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– Ha pasado mucho tiempo desde las San Juan -farfulló Kit-, ¿de dónde coño sales? -preguntó sintiendo la sigilosa llegada de la emo_ción. Pero Reef se mostró cauto.

– He estado construyendo túneles para el ferrocarril -dijo hacien____________________tes por Newport, Rhode Island, jugando a polo o lo que sea?guieron sentados un rato, asintiendo y sonriendo-. Una partida de cartas en los balnearios, de vez en cuando. Y tú, ¿cómo es que no estás en Estados Unidos, codeándote con aquella pandilla de veraneando un gesto hacia fuera con la cabeza-, por los Alpes, aquí y allá. -Si

– Supongo que podría decirse que estoy huido. -Mientras, Reef negaba lentamente con la cabeza y fingía una risa burlona. Kit le con____________________ble ese momento.to delicado, algo que tenía que ver con su padre y un terrible cálculo, con hermanos que volvían a encontrarse, con caminos, promesas y demás que se cruzaban de nuevo, y Kit quería posponer todo lo posigresar, pero… -Pero no se le ocurría cómo seguir. En algún punto, no muy por debajo de esas formalidades de rigor, esperaba un momenberme bajado del tren antes de Glenwood Springs, dar la vuelta, retó una versión resumida, hasta el momento en que vio a Foley en Gotinga-. En realidad, todo se fastidió nada más empezar, debería ha

Reef reconoció su incomodidad.

– Una de estas noches no nos acostaremos e intercambiaremos los reproches que hagan falta; mientras tanto, date por contento con ha_ber resistido más que yo, al menos.

– Sólo por ser un estúpido. Sólo por ser corto de entendederas. No puedo creerme que tardara tanto en darme cuenta. -Kit estaba sentado, mirando al suelo como si éste estuviera a punto de hundirse, asintiendo como si se escuchara a sí mismo.

Se acercó un camarero y Reef le pidió algo en un dialecto que le deparó una socarrona segunda mirada por encima del hombro.

– Como si el tipo nunca hubiera oído italiano de túnel.

Ruperta Chirpingdon-Groin y su grupo habían descendido por el túnel San Gotardo a través de leguas y leguas de picos semejantes a olas oceánicas congeladas, que se desvanecían en una luz implacable, ten____________________sical repetido que tocaba un cuerno alpino.tela del Bópfli-Spazzoletta. Desde algún lugar llegaba un motivo mucos de montacargas. Se habían apeado del tren en Bellinzona, donde los esperaba la diligencia motorizada del Sanatorium para llevarlos a la afamada institución que dominaba las orillas suizas del Lago Maggiore. Las cabras que pastaban junto a la carretera volvían la cabeza a su paso, como si estuvieran familiarizadas desde hacía mucho con la cliense tontamente, bastantes de ellos británicos, corriendo por los pasillos, saltando por los balcones a los montones de nieve amontonados por el viento, escondiéndose en las despensas de servicio y cayendo por huetales, sólo para que el correo llegara a alguna de las oficinas oficiales del servicio postal suizo, establecimientos atestados de bobos riéndodiendo a la eternidad, por un circuito de hoteles y balnearios alpinos tan remoto que los hoteles tenían que emitir sus propios sellos pos

Aunque no estaba preparado para compartirlo con su hermano, ni siquiera Reef se había librado de la locura que reinaba allí.

– ¿Qué clase de perro es ése? -le preguntó a Ruperta en un mo_mento dado.

– ¿Mouffette? Es una papillon…, una especie de perro faldero, una lamechichis de las damas francesas, vamos.

– Una… ¿cómo has dicho? -los engranajes de su cerebro arranca____________________cesas» con la lengua, para el goce de su dueña-: ¡Vaya! Las dos estaréis muy…, muy unidas en ese caso, ¿me equivoco?perta había enseñado a su spaniel enana a proporcionar caricias «franron-, ¿«lame»…, un perro francés que lame? -Intuyendo ya que Ru

– Amooo a mi pequeñina guauguau, ¡claro que sí! -dijo estrujando al animal, casi parecería que dolorosamente, de no ser por el visible placer con que Mouffette hacía ojitos.

– Umm -dijo Reef.

– Y hoy tengo que cruzar el lago, y los señores viejos y malos de ahí no permiten que mi preciosa chuchita venga con mami, y las dos nos preguntábamos si el bueno de tío Reef la cuidaría todo el día, y se encargaría de que reciba su filete picado y su faisán hervido, porque ella es muy particular.

– ¡Claro, faltaba más! -La imaginación se le disparó. ¡El día ente_ro a solas con una perra «lamedora» francesa!, ¡que sin duda estaría más que dispuesta a hacerle a Reef lo que ya le hacía a la buena de 'Pert aquí presente!, ¡que, de hecho, a lo…, a lo mejor llevaba todo este tiempo babeando por un pene, sólo para variar, y sabría un montón de tru_cos! Y…, y…

Ruperta se tomó su tiempo para acicalarse a la perfección y sacar su polisón por la puerta. Reef se encontró dando vueltas arriba y aba_jo y fumando, y cada vez que echaba un vistazo a Mouffette habría ju__jer, habría considerado coquetas. Por fin, tras una larga despedida, llamativa por el copioso intercambio de saliva,rado que ella también estaba inquieta. Tenía la impresión de que la perra le lanzaba miradas de reojo que, de haber procedido de una mu Mouffette caminó len__traba su confianza en que él no se molestaría. Todo lo contrario, la única reacción de Reef fue una erección.ta y silenciosamente hacia el diván, donde Reef estaba sentado, y de un salto se acomodó a su lado. Subirse a los muebles era algo que Ruperta raramente le permitía y el modo en que miró a Reef mos Mouffette la miró fijamente, apartó la mirada, la volvió a depositar en la zona y de repente saltó sobre su regazo.

– Uy, uy, uy. -Acarició a la diminuta spaniel un rato hasta que, sin previo aviso, ella se bajó de un salto del diván y entró lentamente en la habitación, volviendo la mirada sobre el lomo de vez en cuando. Reef la siguió, se sacó el pene, resoplando-. Ten, Mouffie, un bonito y gordo hueso de perro para ti, mira esto, ¿has visto muchos última_mente? Vamos, huele bien, ¿verdad? ¡Umm, yum! -y demás; mientras tanto, Mouffette ladeó la cabeza, se acercó y olisqueó con curiosidad-. Así, muy bien, ahora, aaabre…, buena chica, mi buena Mouffette, ahora vamos a poner esto… ¡uaaaag!

Lector, le mordió. Tras lo cual, como sorprendida por la vehe_mencia de la reacción de Reef, Mouffette saltó de la cama y, mien__ba raro.tras él iba a buscar un cubo de hielo, se escapó al inmenso hotel. Reef la persiguió durante un rato, hasta que notó que el personal lo mira

Durante los días siguientes, Mouffette aprovechaba cada ocasión que se le presentaba para saltar al regazo de Reef y mirarle a los ojos -con sarcasmo, le parecía a él-, abriendo la boca sugestivamente, a ve_ces incluso babeando. En cada una de esas ocasiones, Reef se esforzaba por no encogerse. Y Ruperta, exasperada, gritaba:

– Francamente, no es para tanto, no es que quiera morderte.

– Reef, permíteme que te presente a la señorita Yashmeen Half_court. Yash, este caballero de pinta tan rara es mi hermano Reef.

– Un placer, señorita Halfcourt.

– Señor Traverse. -Por un instante creyó estar viendo a Kit y a su doble un poco envejecido o gravemente lesionado-. Veo que ha en_trado en la alta sociedad -dijo dirigiendo la mirada hacia el grupo de Chirpingdon-Groin.

– Es el azar de las vías, señorita -un reajuste pícaro que Kit ya había visto muchas veces empezó a asomar en los rasgos de su her_mano-, resulta que un día necesitaban un cuarto jugador para el juego que llaman bridge «de subasta», ahora de moda en los clubs de Londres, según me han dicho, se dan muchos más puntos que en el bridge normal, ¿sabe?, aquí si uno juega a tanto el punto, bueno…

– Ahí estaba el viejo y melancólico encogimiento de hombros, como si dijera: «Pobre de mí, ¿qué le voy a hacer? Es mi maldición, nunca he sa_bido resistirme a un buen bote». Kit tuvo que esforzarse para no mirar al techo.