– ¿Por qué?
Aychrome echó un rápido y melodramático vistazo y bajó la voz.
– Alemanes.
– ¿Cómo ha dicho?
– El sujeto Replevin tiene una tienda en Kensington, donde co____________________to de Shambhala, y, por si fuera poco, la Oficina del Gas está al borde del ataque de nervios con lo que llega a sus oídos.des». Y entonces se presenta Sands con el lío del Asia Interior, el asunsa perfecta para que esos visitantes entren en el país con docenas de sus enormes cajas oportunamente etiquetadas como «Antigüedaqueológicas de por ahí la han realizado equipos alemanes, una excutablecimiento de Replevin. La mayor parte de las excavaciones arres, encubridores y receptores de artículos robados…, pero nuestra principal preocupación en el Yard es la elevada proporción de tráfico alemán entre aquí y el Asia Interior que siempre ha pasado por el esterrumpido de sospechosos, a algunos de los cuales ya conocemos, granujas con sólo ver sus tipologías faciales, falsificadores y timadomercia, según su expediente, en «Antigüedades del Trans-Oxus y greco-budistas», sean lo que sean, y recibe visitas de un flujo inin
– «Oficina del Gas».
Empuñando expresivamente cuchillo y tenedor en cada mano, el Inspector pasó a dar explicaciones a gusto. Lamont Replevin, según parecía, era un dedicado practicante de la comunicación mediante el gas de hulla, es decir, que la red de suministro de gas de la ciudad y el extrarradio, en su mapa de Londres, funcionaba como un sistema de redes de comunicación, en todos los sentidos, como las líneas neu_máticas o telefónicas. La población que se comunicaba mediante el Gas, que de hecho no estaba dispuesta a comunicarse de otro modo, parecía bastante numerosa y, según Aychrome, crecía diariamente, a medida que continuaban estableciéndose interconexiones secretas entre redes de gas urbanas, locales o de pueblos, y el sistema se expandía, al modo de una red, como si se pretendiera que pronto abarcara toda Gran Bretaña. Para los privilegiados que disfrutaban de juventud, di__nales, incluidos aquellos tan agriamente descontentos con el servicio de correos que podrían haber salido a tirar bombas a los buzones de no ser por las muchas sufragistas que hacían cola para tirarlas antes. Scotland Yard, tomándose el nero y tiempo de ocio, venía a ser poco más que un juego a la última moda, aunque muchos se escribían con gas por razones más emociovivo interés que cabría esperar, había crea_do un departamento para vigilar el tráfico de Gas.
– En cuanto a Replevin, la verdad es que en el Yard tenemos opi__temporánea, pero reconozco los códigos cuando los veo, y nuestro Lamont parece utilizar uno especialmente diabólico. Los criptos han estado trabajando sobre él las veinticuatro horas del día, pero hasta ahora no lo han descifrado.niones divergentes. Algunos creen que él sólo participa, como dicen allá, por la estética del método. No estoy muy puesto en poesía con
– ¿Se envía algo en alguna lengua conocida? ¿En inglés?, ¿alemán?
– Oh, sí, por no mencionar ruso, turco, persa, pastún y también un poco de tayiko montañés. Por allá se está cociendo algo, eso está claro. Por supuesto, no se nos permite visitar las instalaciones oficial__nes legales con la que nosotros sólo podemos soñar…, bueno, ya me entiende.mente, pero nos preguntábamos si, a la vista de este lío de Shambhala, dado que usted se mueve por el CRETINO como Pedro por su casa y disfruta personalmente de una libertad respecto a las restriccio
– ¿Si fuera yo? Yo abriría una de las cajas y miraría qué hay dentro.
– Y la encontraría llena de preciosa basura china, y a continuación ya me veo en Seven Dials, cumpliendo las peores guardias y metiendo la linterna en los cubos de basura. No, gracias. -Contempló las con__días cocidas en estas instalaciones? Nunca veo ningunas.secuencias ruinosas de su desayuno-. ¿No habrá un buen plato de ju
– Es por algo religioso, me parece. -Lew agitó el pulgar hacia un rótulo sobre la entrada a la cocina que rezaba tcuáxtDV 'anéyov, «Evi_tad las judías», según Neville y Nigel una cita directa de Pitágoras en persona.
– En fin, qué le vamos a hacer, más vale que me acabe este pudín de pasas, ¿verdad?
No era eso lo único que tenía el Inspector en la cabeza, pero se zampó un arenque de Yarmouth y varios bollos con pasas antes de abordar la cuestión.
– Se supone que debo reiterar una vez más el escaso entusiasmo que despierta por el Yard su continuado interés por el denomina_do sujeto de las bombas de Headingley.
– Están estrechando el cerco en torno a él, ¿no?
– Tenemos algunas pistas prometedoras, y la investigación se en_cuentra en este momento en una fase difícil.
– Me suena.
– Sí, y quién sabe si no lo habríamos detenido ya a estas alturas, sin esos diletantes no autorizados que se pasan el día molestando y me_tiendo las narices donde no deben.
– No me diga. ¿Cuántos somos?
– Uno. Aunque parece una docena.
– Pero sabe que voy a por él. Creía que ustedes, los del Yard, agra_decerían contar con un señuelo ahí fuera, para atraerlo, tal vez para forzarlo a cometer un error.
– Vaya, sí que estamos sobraditos hoy.
– En circunstancias normales, me sobraría la mantequilla de los bollos del desayuno, pero no parece que haya quedado gran cosa.
– Sí, bueno, si no le importa me parece que probaré un poco de este «donut» de aquí, un color raro, debo admitirlo, me pregunto de qué estará hecho, mgghhhmmbg…
– A lo mejor prefiere no saberlo.
En ese momento se acercó un acólito con un recado para Lew: debía presentarse con toda diligencia en el despacho del Gran Cohén Nookshaft. El Inspector Aychrome se limpió laboriosamente la cara, suspiró con aire trágico y se dispuso a retirarse de nuevo a Embankment, su frío hogar laboral de ladrillos mugrientos, lámparas azules y olor de caballos.
El Gran Cohén recibió a Lew vestido con sus galas oficiales, en las que destacaban las superficies de lamé y los adornos de imitación de armiño. Sobre la cabeza, en un vivido tono de magenta, con letras do__do por unradas en hebreo bordadas por delante, se apoyaba lo que habría pasa yarmulke de no ser por su alta corona, mellada como un sombrero flexible por delante y por detrás.
– Si tiene que darme coba, joven, más vale que aproveche mien__tar de este ingrato arrastrarse ante el desprecio de un Alto Directorio, el cual sólo se dedica a reducir los presupuestos año tras año, mientras, como misioneros enviados a costas hostiles, se nos deja en manos de Dios, y aquí, al otro lado del mar, en sus acogedores hogares, aquellos que firman nuestros edictos de exilio rugen y retozan.tras pueda, porque mi mandato toca a su fin, sí, el pequeño Nick Nookshaft volverá a ser el Cohén Asociado, una bendita liberación, la verdad; llega el turno del siguiente pobre «bobo» que deberá disfru
– Sin duda parece que se está cociendo algo por aquí -dijo Lew.
– No sabe cuánto lo lamento -dijo cabizbajo-. Me lo está repro_chando.
– A ver, Cohén, yo nunca…
– Oh, sí, sí, tampoco sería el primero… Ya ve en qué estado me encuentro… Hermano Basnight, no habríamos querido meterle en este asunto de Shambhala, pero ante la inminencia de las hostilidades, que tal vez ya hayan estallado en este mismo momento, necesitamos a to_dos en sus puestos. El Inspector Aychrome le ha informado sobre Lamont Replevin, pero hay ciertos aspectos del tema que el Met no sabe valorar, y por eso me corresponde a mí añadir que Replevin se ha hecho con un mapa de Shambhala.
Lew silbó.
– Que todos buscan.
– Pero que carece de valor a menos que se observe a través de un aparato llamado Paramorfoscopio.
– ¿Quiere que se lo requise?
– Si Replevin sabe lo que tiene, lo habrá puesto a buen recaudo. Pero puede que esté actuando según un conjunto de supuestos com_pletamente distintos.