Выбрать главу

– Pero si no sé llevar una melodía ni borracho -señaló Foley-, y no me sé la letra.

– Luz de vela, sicomoros, te saldrá sola.

Scarsdale nunca había sido reacio a encargarle a Foley tareas que, en el mejor de los casos, resultaban incómodas y a menudo compa_rables a algunas de las viejas pesadillas de la Guerra de Secesión de Foley. Aunque delataban cierto misterioso defecto en el amor propio del industrial, que algún día podría resultar inquietante, estos ejerci_cios de tiranía personal no sucedían de media más de una o dos veces al año, y hasta el momento Foley había sido capaz de sobrellevarlos. Pero en esta excursión europea, la tasa de humillación parecía haber subido un punto, es más, no pasaba un día sin que Foley no se viera realizando alguna trabajosa tarea que mejor hubiera dejado en manos de un mono amaestrado, y todo aquello estaba empezando a irritarle un poco.

En ese momento estaban en la Laguna, entre las Tierras Perdidas, Scarsdale bajo el agua y Foley encima, a bordo de una pequeña caorlina de vapor, acondicionada para el buceo. El millonario, equipado con mangueras de caucho y un casco de latón, se había sumergido para inspeccionar un mural, conservado durante siglos bajo las olas gracias a una técnica de barnizado que se había perdido en la historia, atri_buido (dudosamente) a Marco Zoppo, y conocido informalmente como El saqueo de Roma. Contemplada a través de la brillante ilumi____________________liana para colgarla en los locales de la región.dido ya reproducciones de la escena a alguna empresa de cervezas itanetes. Se veían campesinos orinando sobre sus amos. Enormes huestes preparadas para la batalla, con armaduras deslumbrando un millón de veces, eran alcanzadas por un rayo procedente de más allá del borde superior de la escena, que salía por una brecha en el cielo nocturno, una luz descargada, como si tuviera peso, en descenso percutiente, justamente sobre cada miembro de todos esos ejércitos del mundo conocido, cuyas filas fluían hasta más allá de donde llegaba la vista, perdiéndose en las sombras. Las colinas de las antiguas metrópolis se escarpaban y ascendían hasta volverse tan desoladas como los Alpes. Scarsdale no era un esteta, la representación de Cassily Adam de Little Big Horn satisfacía de sobra sus exigencias artísticas, pero, sin la ayuda de ningún especialista a sueldo, se dio cuenta inmediatamente de que lo que tenía delante era lo que se llamaba una verdadera obra maestra, y le habría sorprendido mucho que alguien no hubiera venma sobre un cuello flexible como una serpiente para morder a sus jiban boca abajo, suspendidos de un pie, de los mástiles de sus barcos; caballos de una nobleza fugaz y aterrorizada volvían la cabeza con calcentistas se encogían en la parte de abajo y agitaban los puños a un cielo turbulento de tormenta, sus caras atormentadas entre el vapor que se elevaba desde unas entrañas de un rojo vivo. Los mercaderes colgapredador marino, la representación parecía casi tridimensional, como el Mantegna más convincente. Por supuesto, no era sólo Roma, era el Mundo y el fin del Mundo. Arúspices vestidos como clérigos renanación del mediodía, vista de cerca con la suavidad ensoñada de un de

Subido al bote, bajo un Stetson que llevaba mucho tiempo de ser____________________cero asombro.te aproximación sigilosa. Foley no parecía consciente de lo que hacía, y si le hubieran preguntado, probablemente habría manifestado un singueras que suministraban aire. Sin embargo, antes de tocar el aparato, las manos se retiraban, a menudo para meterse directamente en los bolsillos de Foley, donde permanecían un rato hasta iniciar su siguienvés del agua verde azulada veía el brillo de los cascos y los petos de los buzos. De vez en cuando, como con nerviosismo, sus manos se acercaban a las boquillas de la cámara desde las que bajaban las mansaba el manejo de la bomba de aire, que realizaban unos italianos. A travicio, la sombra de cuya ala no dejaba ver bien su cara, Foley supervi

Tampoco se daba cuenta de que, desde la costa, lo estaban obser__ticuatro líneas acabadas en tafilete de color clarete, un regalo de 'Pert Chirpingdon-Groin. Habían dedicado un par de horas al día a seguir a Scarsdale por la ciudad, sólo para comprobar si iba a ser un blanco fácil.vando los hermanos Traverse con el nuevo par de gafas marinas de vein

Bajo la luz cansina del Gran Canal, otoñal y neblinosa, se aleja_ban los últimos turistas estivales, los alquileres eran ahora más baratos, y Reef y Kit habían encontrado una habitación en Cannareggio, donde todos parecían pobres. Artesanos dedicados a ensartar cuentas se sentaban en los pequeños espacios abiertos y al anochecer apare_cían desanimadas lucciole. Squadri de jóvenes ratas de río salían en tro_pel de las callejuelas gritando «Soldi, soldi!». Los hermanos se pasaban la noche paseando por las orillas de los canales, cruzando los puentecitos, entre las brisas sueltas de la ciudad nocturna, los aromas de ve__das hacia arriba a ventanas cerradas, los pequeños gestos líquidos e invisibles que a veces agitaban los canales brumosos, el crujido del remo de una góndola contra unagetación marchita, los compases incompletos de canciones, las llama forcheta, el resplandor de los quinqués en los tenderetes de frutas, ya avanzada la noche, que reflejaban las pieles brillantes de melones, granadas, uvas y ciruelas…

– Y bien, ¿cómo vamos a hacerle el hotentote a ese pájaro?

– Hacerle… ¿el qué?

– Es francés, significa asesinato. -Reef había supuesto que seguir a su objetivo y burlar la seguridad del magnate no serían los únicos obstáculos para realizar la acción-. Tengo que asegurarme, Profesor…, puedo contar contigo, ¿verdad?

– Sigue preguntando.

– Desde aquella confabulación espiritual que montamos al norte con papá, me da la impresión de que tienes algo más en la cabeza, y no pa_rece que sea precisamente saldar esta cuenta.

– Reefer, cuando se trata de cubrirte, sabes que siempre estoy ahí.

– No lo discuto. Pero, mira, es tiempo de guerra, ¿no? Puede que no sea como en Anüetam, con grandes ejércitos a la luz del día que to_dos vean, pero las balas siguen volando, los hombres valientes caen, los traidores hacen su trabajo por la noche, se llevan sus compensaciones terrenales y luego los cabrones viven para siempre.

– ¿Y qué es eso por lo que ellos luchan?

– «Ellos», ojalá fueran ellos, pero no, somos «nosotros». Maldita sea, Kit, estás en esto, ¿no?

– Bueno, Reefer, eso suena a cháchara anarquista.

Reef se sumió en lo que Kit tuvo que considerar como un silen_cio calculado.

– He trabajado con algunos de esa ideología estos últimos años -dijo, y buscó en el bolsillo de su camisa la colilla negra y dura de un puro de la zona, que encendió. Y, parpadeando maliciosamente, aña_dió-: Supongo que no hay demasiados en los estudios matemáticos.

Si Kit se lo hubiera tomado mal, habría replicado con algún co_mentario sobre Ruperta Chirpingdon-Groin, pero se limitó a hacer un gesto con la cabeza señalando la vestimenta de Reef.

– Bonito traje.

– Muy bien -se rió entre dientes, en medio de una nube de humo maligno.

Avanzaron dando traspiés, exhaustos, hacia el amanecer, en busca de bebida fuerte. En la orilla de San Polo del puente Rialto encon_traron un bar abierto y entraron.

Una mañana temprano, el abril anterior, Dally Rideout se había despertado sin que nadie le dijera que los guisantes nuevos -la palabra que le vino a la cabeza era bis i- ya habían llegado al mercado de Rialto. Le pareció todo un acontecimiento. Ella ya no recordaba, tras ha_ber deambulado por la noche en el dialecto -del mismo modo en que se pasa suavemente del sueño a los términos menos fluidos del despertar-, en qué momento preciso las conversaciones en la calle se habían vuelto menos opacas, pero el caso es que un día el alambre de espino cayó y resultó que ella había estado calculando un rato en etti y soldi y ya no erraba de campo en campo levantando la vista hacia pa_redes poco elocuentes en busca de nombres de callejuelas y puentes, serenamente alerta a vientos salinos y corrientes marinas y a los men__ber sucedido, pero sólo encontró la misma máscara americana con los mismos ojos americanos; el cambio debía de radicar en otro sitio.sajes de las campanas… Se miró en espejos para ver qué podría ha