– ¡Eh! ¿Qué hace…? ¡Acaba de pegarme con…, con esa vara!
– Una técnica antigua, extraída de los zenistas de Japón. ¿Por qué miraba tan fijamente mi corbata?
– ¿Lo hacía? No me he dado cuenta…
– Umm…-anotó algo en un cuaderno-,y ¿ha escuchado alguna… voz?, ¿de esas que parecen surgir en los tres espacios clásicos pero que de hecho, si diéramos un paso más, conceptualmente casi trivial, lo hace en una más lejana, como ustedes dicen…, dimensión…?
– ¿Voces, Doc?, ¿de otra dimensión?
– ¡Muy bien! Capacidad de razonar, ¿lo ve? ¡Ya está recuperando la cordura! No tiene por qué sentirse solo en esto, señor Traverse. ¡No! Simplemente ha sufrido una pequeña perturbación del Co-consciente agravada por el abuso del cloral, que, una vez superada su fase aguda y en este entorno saludable, suele pasarse rápidamente.
– Pero yo no he dicho que oyera voces, ¿verdad que no?
– Umm, cierta pérdida de memoria también…,y, y «Traverse», ¿qué clase de apellido es ése…? Por un casual ¿no será también hebraico?
– ¿Qué? No lo sé…, la próxima vez que hable con Dios se lo pre_guntaré.
– Ja…, bueno, de vez en cuando se encuentra un indicio hebraico, acompañado del sentimiento de no ser lo bastante gentil, es bastan_te común, con angustias a modo de corolario por sentirse demasiado judío…
– El que suena angustiado es usted, Doc.
– Oh, más que angustiado, alarmado, a diferencia, según veo, de usted, que extrañamente no lo está. Ante los millones que ahora es_tán entrando a raudales en su país… ¿hasta qué punto deben de ser ingenuos los americanos para no ver el peligro?
– ¿Los judíos son peligrosos?
– Los judíos son listos. El judío Marx, impulsado por su inteligen_cia antinatural a atacar el orden social…, el judío Freud, que finge sa__ciendo que los habitantes de Gotinga se vuelvan paranoicos y vengan gritando a mi puerta, donde, claro, se espera que yo me ocupe de todo…nar las almas (ésa es, por cierto, mi manera de ganarme la vida, me lo tomo como ofensa personal)…, el judío Cantor, la Bestia de Halle, que pretende demoler los cimientos mismos de la matemática, ha
– Un momento, discúlpeme, Herr Doktor -soltó alguien inespera__tó ser durante una sesión de terapia de grupo-. Cantor es un luterano practicante.damente la siguiente vez que Dingkopf impartió su charla, que resul
– ¿Con un nombre como ése? Por favor…
– Y, lejos de a la ruina, puede que nos haya llevado a un paraíso, tal como lo ha descrito públicamente el Doctor Hilbert.
– El Doctor… David Hilbert, se habrá fijado.
– Tampoco es judío.
– Hay que ver lo bien informado que está todo el mundo hoy en día.
La Kolottie resultó ser un complejo bien ventilado de edificios de ladrillo vidriado amarillo, sólidamente erigidos sobre los principios del Invisibilismo, una escuela de la arquitectura moderna que creía que cuanto más «racionalmente» se diseñara una estructura, menos visible parecería y que, en casos extremos, convergería al denominado Tér__nimamente vinculada al mundo físico.mino Penúltimo, el paso anterior a la liberación en lo Invisible o, como algunos preferían decir, «en su propia metaestructura», ya mí
– Hasta que un día uno se queda apenas con rastros del mundo, unas pocas madejas de alambre de espino delimitando la vista en plan_ta de algo que ya no es posible ver…, tal vez también con ciertos olores, que se filtran avanzada la noche desde algún punto, traídos por el viento, un viento que posee en sí el mismo índice de refracción que la Estructura desaparecida…
Eso se lo explicaba con toda seriedad a Kit un individuo con uni__traba un cerebro humano estilizado, con una especie deforme de guardia, a quien él, en su inocencia, creía justamente un guardia. En la hombrera del uniforme se veía un parche que mos hoja de hacha teutónica hundida en el medio, que Kit tomó por una insignia de la Kolonie. El arma era negra y plateada y el cerebro de una alegre ani_lina magenta. El lema que tenía encima rezaba «So Gut Wie Neu», o «Como nuevo».
Habían salido al «Campo del Dirigible», una especie de superfi_cie plana teórica donde las actividades del Klapsmühle incluían el des__trumentos de topografía que parecían reales y todo lo demás, y que no parecían internos de laplazamiento de tierra, la excavación de rocas y el alisamiento de la superficie, bajo la supervisión de un pelotón de «ingenieros» con ins Kolonie, aunque allí dentro nunca se sabía.
Hoy reinaba un gran nerviosismo en la Kolonie, porque se es__bía visto nunca uno, pero bastantes se atrevían a describírselo sin el menor recato a los demás:peraba que en cualquier momento llegara y aterrizara en el campo de Dirigibles ¡un Dirigible de verdad! La mayoría de los internos no ha
– Vendrá a liberarnos, todos son bienvenidos, es el vuelo expreso a Doofland, la patria ancestral de los enfermos mentales, descenderá, un triunfo gigantesco de la decoración bohemia, luminiscente en to_dos los colores del espectro, y la Banda de la Nave tocará antiguos éxitos como O Témpora, O Mores y La ballena negra de Askalon mien__dida exactamente en el Punto del Infinito, pues el Nombre secreto del Dirigible es Elipsoide de Riemann… -Y así sucesivamente.tras subimos alegremente a bordo, a la góndola aerodinámica suspen
Una pelota de fútbol, pateada desde muy lejos, pasó volando por arriba y alguien la confundió momentáneamente con el Dirigible, cuya llegada, se esperaba, no perturbaría ninguno de los partidos de fútbol que parecían jugarse en el Campo del Dirigible a todas horas, sobre todo cuando oscurecía, que de hecho era el momento preferi_do pese a imponer un estilo de juego diferente.
– Esta pelota bota casi tanto como la cabeza de Juan el Bautista -ex_clamó alguien, una alusión a una reciente excursión terapéutica que habían hecho los internos a Berlín para ver una función de la ópera Salomé de Richard Strauss, de la que el Doctor Dingkopf había sali_do murmurando algo sobre «una grave crisis neuropática que recorre la Alemania actual», aunque los miembros del grupo, y no sin razón, dada la descripción del propio Strauss de la obra como un scherzo con un desenlace fatal, no habían parado de carcajearse como posesos, y las carcajadas pronto se extendieron desde las butacas de marco y medio a la gente «normal» que había en el resto del teatro. Desde esa excursión, los guardas de la Kolonie se habían visto obligados a aguan__medor («¿Qué hay de comer?», «Parecetar la nueva muletilla, tanto en el campo de fútbol como en el co la cabeza de Juan el Bautista»), o a escuchar las discusiones religiosas de los Cinco Judíos, que por alguna razón era el único fragmento de la ópera que todos, al pare____________________tando «Judeamus igitur, Judenes dum su-hu-mus…»tor Dingkopf, que al poco empezó a acusar la tensión, y al que se veía vagando por los terrenos de la institución a horas intempestivas cancer, habían memorizado, nota por nota, tal vez para enfadar al Doc en un distraído tono de tenor.
– Ich bin ein Berliner!
– ¿Cómo ha dicho? -El paciente parecía ansioso por hablar con Kit.
– No le hará daño -le tranquilizó el Doctor Dingkopf mientras los celadores se llevaban al paciente con habilidad-. Ha acabado cre__ricanoyéndose que es cierto famoso pastelito de Berlín, semejante a su ame Jelly-doughnut, como dirían ustedes.