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Aquí, en esta antigua ciudad que progresivamente se iba transfor__traluz, puertas de canales en la penumbra húmeda y fría,mando en una máscara de sí misma, empezó a buscar espacios de con sotopórteghi cuyas salidas no podían verse, rostros ausentes, farolas desaparecidas al fondo de las calli. Y así se le revelaba, noche tras noche, con una clari____________________ciaban aquellos que se aprovechaban del ilimitado apetito de jóvenes cuerpos que parecía converger aquí, procedente de toda Europa y aun de más allá.pidos, y con mucha frecuencia desaparecían, como se haría desaparecer una moneda o una carta, con la misma intercambiabilidad que desprecos de su edad y más jóvenes aún eran arrastrados, infectados, corromdad cada vez más deprimente, una ciudad secreta y tenebrosa, perdida en aquellos laberintos infestados de ratas, donde presenció cómo chi

Ella se sentía mucho más cómoda trabajando por las noches y bus____________________lía a la legendaria luz de la luna y todas las dudas, y la mayoría de las esperanzas, se desvanecían.to con claridad, que sólo se había intuido en hipnotizantes atisbos, saguiendo un código estricto, hasta que la presa, temblando contra la acera, entraba al trapo. Entonces el arma que todavía no se había visres y cigarrillos, se mantenían a una distancia respetuosa, jugaban sidores nocturnos se acercaban, susurraban, coqueteaban, ofrecían flocando algún sitio donde dormir durante el día. Las noches se estaban volviendo demasiado peligrosas. Por supuesto que la habían abordado, incluso algunos tipos manifiestamente malsanos, también de esos que llevaban cicatrices en la cara como un certificado de sus historiales profesionales y, visibles bajo las chaquetas de traje negras, pistolas Bodeo de 10,4 mm como prueba de su dedicación al negocio. Los depreda

Dally se esforzaba por no bajar la guardia hasta que ellos pasaran de largo, que era lo que habían hecho hasta ahora, pues todo jugaba a favor de los depredadores, sólo tenían que esperar. Uno, Tonio, mos_traba un interés especial por ella; traje inglés, un inglés casi sin acento.

– Conozco a muchas como tú, chicas americanas que salen a diver_tirse todas las noches, con ropa bonita, al Casino, los grandes hoteles, los bailes de disfraces de los palazzi. ¿Qué buscas por aquí? ¿Dormir con las ratas? Un encanto de jovencita como tú. Menudo desperdicio.

Lo único que ella tenía que hacer era empezar a preguntar por la ropa, o qué clase de habitación podría pagarse -Dally había oído a hurtadillas ese tipo de conversaciones-, y sin darse cuenta de cuándo exactamente, las apuestas de partida habrían pasado a ser de vida y muerte, y la esperanzada criatura quedaría envuelta en la oscuridad irreversible de la medianoche bajo la foschetta.

Ese descubrimiento la situó en una situación peculiar, sin que men__quier callejuela. Hunter decía que ésa era la razón de que tanta gente hubiera amado Venecia, precisamente por el «chiaroscuro».guaran sus sentimientos hacia la ciudad, pero ahora con un elemento de temor que no podía ser ignorado a voluntad, y que cada noche le traía nueva información sobre el mal que aguardaba al fondo de cual

– Gracias por la noticia, supongo que para ti es bastante fácil, pero las noches aquí, sobre los maségni, no son tan románticas como para los turistas.

– ¿Estás llamándome turista?

– Algún día te marcharás, ¿cómo llamas tú a eso?

– Bueno, cuando me vaya, ven conmigo.

El cañón de mediodía disparó. Una barca llena de contrabandis__pezó a descargar. Las campanas tañían por toda la ciudad.tas de cigarrillos amarró apresuradamente en la orilla del canal y em

– Oh, patrone -dijo ella por fin-, Beppo, mira tú, ella no lo tiene claro…

Eso añadió unas líneas a la biografía del pintor, pero luego el tiempo siguió su curso habitual, y un día sopló el bora, y otro llegaron los primeros trenes con vino desde Puglia y, quién lo habría dicho, él no se marchó.

El invierno se acercaba, y Dally necesitaba algún sitio seguro don_de dormir durante el día, pues a esas alturas ya había descartado las fondamente. Salía adelante a salto de mata, durmiendo en patios, cuchi_triles de estudiantes, habitaciones traseras de osteríe, cambiando de sitio, pero finalmente, a desgana, acudió a pedir consejo a Hunter.

– ¿Por qué no lo pediste antes? -dijo él.

– Tú qué crees.

El apartó la mirada.

– Nada hay más fácil.

Y de la noche a la mañana, él le había conseguido una habitación en el palazzo de la relativamente famosa Principessa Spongiatosta, una de las muchas relaciones de Hunter cuya existencia desconocía Dally.

Ella se imaginaba una mujer mayor de facciones deterioradas, una especie de palazzo humano. Pero allí tenía a esa gota de rocío de ojos brillantes por la que el Tiempo no parecía haber pasado, o, tratándose del Tiempo, ni siquiera rozado. También había un Príncipe, pero ra_ramente se le veía por allí. Se encontraba de viaje, según Hunter, pero estaba claro que no le contaba todo.

Lo que intrigaba a Dally de los espacios interiores de Ca' Spongiatosta, cuando se tomaba unos momentos para pasear por los pasi____________________ses, mirtos, geranios, fuentes, ban la casi teatral expansión desde las callejuelas cómodas, oscuras y a escala humana a la inmensidad luminosa y sin rastros de la Piazza San Marco. Baldosas rojas oscuras, un pórtico de Orden Compuesto Romano, urnas decorativas gigantes, luz marrón, membrillos japonellos y las antesalas, eran las rápidas variaciones de escala, que remedaparedes altas, vías navegables estrechas y puentes en miniatura incorporados a la estructura del palazzo, con demasiados sirvientes para que Dally llevara la cuenta. De hecho, tal vez hubiera más de una Princesa, pues ella parecía estar en todas par_tes, y de vez en cuando Dally habría jurado que sus apariciones eran simultáneas y no consecutivas, aunque lo que veía por el rabillo del ojo siempre hubiera tenido para ella el mismo estatus de los sueños. ¿Trucos con espejos? Luca lo habría descubierto. Allá donde estuviera; y Erlys.

Pronto recibió noticias. Un día, un sirviente le entregó una nota. -Y, sorpresa, Bria Zombini había llegado con el bora a la ciudad. Se alojaba en un pequeño hotel al otro lado del Puente de Hierro, en Dorsoduro. Dally se presentó con un vestido que la Princesa fue tan amable de dejarle. Bria llevaba zapatos de tacón alto, que compensa__ra. Dally vio a esta joven dama muy segura de sí misma, con el pelo recogido bajo un sombrero parisino de ala ancha, aunque se quitaba el sudor del labio superior con gestos rápidos y repetíaban los dos o tres centímetros que Dally había crecido más que ella el año anterior, así que se saludaron mirándose a los ojos, a la misma altu «Porca miseria!» como siempre.

Se cogieron del brazo y pasearon por el Zattere.

– Hemos estado por todas partes -dijo Bria-, Retenidos a peti_ción popular y por un par de testas coronadas, ya sabes, lo habitual. Están a punto de regresar todos en barco, tengo que reunirme con ellos en Le Havre, y como me encontraba por casualidad a este lado de los Alpes, decidí hacerte una visita.

– Oh, Bri, os echo tanto de menos a todos, ya sabes…

Bria entornó un poco los ojos, asintió.