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A Kit y a Yashmeen les pareció más bien la venganza de la Alema____________________te de lima tras una dieta constante de patos asados y productos de oca variados.rición de una laxitud espesa como la grasa, una rendición progresiva al desvergonzado primitivismo alemán que se cernía por todas partes. Suiza apareció justo a tiempo, elevándose ante ellos como un sorbenia Profunda contra la moderna era del vapor. Compraron sándwiches en la cafetería y se mantuvieron cerca del tren, aferrándose con creciente desesperación a la maquinaria de transporte frente a la apa

Ante la tumba de Riemann, ella se quitó el sombrero y se quedó con la cabeza inclinada, permitiendo que el viento de la montaña hi_ciera lo que quisiera con su pelo.

– No -dijo como si respondiera a una voz que acabara de suge_rírselo-. Creo que no debería llorar.

Kit esperó con las manos en los bolsillos, respetando lo que fuera que la tuviese tan dominada.

– En Rusia, cuando era niña -prosiguió Yashmeen al cabo de un momento-, no debería recordarlo ahora, pero, no sé por qué, me ha venido a la cabeza, vagabundos, hombres que parecían desquiciados, llamaban a nuestra puerta buscando refugio, como si tuvieran dere_cho. Eran stranniki…, en el pasado habían llevado una vida como la de los demás, tenían su familia y su trabajo, una casa llena de muebles, juguetes de niños, sartenes y ollas, ropa, todo lo que acarrea una vida doméstica normal. Entonces, un día, sencillamente, abandonaron, salieron por la puerta y se alejaron, se alejaron de todo cuanto los hu____________________gando. La gente los llamabacubrir, tal vez sin buscar nada que tuviera un nombre, tal vez sólo vaños y melodramas, cuya sangre y deseo nosotros empezábamos a destábamos historias sobre aquellos embajadores de algún misterioso país remoto, incapaces de volver a su hogar porque el camino de vuelta estaba oculto. Tenían que seguir vagando por el mundo, cuyos engabién comprendíamos que era nuestro deber ayudarlos en su tránsito. En su misión sagrada. Incluso cuando ellos estaban debajo de nuestra casa, dormíamos tan tranquilos como siempre. Tal vez más. Nos conbierno los temía más que a los socialdemócratas, más que a los que tiraban bombas. «Muy peligrosos», nos decía mi padre, y sabíamos que no se refería a que fueran peligrosos para nosotros, como tamca lealtad era para con Dios. En mi pueblo, y se decía que en toda Rusia, las familias habían excavado habitaciones secretas bajo las casas para que estos hombres pudieran descansar durante sus viajes. El godo, mucho menos ante el Zar, sólo Dios podía reclamarles y su únibiera retenido allí: la historia, el amor, las traiciones perdonadas o no, las posesiones, nada importaba, ya no eran responsables ante el mun podpol'niki, hombres del subsuelo. Suelos que antes habían sido sólidos y firmes se trocaron en velos sobre otro mundo. No era el día que conocíamos lo que proporcionaba a los stranniki su luz.

Kit tuvo uno de esos momentos de comprensión extralógica más apropiados para el trabajo matemático.

– Entonces, dejar Gotinga…

– Dejar Gotinga. No. Nunca dependió de mí -dijo como si in____________________biera vial. No cuando significa el exilio a… -en el gesto que hizo no acabó de incluir a Kit- esto. Fueran cuales fuesen las esperanzas que yo humorado aquí cuarenta años como si esperara la única confesión junto a su tumba que no podía perderse-, ni se debió a ninguna razón tritentara explicárselo a Riemann, a la fracción de él que se había deabrigado sobre la función sobre la nueva geometría, sobre la trascendencia mediante cualquiera de esas teorías, tenía que abando____________________pulsado del jardín. Ahora, en una Línea de Universo bastante suave, llega esta terrible discontinuidad. Y en la punta más lejana, descubro que también soy unacales por la muralla alrededor de la ciudad vieja. Ahora me han extación, ninguna profecía, ningún plan, sólo estaba a salvo…, a salvo en mis estudios, entrando y saliendo cómodamente por las puertas de las farsas y los flirteos diarios, disfrutando de tranquilos paseos domininarlas, como reminiscencias de la credulidad de una jovencita, una chica a la que ya apenas conozco. En Gotinga no tuve ninguna visi strannik. -Sus extraordinarios ojos seguían cla____________________cho, los teoremas, las demostraciones, las dudas, el estremecimiento que te deja sin respiración ante la belleza de un problema irresoluble, todo lo cual tal vez no fuera más que una ilusión.cia otro tipo de alma, en el que debemos desprendernos de todo, no sólo de los objetos que poseemos sino de cuanto hemos tomado como «real», todo lo que hemos aprendido, todo el trabajo que hemos hecontraremos en una situación de partida eterna. Partimos para morar noche tras noche en los subsuelos de Europa, en otro tipo de viaje harencia durante un tiempo, nos permiten ver cosas particulares y luego nos hacen seguir adelante, sin tener en cuenta qué habíamos llegado a sentir por ellos. Nos vamos, y me pregunto si ahora, tal vez, no nos envados en la tumba-. Hay mentores. Mentores que nos sirven de refe

A él le pareció que ella lo estaba expresando demasiado dramáti_camente:

– Abandonar todo eso -Quería encender un cigarrillo, pero se contuvo, tenso-. Un gran paso, Yashmeen.

Ella miró un rato a través del viento hacia Monte Rosso, y los ilu_minados picos suizos de detrás.

– Era tan fácil olvidar este mundo de aquí, con sus enemigos, in__día elegir, pero Kit, tú…, tal vez, después de todo, nadie tenía derecho a preguntar…trigas y secretos pestilentes… Sabía que me reclamaría otra vez, no po

– Sólo un inocente cowboy americano que no sabe dónde se ha metido. ¿Por qué dices, que no podías «elegir»? ¿Quieres explicarme qué está pasando?

– No. En realidad no.

Yashmeen había acordado volver a ponerse en contacto con ele____________________ces causaba furor en Europa. Tuvieron que dar vueltas durante veinte minutos antes de hacerse siquiera una idea de cómo preguntar una dirección. De alguna parte llegaban sonidos de una orquesta de baile, aunque todavía era bastante temprano.cía una variadísima gama de posibilidades para satisfacer todos los gustos, desde el más espantoso kitsch hasta la austeridad de antesalas de la muerte que se ajustaban a la moda chic del tísico que por entonbía si sería bien recibido. Era un establecimiento gigantesco, que ofrementos del CRETINO en el célebre Sanatorium Bópfli-Spazzoletta, en la orilla suiza del Lago Maggiore. Kit la acompañó, aunque no sa

– Compórtate con normalidad, Kit. Y no digas mi nombre.

En cualquier caso, Kit habría tardado como mínimo un minuto en reconocer a Reef -no podía ser otro-, dado que su hermano había experimentado ciertos reajustes: el sombrero era un Borsalino negro de copa alta al que le había modificado el ala para que al menos le protegiera de la lluvia, el traje no parecía de corte americano, llevaba el pelo más largo y extrañamente engominado, se había quitado el bi____________________tonces, y el resto del tiempo cansado y distante.ricanas: bien parecido cuando la situación lo requería, pero sólo encunstancias tan duras que era imposible no reconocerlas como amegote. Kit lo habría tomado por un turista procedente de algún lugar de la Europa Profunda, de no ser por la voz y por la antigua y afable inclinación de la cara, maltratada por muchos años viviendo unas cir