– El de decirnos que no deberíamos hacer esto.
– ¿Construir túneles?
– Tender vías férreas.
– Pero nosotros no lo hacemos -señaló Reef-, lo hace la gente que nos paga. ¿Ven ellos alguna vez la Tatzelwurm?
– Los visita en sus sueños.
– Y entonces tiene nuestro aspecto -añadió Flaco.
Reef debería haber sabido qué iba a pasar cuando soplara el favogn. De repente, veteranos curtidos en inundaciones de aguas hirvientes, explosiones y derrumbamientos de galerías se volvieron lánguidos y apáticos ante el asalto de este viento cálido, seco e implacable, capa__ladradora. Se suponía queces apenas de levantar una taza de hojalata, mucho menos aún una ta el favogn procedía del desierto del Sáhara, como el siroco, aunque había debates interminables al respecto. El viento estaba vivo. Hablar de la compresión dinámica y de los gra_dientes adiabáticos no tenía tanto peso como la certidumbre de su intencionalidad consciente.
Desde hacía ya años, el túnel en construcción era una escala ha_bitual para los balneomaniacos ociosos de la época, que viajaban de balneario en balneario, por toda Europa y más allá, adictos a las aguas minerales, buscadores de compuestos de elementos que todavía no se habían descubierto, de algunos de los cuales se rumoreaba que proporcionaban rayos terapéuticos a los que todavía no se les había asignado letra en ningún alfabeto, aunque los conocían y hablaban sobre ellos los cognoscenti de balnearios desde Baden-Baden a Wagga Wagga.
Un día se presentó un grupo de esos visitantes, una media doce__dos más o menos aletargados por el viento. Con una excepción:na, tras avanzar a tientas a través de nubes de Moazagotl y demás. To
– Oh, vengan a ver a estos graciosos hombrecitos con sus grandes bigotes, corriendo por ahí en ropa interior y colocando dinamita, ¡es divertidísimo!
Reef se quedó consternado al reconocer la voz de Ruperta Chir_pingdon-Groin. Por Cristo Bendito, ¿cuánto tendría que correr para no cagarla otra vez y revivir los mismos errores, sin duda uno por uno? Acercándose, con una vieja y conocida sensación vibrándole entre el pene y el cerebro, echó un vistazo con cuidado.
Ay, chico. Deseable como siempre, puede que más, y en cuanto a su nivel de ingresos, bueno, la piedra que centelleaba en la penumbra subterránea parecía bastante real, y apostaría su salario a que el vesti__ciándose sin vergüenza. Esa galantería llamó la atención de Ruperta durante un rato, hasta que miró bien y finalmente reconoció a Reef.do que lucía venía directamente de París. Un par de perforadores más miraban también boquiabiertos, incapaces de cerrar la boca, acari
– Vaya, tú otra vez. ¿Por qué no te has sacado también la tuya, o es que me he vuelto tan poco atractiva?
– Me habré olvidado de qué hacer con ella -respondió Reef ra_diante-, esperaba que tú me lo recordaras.
– Después de lo de Nueva Orleans ni siquiera sé si debería hablar contigo.
Un joven caballero italiano de edad universitaria, vistiendo lo que parecía un traje de caza retocado para actividades de montaña, se adelantó:
– Macché, gioia mia, ¿algún problema con este troglodita?
– Cálmati, Rodolfo. -Ruperta empuñó con más firmeza el ele_gante bastón de montañero de ébano que llevaba, con la impaciencia justa para que su acompañante se diera cuenta y quedara advertido-. Tutto va bene. Un amico di pochi annifa.
El joven dirigió una breve y perversa mirada a Reef, retrocedió y fingió que recuperaba el interés por la perforación hidráulica.
– Me alegra ver que mantienes los estándares -asintió Reef-, para qué ser una desclasada.
– Pasaremos un par de noches en Domodossola. En el Hotel de la Ville et Poste. Estoy segura de que lo conoces.
Ella se divertía esperando a que Rodolfo se quedara dormido y luego engalanándose con seda artificial púrpura, envuelta en bisutería de ambroides, para ir con las chicas que merodeaban en la salida del túnel, y a menudo se la encontraba a una hora avanzada de la noche a gatas en Calvary Hill, penetrada por una pequeña cola de trabajadores del túnel, con frecuencia dos a la vez, que la maldecían en lenguas des__sión que se le presentó.conocidas, y pareció ansiosa de contárselo a Reef en la primera oca
– Manos grandes y endurecidas por el trabajo -murmuró-, ma__pre Usa y suave, aquí, toca aquí… ¿te acuerdas…?gullándome, arañándome, y eso que procuro mantener la piel siem
Reef, que siempre sabía lo que ella quería (al fin y al cabo, Ruper__fo en una habitación contigua, jodieron hasta llegar a una explosión mutua memorable sólo hasta la siguiente vez, que iba a ser al cabo de un rato.ta no presentaba ninguna complicación cuando se trataba de follar, y, para serles sincero, ésa era una de sus mayores ventajas), la agarró con cuidadosa brutalidad, le aplastó la cara entre las almohadas, desgarró su ropa interior de Uno cara y, a pesar de la presencia del joven Rodol
Sin embargo, el momento decisivo no llegó sino en el curso de uno de los largos monólogos poscoitales que Ruperta creía necesa__garrillo.rios y que a Reef habían acabado por parecerle relajantes. Estaba a punto de quedarse dormido cuando el nombre de Scarsdale Vibe emergió en la corriente de la charla ociosa, y entonces buscó otro ci
– Me suena el nombre.
– Eso pensaba. Uno de tus semidioses americanos.
– ¿Y ahora anda por aquí?
– 'Tesoro', tarde o temprano todos acaban por aquí. El tal Vibe ha estado comprando arte renacentista con una prisa indecente incluso para un americano. Según los cotilleos, su siguiente objetivo es Vene_cia. A lo mejor hasta la compra entera también. ¿Es amigo tuyo? Me cuesta imaginármelo, pero pronto iremos a Venecia, y allí quizá puedas presentarnos.
– No sabía que estaba invitado.
Lo miró de arriba abajo y, posiblemente a modo de invitación formal, le asió el pene.
Philippe había sido alumno de la infame prisión infantil parisina conocida como la Petite Roquette, y desde pequeño había aprendi__tura trascendente, en la que el túnel haría las veces de ábside.do a apreciar los espacios institucionales. Sentía especial debilidad por las catedrales y le gustaba imaginarse esa montaña como una estruc
– En una catedral, lo que parece sólido nunca lo es. Las paredes es____________________terrumpió un grito.cen a fondo. Son los sacerdotes de su propia religión oscura… -Lo inres, con un escondrijo dentro de otro, y las Tatzelwurms se la conotán huecas por dentro. Las columnas contienen escaleras de caracol. Esta montaña es aparentemente sólida, pero en realidad está formada por una serie de arroyos de aguas calientes, cuevas, fisuras, corredo
– Ndih'mé! -Procedía de una pequeña galería lateral-. Nxito!
Reef entró corriendo en el olor de los puntales de pino recién colocados y vio la Tatzelwurm, mucho más grande de lo que le ha__timidar a sus víctimas, como si las hipnotizara para que se rindieran a su destino, y parecía que le estaba saliendo bien con el albanés.bían hecho creer, sobre Ramiz. La criatura utilizaba la mirada para in
– ¡Eh, campeón! -gritó Reef.
La Tatzelwurm volvió la cabeza como un látigo y le miró direc_tamente a los ojos. Ya te he visto, era el mensaje, eres el siguiente en mi lista. Reef buscó algo con lo que golpear. El pedazo de broca que lle__sibilidad era ir a por el martillo pilón. Cuando se le ocurrió, había pasado algo raro con la luz, pues habían aparecido sombras donde no debería haberlas y la Tatzelwurm había desaparecido.vaba en la mano estaba desgastado y era demasiado corto, los picos y palas más próximos no estaban a su alcance, parecía que su única po
Ramiz, que había ido a trabajar en ropa interior, tenía un largo tajo en la pierna por el que sangraba abundantemente.