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– Tu… hermana.

Mención que hizo que Frank entrecerrara inquisitivamente los ojos a través del humo de su cigarrillo.

– Ella tiene las mejores cartas ahora.

– ¿No significa eso que lo hará?

– Sería gracioso, ¿no te parece? Ya sabes, que llevara todo este tiem__rando el momento oportuno, y entonces, bueno, caput.po fingiendo: primero se casa, simula llevar esa vida de esposa, espe

– Alguien diría que la echas un poco de menos.

– Y una mierda. Lo que echo de menos es que se me ponga a tiro.

Al principio, Wolfe Tone O'Rooney buscaba armas para la causa irlandesa, pero a medida que se prolongaba su estancia en México, se vio cada vez más atraído por la revolución que se estaba gestando allí. Ewball y él se cayeron bien de inmediato y al poco los tres se habían convertido en pasajeros habituales del tranvía que iba a Doña Cecilia, donde también abundaban estibadores, matones y familias de camino a la playa.

Su lugar favorito para hacer negocios en Doña Cecilia era una cantina y timba llamada La Fotinga Huasteca. La banda del local la for_maban guitarras gigantes, violines, trompetas y un acordeón, y el ritmo lo marcaba una 'batería' que incluía timbales, güiros y congas. Todos se conocían las letras, así que el local entero cantaba.

Y quién iba a entrar tan campante en ese paraíso tropical más que su viejo compañero de cárcel Dwayne Provecho, comportándose como si fuera el dueño. Las orejas de Ewball se tensaron y separó los pies, pero Frank sólo sintió una leve vejación, algo parecido a la dispep__te lista.sia crónica, ante este último añadido a una ya de por sí preocupan

– Vaya, mirad a quién tenemos aquí -gruñó Ewball a modo de saludo-, creía que a estas alturas estarías en el Infierno, metiéndote en la cama con aquel sucio traidor de Bob Ford, que sólo disparaba por la espalda.

– Así que todavía andamos cargados con viejos 'resentimientos' -dijo Dwayne sacudiendo la cabeza-, algún día va a afectar a tu alcance y precisión, colega.

– Cuidadito, que yo no soy tu colega.

– Tómate una cerveza tibia -sugirió Frank sin molestarse en que no se le notara el cansancio en la voz.

– Vaya, chaval, qué caritativo te veo -dijo Dwayne, que se acercó una silla y se sentó.

Las cejas de Frank descendieron brevemente más allá de la som_bra del ala de su sombrero.

– Te quedaste en mi lado bueno puede que unos ocho segundos, Dwayne, ¿te has planteado montar en el rodeo? A ver, Mañuela, este caballero de pinta tan próspera quiere invitarnos a cervezas Bohemias a todos, puede que con algún Cuervo Extra de acompañamiento, do_bles si no le importa.

– Suena bien. -Dwayne sacó un fajo de billetes americanos con los que se podría haber empapelado el local y separó uno de diez dóla_res-. Estoy forrado, los negocios me van estupendamente, ¿y a voso_tros, colegas?

– Creía que te habían pagado con queso cheddar- murmuró Ewball.

– Estoy a punto de abriros las puertas a una nueva carrera profe_sional ¿y así me lo agradecéis?

– Eres nuestro ángel de la guarda -dijo Frank cogiendo su vaso de tequila.

– Con lo que circula por las vías de por aquí -dijo Dwayne-, no se trata sólo de dinero, es historia. Y la parada siguiente podría ser al norte, porque nadie necesita una revolución, y menos que nadie los gringos.

– Y, entonces, ¿por qué no estás allá? -fingió preguntar Frank.

– Prefiere andar por aquí, vendiéndose por cuatro cuartos -explicó Ewball-, ¿a que sí, Dwayne, a que prefieres joder a todos esos cuates cuyas vidas no te importan nada?

– Bueno, yo creo que ésta es mi gente – replicó Dwayne con un aire de despectiva santidad. Lo que no parecía captar era lo mucho que había cambiado Ewball desde la última vez que se habían visto. Es posible que todavía creyera que trataba con el mismo muerto de ham_bre de la próspera ciudad.

– Ya estamos, insultando al país entero. Pues la verdad -prosiguió Ewball, cada vez más animado e irritado- es que la gente de por aquí al menos tiene una oportunidad, algo que los 'norteamericanos' per__béis puesto en manos de capitalistas y predicadores, y cualquiera que quiera cambiar las cosas al otro lado de ladieron hace mucho. Para todos vosotros ya es demasiado tarde. Os ha 'frontera' es traicionado y vendido al momento, aunque no me cabe duda de que tú sabes cómo evitarlo, Dwayne.

Comentario que debía de haber provocado en Dwayne un ata_que de dignidad ofendida, pero que, en lugar de eso, como esperaba Frank, lo volvió tan pringoso y serpentino como el Río Pánuco un día ajetreado.

– A ver, chicos -dijo-, no agriemos lo que podría ser una reunión dichosa, porque estoy tan agobiado en este momento que sería casi un acto de misericordia que me quitarais parte del negocio de las ma_nos. Sobre todo viendo lo bien conectados que estáis en Tampico…

– Mierda -dijo Ewball como si se le acabara de ocurrir-, por eso no lo hemos visto por aquí antes… ¡Dwayne!, el bueno de Dwayne, has llegado hoy mismo a la ciudad, ¿no?

– Dejadme que os demuestre mi buena fe -dijo Dwayne-: ¿qué me diríais de una buena remesa de rifles Krag-Jorgensen?

– ¡Blam! ¡Blam! -fue lo que dijo Ewball-, ¡Pañiún, blam!

– Vamos a ver, a todo el mundo le gusta un Krag. Con ese carga_dor de apertura automática tan apañado… Desde hace años es una de las armas preferidas por los fusileros de muchas naciones, incluida esta en la que nos encontramos ahora.

– ¿A quién nos vendes esta vez? -preguntó suavemente Ewball.

Cuando Dwayne partió hacia el siguiente segmento de su impor_tante día, Frank dijo:

– Bueno, por aquí las cosas van despacio.

– Tú verás. Yo me voy a mantener tan lejos de ese pequeño bas_tardo venenoso como pueda sin tener que renunciar al alcohol.

– Dice que los tipos que tenemos que ver están en Juárez. Un día, ida y vuelta.

– A no ser que se trate de una de las sorpresitas especiales de Dwayne, claro. Ve, por un día yo me ocuparé del negocio, pero si caes en una encerrona no me vuelvas llorando, y yo procuraré no decir que ya te había avisado.

– Por mí está bien.

– 'Vaya con Dios, pendejo.'

¿Qué clase de traficante de armas escogería un sitio como ése para reunirse? Parecía otro de esos detestables locales donde se reu____________________rez, en todas las manzanas florecían estos malditos pequeños salones de té. Volvió a mirar la tarjeta que le había dado el contacto de Dwayne en Juárez: «E.B. Soltera, Material de regeneración».sado todo lo interesante fuera de la ciudad, al otro lado del río, a Juápre se podía saltar? Desde que los buenos ciudadanos habían expulnían las damas, al lado del vestíbulo de un hotel decente cerca de la Union Depot, con mesas dispuestas alrededor de un patio, limpio como una patena, con cal en unas paredes blancas como nuevas, una escala para gringos que hacían su primer viaje al sur, con simpáticas señoritas luciendo encantadores vestidos nativos que servían el té de la tarde en vajilla a juego y demás. Ni punto de comparación con el viejo El Paso, el de hacía tres o cuatro años, claro, antes de que la Liga de la Ley y el Orden entrara en escena. ¿Adonde habían ido a parar todas aquellas diminutas trastiendas en el Chamizal, el humo de puros, el comportamiento autodestructivo, las ventanas por las que siem

Aunque no muy al corriente de las emanaciones femeninas, Frank se fijó ahora en un repentino bajón en el volumen de las char__ron las cabezas entre sí para, tras las alas de sus sombreros de blanco puro, hacerse comentarios sobre la recién llegada que se deslizaba hacia Frank por el salón. A él no se le ocurrió otra cosa que seguir abanicándose con la tarjetita, mientras la contemplaba con las cejas arqueadas.las cuando, en las mesas, las respetables esposas y madres, envueltas en inmaculados vestidos blancos, primero volvieron y luego inclina