vaporetto, entre los fantasmas inquietos de todos los fabricantes de espejos enloqueci_dos, que entraban con el salso desde la Laguna y volvían a salir, dentro y fuera de la ciudad, sujetándose a barcos de pesca nocturna, vapores, sandoli, buscando la última oportunidad, el hogar perdido…, deslizán____________________guna razón, se encontraron aferrándose unos a otros para no caer en el sueño colectivo y no salir corriendo por los pasillos alejándose de los trenes que entraban en la estación de Santa Lucia, o para no arrojar objetos a las villanías especialmente monstruosas de los melodramas breves, o para asegurarse de que estaban en sus butacas y no a bordo de un barco en el Gran Canal.yectaba una película entre dos actos teatrales. En Nueva York, los hijos de Zombini acostumbraban a ir a escondidas al centro para acudir a los nickelodeones, y se tenían por muy espabilados, pero aquí, por alpecialmente receptivo a los muertos sin hogar… A veces también se hacían visibles en los bordes de la pantalla del Malibran, cuando se promento de un antiguo espejo, pues allí abajo el azogue sobrevivía a la corrosión del mar y del tiempo, desde hacía mucho tiempo era esdose bajo la superficie para curiosear por los antiguos talleres; a veces incluso llegaban a atisbar sus propios espantosos reflejos en algún frag
Aquella noche en el teatro, después de la función, Dally se quedó un rato en el abrupto vacío agrandado de ausencias y de ecos para ayudar a recoger el atrezo y el equipo y montar algunos de los efec__zarle miradas, todas dirigidas tan intencionadamente como uno de los cuchillos de Bria. En un momento dado, se encontraron cara a cara, cada una a un lado de una jaula de palomas.tos que emplearían en la actuación de la noche siguiente. Erlys, que últimamente había estado trabajando la lectura del pensamiento y tal vez se sintiera un poco más intuitiva de lo habitual, no dejaba de lan
– ¿Qué pasa? -dijeron las dos a la vez.
Mientras Dally intentaba decidir cómo empezar, Erlys añadió:
– Da igual, yo sé qué pasa.
– Sé que se espera que me explique -dijo Dally-. Ojalá pudiera. Tú ya sabes cómo es, llegar a un sitio, tras una larga sucesión de luga_res en los que nunca hubieras querido pararte, ni mucho menos vivir, no comprendes siquiera que alguien pueda pensar lo contrario, y a lo mejor sólo es la hora del día, o el clima, o lo que acabas de comer, no hay forma de saberlo, pero no eres tú la que vas, sino que es el lugar el que sale y te envuelve, y sabes que es ahí adonde perteneces. No hay ya nada como este lugar en ningún otro sitio, y sé que es aquí adonde pertenezco.
Varias docenas de objeciones se daban codazos en la mente de Erlys para enunciarse la primera. Ella sabía que Dally ya las había exa_minado y descartado todas. Asintió, lentamente, un par de veces.
– Déjame hablar con Luca.
– Así que ahora tengo que dejarla marchar -dijo Erlys-; no sé cómo voy a poder. -Estaban en su hotel, en el extremo de San Polo, que daba, al otro lado del canal, a Cannareggio; el sol a sus espaldas se combaba en una de aquellas melancólicas combinaciones de luz y nebulosidad tan frecuentes por allí-. Aquí está, por fin, el precio que tengo que pagar por lo que hice. La encuentro, la vuelvo a perder.
– Nada de lo que ocurrió fue culpa tuya -dijo Luca-, Fui yo. Es_taba loco.
– Yo no era más sensata, por entonces sólo era una chiquilla, pero eso no es disculpa, ¿verdad que no? La abandoné. Es algo que no pue__rezco vivir. ¿Cómo pude ser tan egoísta?do cambiar. Las hermanas Snidell de Cleveland me calaron desde el principio. Todavía me persiguen en mis sueños y me dicen que no me