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En algún lugar, más adelante, en la bruma del futuro, entre aquí y Venecia, estaba Scarsdale Vibe. La convergencia que Kit había evitado definir aguardaba su hora. Al hombre se le había permitido seguir de__se. Lo único que poseía.masiado tiempo con sus deshonrosos manejos sin recibir castigo. Que era lo único que le quedaba a Kit. Lo único a lo que podía aferrar

A medida que la luz empezaba a filtrarse por los bordes de las persianas de la ventana, Kit se durmió de nuevo y soñó con una bala encaminada al corazón de un enemigo, una bala que viajaba durante muchos años y recorriendo muchos kilómetros, que topaba de vez en cuando con algo y salía rebotada en un ángulo diferente, pero si__dió que ese zigzagueo a través de un espacio-tiempo tetradimensional podía expresarse como un vector en cinco dimensiones. Fuera cual fuese el número de dimensionesguiendo viaje como si fuera consciente de su destino, y él compren n que la bala habitara, un obser_vador necesitaría una más, n + 1, para verla y relacionar los extremos, y así obtener una única resultante.

Mientras Kit pasaba inquieto el momento mortecino e infruc__por con un número indeterminado de turistas erotómanas, Ruperta Chirpingdon-Groin ponía punto final al jugueteo de toda la noche con Yashmeen, la mayor parte del cual, lamentablemente, se había perdido en negociaciones: no había posibilidad de dulce igualdad, ni siquiera de simetría. Como tuoso de la noche que los chinos que conocía llamaban la Hora de la Rata, y Reef se entretenía en un baño hidropático lleno de vaeste proceso de regateo y fintado, coque_teo y engaño conllevaba su propia energía erótica de baja intensidad, aparentemente no degeneró en una fastidiosa tarea como ocurre a menudo cuando se da entre hombres y mujeres, así que la larga velada no fue un desperdicio total. Yashmeen había tenido un respiro de diez minutos de sus preocupaciones por su incierto futuro, y los celos de Ruperta, una bestia con una dieta exótica, se habían saciado. A las mujeres les sorprendió encontrarse un cielo lleno de luz matinal al otro lado de las cortinas, con el sol a punto de iluminar los picos y un par de veleros ya en el lago.

Todo el mundo enamorado del amor, salvo, al parecer, Kit, por cuyos deseos nadie preguntaba, y menos que nadie, él mismo. Cuan__ganza.do Yashmeen y él se encontraron en el Kursaal avanzado el día, los dos estaban desorientados por la falta de sueño, y él le anunció, no sin cierta brusquedad, su desvío a Venecia con propósitos de ven

– ¿Puedo aclararlo con el Hermano Swome? Dice que tengo que tomar el tren para Constantza, y, según el horario que me dio, se tar_da un poco más en llegar allí. ¿Cuánta prisa crees que tiene?

– Me parece que lo que les importaba era sacarme de Gotinga. Tú les venías bien para eso, y has cumplido tu tarea. Ya no tienes que sen_tirte obligado con ellos.

– Pero de esto…, de este otro asunto, tenemos que ocuparnos mientras podamos. Y dado que Reef cree que me necesita para que le cubra, no puedo desentenderme. Pase lo que pase, será rápido.

Ella lo miró, con el entrecejo fruncido.

– Entonces es una suerte que tu billete sea para Kashgar, ¿no?

– A lo mejor no pasa nada.

– O puede que te maten.

– Yashmeen, ese hijo de puta ha destruido mi familia. Lo que soy…

– No es más que envidia. Tú tienes la suerte de saber a qué ate_nerte. Un nombre, alguien a quien hacer responsable. La mayoría de nosotros sólo podemos esperar, sentados como bobos, a que algo surja de la oscuridad, golpee y vuelva al lugar de donde ha salido, como si fuéramos demasiado frágiles para un mundo de familias felices, cuyos destinos tranquilos requiriesen el sacrificio del resto de nosotros.

– Pero si estuvieras en mi lugar, y tuvieras la oportunidad…

– Claro que lo haría. Kit. -Le puso una mano sobre el brazo sólo el tiempo justo-. Ya no soy yo quien decide mis planes, la gente del CRETINO cree que les debo mi prolongada supervivencia y ha deci_dido que éste es el momento de cobrar su deuda.

– ¿Así que te llevan de vuelta a Londres?

– Primero iremos a Viena, luego a Buda-Pest. Por cierto miste__tegridad del estudio.rioso auge de actividad en la Investigación Psíquica. Intuyo que voy a ser utilizada como sujeto experimental, pero cuando pregunto los detalles me dicen que si yo supiera demasiado comprometería la in

– ¿Merece la pena escribirte a la atención del CRETINO, o abri_rán y leerán tu correo?

– Ojalá lo supiera.

– Entonces, ¿de quién podemos fiarnos?

Ella asintió.

– Noellyn Fanshawe. Estudiamos juntas en Girton. Aquí tienes su dirección; pero no esperes respuestas rápidas.

– Y tu padre…

Ella le dio un sobre sellado del Sanatorium, con los habituales blasones grandiosos a modo de membrete.

– ¿Qué es esto? Pensaba que vosotros dos sólo os comunicabais por telepatía. -Se lo guardó en un bolsillo interior de la chaqueta.

Yashmeen esbozó una sonrisa fina, formal.

– La telepatía, por más maravillosa que sea, no tendrá… ¿cómo decís vosotros, «ni punto de comparación»?, pues eso, ni punto de comparación con lo que sucederá en el momento en que pongas esto en sus manos.

Ella le habría dicho cosas más halagadoras, supuso, pero nada de tanta confianza. Kit tuvo un fugaz atisbo de ambos como vistos des_de fuera: dos renegados que mantenían la profesionalidad aunque la profesión casi hubiera acabado con ellos.

Él la fue a despedir a un pequeño muelle donde esperaba un va__lla blusa y una falda, también un chubasquero con capucha, pero no sombrero. Él no habría sabido cómo suplicar con ojos bovinos ni aunque le hubieran dado lecciones. Le cogió la mano y se la estrechó formalmente, pero no se la soltó al instante:por del lago. Hombres del CRETINO pululaban por allí, lanzándole repetidas miradas de impaciencia y, casi se diría, de reproche. El cielo se oscurecía con veloces nubes de tormenta. Ella llevaba una senci

– ¿Crees que…?

– ¿Que nos habríamos fugado juntos en la vida real? No. Y me cuesta imaginar que haya nadie tan estúpido como para creer que lo haríamos.

El barco retrocedió adentrándose en el lago, viró y se la llevó, sin que ella se molestara en mirar atrás. Kit se encontró a Reef cerca de allí, fumando, fingiendo que no se había dado cuenta.

Kit se dejó llevar por un momento y pensó cuántos más de esos adieux sin lágrimas iba a vivir antes del que verdaderamente no ne_cesitara, antes del que, al fin, estaría de más.

Y ahí volvían Neville y Nigel, bebiendo jarabe opiáceo británico para la tos y agua gasificada de un seltzógeno portátil, con el que tam_bién habían estado regando a los transeúntes, lo cual provocó leves gruñidos entre los miembros del CRETINO. En aquel momento, ambos se dirigían a una representación de la opereta cómica Bailando el vals en Whitechapel, o Un idilio destripado, basada vagamente y, según algunas críticas, con mal gusto en los asesinatos de Whitechapel de finales de los años ochenta.

– ¡Aahh! -Neville se asomaba a su reflejo en el espejo-. ¡Pantalo_nes! ¡En Piggott's deberían tener «pantalones»!

– Ven con nosotros, Lewis -dijo Nigel-, nos sobra una entrada.

– Sí, y dicho sea de paso -añadió Neville-, ten esto también. -Pero Lewis esquivó fácilmente el chorro de seltz, que alcanzó a Nigel.

Esa noche, el Strand, como de común acuerdo, exhibía ese gusto típicamente británico por lo oscuro y lo brillante que tan bien cono____________________tante y afligido.lle y Nigel, sabían oírlo, el equivalente luminoso de un chillido conssosegante. El alumbrado de las calles emitía, para los que, como Nevidiosos de los chimpancés: multitudes con gabardinas, botas de charol y chisteras, el atractivo mancillado de los pendientes y broches de marcasita, sienes engominadas preparadas para atenuar el brillo bajo el alumbrado público…; incluso las aceras, resbaladizas por la lluvia y las exudaciones aceitosas, contribuían a ello con su propio albedo desacen los expertos en neuropatía erótica, por no mencionar a los estu