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Aunque no hacía mucho que se había visto obligado a disparar a Sloat Fresno y mandarlo al Más Allá, y todavía no había abandonado la esperanza de hacerle lo mismo a su socio, Frank continuaba abri____________________dría haberse dado cuenta y estarse planteando la interesante cuestión de hasta qué punto iba a respaldar a su secuaz.bía dejado muchas vacilaciones morales a lo largo del camino, y este Hatch, que tal vez tenía menos propensión que él a lo homicida, pogando demasiadas dudas sobre el recurso al gatillo como para ir por ahí repitiéndolo con cualquiera…; pese a todo, no podía negar que ha

Pues en realidad el problema era su secuaz. Un tipo nervioso. Cabello rubio, el sombrero echado hacia atrás de manera que la am____________________tre dientes la popular cancióntando lentamente una postura que sólo los más imprudentes habrían tomado como coquetería. La luz del día se había espesado, como antes de una tempestad en las praderas. Nadie hablaba ya mucho, así que Frank supuso que la introducción oral había acabado y se les echaba encima el desenlace práctico. El secuaz élfico silbaba suavemente enplia ala creaba una especie de halo alrededor de su cara, mirada baja y brillante, y orejas puntiagudas como las de un elfo. Frank comprendió que era el que le había tocado en suerte, pues Stray había ido adop Daisy, Daisy, que desde la famosa répli__ba con un descaro no exento de compasión a los ojos de su victima, esperando el gesto fatídico.ca de Doc Holliday a Frank McLaury en O.K. Corral era una especie de código telegráfico entre los pistoleros para designar el cementerio en el que acababan quienes morían con las botas puestas. Frank mira

Desde un lugar indeterminado:

– Vaya, hola a todos -intervino una voz-, ¿qué estáis haciendo? -Era Ewball Oust fingiendo no ser un anarquista frío y de mirada si_niestra que había dejado muy atrás cualquier duda práctica sobre sus actividades, en las románticas brumas de su juventud, cuando quiera que ésta hubiera sido.

– Mierda -dijo el tipo de orejas puntiagudas en un suspiro no correspondido.

Todos, cada uno a su ritmo, procedieron a reubicar sus yos coti_dianos.

– Ha sido un placer volver a verla -dijo Hatch como si se dispu_siera a besar la mano de Stray-, y no tenerla ya por una extraña.

– Hasta la próxima -dijo el secuaz asintiendo, con una sonrisa con_movedora dirigida a Ewball-; a lo mejor en la iglesia. ¿A qué iglesia van? -preguntó con voz zalamera.

– ¿Yo? -se rió Ewball con mucho más humor del que el momen_to propiciaba-. Soy mexicano ortodoxo. ¿Y tú, qué me dices, amigo?

Después de lo cual el secuaz dio un par de vacilantes pasos hacia atrás. Stray y Hatch intercambiaron una mirada sobre la copa del som_brero que él tenía en la mano.

– Siento haber llegado tarde -dijo Ewball.

– Has llegado justo a tiempo -dijo Frank.

– Mi guardián -Frank presentó a Ewball a Stray. Habían renun__tados en una cantina en la otra orilla del río-. Se preocupa por mí a todas horas.ciado a buscar un local de bebidas decente en El Paso y estaban sen

– ¿Estás metido en este negocio? -preguntó Stray con una mira_da más chispeante, le pareció a Frank, de lo que requería una charla de trabajo.

Ewball desplazó la mirada dos o tres veces entre ella y Frank an_tes de encogerse de hombros.

– Lo lleva casi todo Frank. -Esperó un segundo antes de añadir-: Al menos esta vez. Yo sólo pasaba por aquí para asistir a una conven_ción de abstemios.

– Ella tiene la mercancía, Ewb -dijo Frank-, y estamos decidiendo el lugar de encuentro. Al fin y al cabo, parece que Dwayne jugaba limpio esta vez.

– Estoy esperando el regreso inminente del pequeño Jesús cual_quier día. -Ewball se acabó su vaso de tequila, cogió la cerveza de Frank para rematarla, se levantó y tomó la mano de Stray-, Ha sido un placer, señorita Briggs. Chicos, portaos bien. Todos los ojos de Texas os contemplan.

– ¿Dónde estarás más tarde? -preguntó Frank.

– Por lo general, la medianoche me encontrará en la cantina de Rosie.

– En el sur de la ciudad, si no recuerdo mal -dijo Stray-, un poco a las afueras.

– Por suerte sigue abierta, es una pequeña y alegre cantina, ¿no era la que tenía alguna bailarina presentable?

– Justo ésa. La LLO hace algo de ruido, pero no demasiado desde que sus diecisiete cowboys a caballo empezaron a patrullar.

Después de que Ewball saliera, ella se quedó mirando a Frank un momento.

– Esperaba verte más, no sé, tranquilo, más frío, a estas alturas. Como les pasa a los hombres a veces.

– ¿A mí? Soy el mismo culo de mal asiento de siempre.

– Tengo entendido que encontraste a Sloat Fresno.

– Por suerte.

– Y eso no…

– Estrella, a lo mejor hay jovencitos por ahí a los que una muesca convierte en tipos duros, pero los caballeros de cierta edad no siempre tenemos tantas ganas de hacer carrera con el gatillo.

– Pues parecías más que dispuesto a cargarte al amigo de Hatch hace un rato.

– Oh, pero ellos no parecían nada serio. Lo de Sloat era algo que tenía que hacerse.

Ella pareció vacilar.

– Tenía que hacerse. Porque… ¿qué?, ¿porque Reef no lo hizo?

– Reef está por ahí haciendo lo que esté haciendo, nada más. Aquella vez simplemente tropecé con Sloat. Y no he tenido la mis__co por mi parte.ma suerte con Deuce, así que el bueno de Sloat puede que sea el úni

– Ya llevas bastante tiempo con esto, Frank.

Él se encogió de hombros.

– Mi padre sigue muerto.

Frank, que durante el día nadie hubiera dicho que se dejara lle____________________rededor. Lake nunca aparece. Frank quiere dez que se yergue ante él. Por lo general, Reef y Kit también andan por allí, aunque su cercanía depende del silencio que haya a su albién se refiere al lado de la pared en el que está Webb, y espera que el doble sentido baste, que sea lo bastante potente o elegante, como una contraseña en un cuento antiguo, para franquearle la entrada. Aunque intenta controlarse, su llanto, en cierto momento, pasará de la pena a una rabia áspera, a un ataque temerario contra la sorda soliso llora: «Papá, ¿creíste alguna vez que yo servía para algo?, ¿no me quieres contigo?, ¿a tu lado?». En el sueño, entiende que «lado» tampes cada vez más desesperados de Frank. Que al final suplica, inclumente de matiz, la geometría a profundizarse y variar, e igual de inesperadamente se abra la ruta hacia algún lejano interior hasta ese momento ni siquiera soñable, un pasaje cuya posible salida se halla tan adelante, tan alejada en el sueño que no le preocupa. El cielo está siempre despejado y gris, con esa luz de última hora de la tarde que se va desvaneciendo. Gracias a la clarividencia de los sueños, Frank está convencido de que ve, y de hecho lo ve, a su padre al otro lado de la puerta cerrada, negándose a hacer caso de las llamadas a goltual, no exactamente, que llegue la hora no señalada en que por fin las sombras en los bordes de la puerta empiecen a cambiar lentatrole quién entra y quién no; una puerta lisa, que apenas se distingue de la pared en la que está encajada, silenciosa, inerte, sin manija ni pomo, sin pestillo ni cerradura, tan bien engastada en la pared que ni siquiera puede introducirse entre ambas la hoja de un cuchillo… Podría esperar al otro lado de la calle, montar guardia toda la noche y el día y la noche siguientes, suplicando, aunque no al modo habipre la misma puerta, encajada en una pared, puede que en el centro anónimo de una manzana urbana, sin vigilancia, sin nadie que convar demasiado por su imaginación, se veía asaltado de noche por un sueño recurrente sobre Webb, en diversas versiones. Está ante una puerta que no se abre, a veces de madera, otras de hierro, pero siempreguntar dónde está, pero como sus motivos son visiblemente impuros, cada vez que in__palda y es entonces cuando se despierta, en las tierras fronterizas de las primeras horas de la madrugada, tras haber comprendido que el sueño es un preludio y un acercamiento a lo que le aguarda más adentro.tenta hacerlo o que siquiera lo parece, sus hermanos le dan la es