– ¿Qué ha pasado con el vectorismo? -se burló Yashmeen.
– Hay vectores -replicó Kit- y vectores. En el taller del Doctor Prandd, todos son sencillamente sustentación y resistencia, velocidad y demás. Pueden hacerse dibujos, del viejo espacio tridimensional de toda la vida si quieres, o sobre el Plano Complejo, si lo que te va es la Transformación de Zhukovski. Vuelos de flechas, lágrimas. En la clase de Geheimrat Klein, estábamos acostumbrados a expresar los vectores sin dibujos, puramente como una serie de coeficientes, sin relación con nada físico, ni siquiera con el espacio mismo, y a anotarlo en varias di_mensiones, según la Teoría Espectral, hasta el infinito.
– Y más allá -añadió Günther, asintiendo con seriedad.
Un día, en clase de Hilbert, ella levantó la mano. Él le hizo un guiño para que hablara.
– Herr Geheimrat…
– Con «Herr Professor» basta.
– Los ceros no triviales de la función 'C,… -Ah.
Ella temblaba. No había dormido mucho. Hilbert había visto antes ese tipo de comportamiento, sobre todo desde la entrada en el nuevo siglo, desde su muy famosa conferencia en la Soborna, supuso, en la que había enumerado los problemas más destacados de las ma_temáticas que se resolverían a lo largo del siglo que empezaba, entre ellos el de los ceros de la función t,.
– ¿Podrían estar relacionados con los valores propios de un opera_dor Hermítico que todavía no se ha determinado?
El parpadeo, como algunos dirían más tarde, se moduló en una pulsación constante.
– Una sugerencia inquietante, Fräulein Halfcourt. -Habitualmente se dirigía a ella como «hija mía»-. Pensemos por qué. -La miró aten__ros detamente, como si ella fuera una aparición que él intentara ver con más claridad-. Aparte de los valores propios, que por su naturaleza son ce alguna ecuación -soltó amablemente.
– También está esta… columna de realidad. -Más adelante ella re_cordaría que de hecho dijo «Rückgrat voti Wirkíichkeit»-. Aunque los miembros de un hermítico pueden ser complejos, los valores pro_pios son reales. Las entradas sobre la diagonal principal son reales. Los ceros de la función t, que se extienden a lo largo de la parte Real = xh son simétricos, alrededor del eje real… -Dudó. Ella lo ha_bía visto, por un instante, con toda claridad.
– Pensémoslo un poco -dijo Hilbert-. Ya hablaremos de esto más adelante.
Pero ella dejaría Gotinga poco después, y nunca tendrían ocasión de hablar de ello. Con el paso de los años, Yashmeen se iría volviendo borrosa en la memoria de Hilbert y sus palabras acabarían parecien_do las de un duende interior demasiado juguetón para expresar una proposición formal, o para que la considerara una Musa con todas las de la ley. Y la idea en sí evolucionaría para convertirse en la famosa Conjetura de Hilbert-Pólya.
Una mañana, Lew entró en el salón de desayunos de Chunxton Crescent y se encontró al Inspector de Policía Vanee Aychrome, an____________________ferían ayunar a competir con su insaciabilidad casi legítima.midos, con sandalias brillantes, procuraban evitar al Inspector, y preban con expresiones faciales místicas. Los que se habían quedado dordos, tortillas, patatas fritas, tomates fritos, gachas de avena, bizcochos, panecillos, bollitos para untar y distintos formatos de pan de molde. Acólitos embatados se deslizaban tímidamente entre las mesas y la gran cocina, con carritos, soperas y bandejas. Algunos también cargación, que incluía salchichas de imitación, arenques ahumados y salagelicalmente bañado en los primeros rayos de sol que se filtraban por las vidrieras de la cúpula superior, dando despiadada cuenta de un Desayuno Inglés Completo ajustado a la dieta pitagórica de la institu
– A uno le apetece una fritanguita a estas horas -pudo articular Aychrome entre bocados, a modo de saludo dirigido a Lew, que, son__diferencia al café.riendo sombríamente, fue a buscar un poco de café, misión imposible aun en las mejores mañanas, y ésta ya no lo era. Estos ingleses eran un pueblo con muchos misterios, pero ninguno tan peculiar como su in
– ¡Muy bien! -gritó-, ¿quién se ha llevado la maldita máquina Spong otra vez? -Y no es que importara mucho, pues el café de ahí solía saber a cualquier cosa menos a café, debido a la costumbre de esta gente de utilizar el único molinillo de la casa para preparar polvo de curry, incienso y hasta pigmentos para obras de arte incomprensibles, así que acabó, para variar, con una taza astillada llena de un té pálido y anodino y se sentó delante de Aychrome, que lo miraba con cierta fascinación. Dando por supuesto que no estaba ahí tan sólo para trans____________________nos Mayores y fue colocando las cartas sobre la mesa una por una, entre los restos de uncia de retirarse del caso del Caballero de las Bombas, Lew se sacó de un bolsillo interior una baraja de Tarot reducida a los veintidós Arcamitirle otra amable sugerencia de Scotland Yard sobre la convenien haggis vegetariano y una fuente rebosante de buñuelos de guisante, hasta que Aychrome empezó a asentir frenéti_camente y a menear un dedo que goteaba lo que Lew esperaba sólo fuera melaza.
– ¡ Ggbbmmhhgghhkkhh!
Y tanto que sí. La carta no era al fin y al cabo el número XV de Renfrew/Werfner, sino el XII, El Ahorcado, cuyos velados significa____________________ción en la Icosaedíada la ocupaba un tal Lamont Replevin, de Elflock Villa, Stuffed Edge, Herts.sonal por haber sido la primera carta «futura» que Neville y Nigel habían descubierto para él. La última vez que había mirado, su posicialmente crítica. Lew había llegado a considerarla como su carta perdos secretos siempre parecían remitirla a un área de investigación espe
Cuando por fin la boca de Aychrome pareció relativamente deso_cupada, dijo:
– Y bien, Inspector -todo lo animadamente que pudo dada la hora del día-, espero que no se trate de nada político.
– Umm -dijo como si hablara para sí-, un poco de este… kegderee, me parece…, sí, muy rico…, y por dónde anda aquel tarro de merme__que, a lada…, sí, espléndido, ciertamente. -Lew estaba pensando en dejar que el hombre saciara a solas su apetito cuando Aychrome, como si le hubiera picado un insecto, le clavó una mirada de ojos saltones, se limpió el bigote y ladró-: ¡Político! Yo diría que más bien sí, aunpoco que lo piense, todo es política, ¿verdad?
– Según el expediente, el tal Replevin es un marchante de anti_güedades.
– Sin la menor duda, salvo que hay una ficha sobre el tema de más de medio kilómetro de largo. La obra de Lombro resulta muy estimu_lante, sí, ciertamente muy sugerente.
Lew sabía que el Inspector Aychrome era un fanático discípulo de las teorías criminológicas del Doctor Cesare Lombroso, en especial de la que se había hecho más popular, según la cual las deficiencias morales iban acompañadas de una ausencia de tejido correspondiente en el cerebro, y en consecuencia de un desarrollo craneal pervertido que podía ser observado por el ojo instruido en la estructura facial de un sujeto.
– Algunas caras son caras criminales, en resumidas cuentas -afir_mó el veterano metropolitano-, y pobre del que lo ignore o no lo sepa interpretar como es debido. Éste -le pasó una pequeña foto policial-, como puede ver, lleva el Delito Internacional inscrito por toda la cara.
Lew se encogió de hombros.
– Pues parece un tipo bastante sano.
– Tenemos hombres vigilando el lugar, ¿sabe?