Выбрать главу

– Es mi nombre profesional. Hola, Frank.

Era Stray, claro. Debían de haber transcurrido muchos días y no__bro. Y ahora, mírala. Indemne a las penurias del camino, más rosácea y rellenita, con aire ciudadano, aunque parte de esa impresión podía deberse al vestido, el carmín y lo demás…ches, él siempre demasiado ocupado por los negocios del camino, para imaginar que volverían a verse jamás; pero no es que se la hubiera quitado de la cabeza, pues ella se le aparecía puede que una vez por semana, y a veces hasta le devolvía la sonrisa por encima del hom

– No esperaba de ninguna manera… -De pie, sacudiendo lenta_mente la cabeza-. Bueno, ni siquiera habría apostado.

– Oh, lo único que tienes que hacer aquí, en El Paso, Texas, es sentarte tranquilo y esperar, y tarde o temprano aparecen todos los que has conocido, tu vida entera, brincando como judías mexicanas saltarinas.

Estaba a punto de empezar el numerito del caballero, pero ella se sentó sin aspavientos, así que Frank volvió a sentarse también, toda_vía un poco descompuesto.

– Menudo sitio, ¿eh?

– Adecuado para cierto tipo de negocios. Supongo que al final te hartaste del viejo y pequeño Smith -apuntó con la sombrilla a una de las mironas maduras y gordas, que se apresuró a desviar la mirada-. Estos Krag-Jorgensen eran el arma oficial del Ejército de Estados Uni__cado, si sabes dónde buscar. Y no es que yo ponga las manos sobre la mercancía, claro.dos y, como sabes, la han estado reemplazando por un modelo de Mauser más sofisticado, así que hay montones de Krags en el mer

– Intermediaria.

– Sí, un porcentaje de un porcentaje, la misma vieja historia de siempre. Los negocios con el Ejército ya no son lo que eran, se aca__tro, rápido fuera, mierda, si se pasan el día entero al teléfono, Frank, incluso tienenbaron las juergas de dos o tres días con tus buenos compadres, los sargentos de intendencia, ahora todo está cronometrado, rápido den telégrafo sin hilos. Así que, aunque no debería decirlo yo: comprador, ándate con cuidado.

– Tomo nota, pero seguramente conseguirás lo que pidas, en la otra orilla del río se están volviendo cada día más locos, y el dinero de esta orilla llega de algunos bolsillos inesperados.

– Mejor no me lo digas, ya escucho demasiadas cosas.

Durante un minuto entero permanecieron sentados cara a cara, como si esperaran que el tiempo se ralentizase. Luego hablaron ambos a la vez.

– Creo que sé qué estás pensando… -soltó Frank.

– Esto antes era… -empezó ella. El sonrió con amargura y le hizo un gesto con la cabeza para que prosiguiera-. Esto era el territorio de tu hermano aquí, en El Paso. De uno de ellos. Iba por los sanatorios haciéndose pasar por un niño rico del este con problemas pulmona____________________cibía miradas sospechosas de algunas enfermeras. Me fijaba en algunas manos de póquer de vez en cuando, pasaba la información, nada que nadie planeara demasiado. Y luego nos marchábamos. O puede que me fuera yo sola, ya no me acuerdo.cuencia eran considerables. Yo llegaba, fingía que era su hermana, reres, y entraba en las salas para los ingresados como quien entra en un casino buscando pardillos. Pero nunca logró imitar un buen acento. Cuando encontraba una enfermera que le guardara el secreto, hacía que le ingresara, incluso se repartía con ella las ganancias, que con fre

– Los buenos tiempos.

– Qué va.

Frank se miró la cinta del sombrero.

– Oh, pero -lentamente- nunca se sabe con este Reefer, cualquier día reaparecerá como si tal cosa…

– No.

– Pareces muy segura.

– No, conmigo nunca más.

– Vamos, Stray. Te apuesto un cucurucho. -Le contó que había conocido a Wolfe Tone O'Rooney, y que Wolfe había visto a Reef en Nueva Orleans-. Así que sabemos que al menos llegó hasta allí.

– Por el amor de Dios, de eso hace tres años, lo que no quiere de_cir que siga vivo, ¿verdad?

– Yo tengo la sensación de que sí, ¿y tú?

– Oh, la «sensación», lo último que supe de él fue que intentaban matarlo, mierda, los vi, Frank. Bajaron por aquella montaña como si estuvieran persiguiendo a Gerónimo o algo así. Eran tantos que ni pude contarlos. Podría habérmela jugado, supongo, encontrar una pe____________________rando, los dos. Hay mujeres a las que les gusta esperar, que incluso lo aman, he conocido algunas. Lo confunden con una buena obra o algo así. Es más probable que lo que les guste sea la tara en el suelo ya estaban sobre la siguiente montaña, que bien podría haber sido el fin del mundo, porque no volvieron a aparecer. Pero allí esperamos. No sé…, todos los días Jesse se despertaba pensando que vería a su papá, eso estaba claro, pero luego el día iba pasando, y otro día, y otro, y había muchas cosas que hacer. Todavía seguimos espequeña Derringer para el bebé, enseñarle rápidamente cómo apuntar a los bastardos; pero ellos siguieron su camino, Jesse y yo no íbamos a hacerles perder su precioso tiempo, antes de que el polvo se deposipaz y la tranquilidad. Pero eso no es para mí.

– Bueno. ¿Y qué hace el pequeño Jesse?

– Camina, habla, no le tiene miedo a ningún hombre por gran__bación.de que sea, y cualquier día de éstos se subirá a un coche y se pondrá al volante. Willow y Holt tienen una pequeña finca en el norte de Nuevo México, casi siempre está allí con ellos cuando yo viajo. -Lo miró a los ojos, como si buscara la forma que adoptaría su desapro

Pero Frank estaba demasiado atareado sonriendo como un tío.

– Sería agradable verlo antes de que sea demasiado rápido para mí.

– Demasiado tarde. Para colmo, ya está jugando también con la di_namita. -Y añadió, antes de que Frank tuviera tiempo de decir nada-: Sí, igual que su papá.

Más tarde, fuera, cuando regresaban de un paseo por la orilla del polvoriento río verde, Frank vio, acercándoseles rápidamente por detrás a lo largo de la acera, casi como un espejismo en el estruen__trópolis del mal, caras o, al menos, maneras de andar que podría haber visto antes.do de calor y luz, a dos tipos locales que parecían salidos de alguna me

– Si ésos son amigos tuyos…

– Oh, vaya. Debe de ser el viejo Hatch y su colega del día.

Ella no se dio la vuelta para mirar, pero rebuscó con naturalidad en el interior de su gabardina y sacó una pequeña pistola de cañón superpuesto. Se puso a juguetear con la sombrilla, supuso Frank que para distraerse.

– Bueno -dijo él comprobando su propia arma-. Esperaba un poco más de calibre, pero me alegra ver que vas armada; a ver, uno por bar_ba, ¿qué te parece? No parecen demasiado profesionales.

– Es un placer volverla a ver en público, señorita Estrella. ¿Es éste su novio?

– ¿Y éste es tu novio, Hatch?

– No buscamos líos -avisó el otro-, sólo queríamos ser buenos vecinos.

– Hay mil kilómetros vacíos entre aquí y Austin -añadió Hatch-, a veces sólo puedes contar con los buenos vecinos.

Nadie llevaba ningún arma que Frank pudiera ver, pero estaban en la ciudad.

– Bueno, vecinos -la voz de Stray mantenía un suave tono de con__cho tan largo camino para nada.tralto-, estáis muy lejos de vuestro barrio, y me fastidia que hayáis he

– Eso sería fácil de arreglar, supongo.

– Claro, si no fuera más que un simple y maldito robo.

– ¿Oh? ¿Quién de los aquí presentes es un maldito ladrón? -pre_guntó Hatch con lo que alguien le debía de haber dicho que era un tono amenazante.

Frank, que había estado vigilando los pies del hombre, dio un paso corto ladeado para conseguir un acceso más rápido a su Pólice Special. Mientras tanto, se desabotonaron los abrigos, las alas de los sombreros se reajustaron al ángulo del sol y se produjo una perceptible disminu_ción del tráfico de transeúntes alrededor del pequeño grupo.