Y meses más tarde ahí estaba ella, en el mismo mercado, tempra__das de un gris acerado sobre las aguas en el Gran Canal, buscando algo que llevar a la cocina de Ca' Spongiatosta, donde por fin le dejaban cocinar un poco, después de que ella les enseñara a Assunta y Patrizia una de las recetas de sopa de Merle. Hoy había pataca de Friuli, el no como siempre, mientras un viento fuerte y cortante dibujaba onradicchio de Treviso ya había llegado, la verza tenía buena pinta, y para completar la mañana, sorpresa, ¿quién salía sin prisas de ese pequeño garito junto al mercado de pescado sino el señor «Vete que eres de__cupada, la misma depresión posparto potencialmente fatal.masiado joven para un amorío a bordo» Kit Traverse en persona? Ajá, el mismísimo Kit Traverse, el mismo sombrero, la misma mirada preo
– Vaya, Eli Yale. Qué casualidad. -Por encima del hombro de Kit apareció una cara cuya semejanza familiar no podía pasarse por alto, y ella imaginó que debía de pertenecer al tercer hermano Traverse, el repartidor de faro.
– Que me aspen, Dahlia. Pensaba que a estas alturas estarías de vuelta en Estados Unidos.
– Oh, no voy a volver nunca. ¿Qué te ha pasado?, llegaste a Alema_nia, ¿no?
– Estuve un tiempo. Ahora mismo, Reef aquí presente y yo -Reef sonrió y se dio un golpecito en el ala del sombrero- tenemos algunos asuntos en la ciudad, y luego nos marcharemos.
Pues auguri, ragazzi, y una mierda iba a permitir que ese encuen_tro fuera a arruinarle el día. No eran más que unos de tantos pájaros que llegaban volando, sólo había que mirar alrededor: bandadas como las de las palomas de la Piazza, que tal como vienen se vuelven a ir volando. No eran, como decía Merle, pájaros para su cazuela, pese a lo cuaclass="underline"
– ¿Os alojáis por aquí?
Tras una mirada de soslayo y advertencia a Kit:
– En una pequeña pennsilvoney -dijo Reef mintiendo y guiñando un ojo-, me he olvidado de en qué parte de la ciudad.
– Tan comunicativo como siempre, ya veo, debe de ser un rasgo familiar; bueno, ha sido verdaderamente estupendo verte, ahora ten_go que irme a trabajar. -Se fue.
– Pero, oye… -empezó Kit, pero ella siguió adelante.
Esa misma mañana, paseando con Hunter por delante del Britannia, antes conocido como Palazzo Zucchelli, ¿quién vuelve a apare____________________do afanosamente del hotel, aparentemente dispuestos a pasar el día en la Laguna.dos, y un individuo bovino cuyos ojos parecían más complejos de lo que en realidad eran debido a unas gafas de sol grises, los tres saliencer otra vez sino Reef Traverse? Acompañado en esta ocasión por una esbelta rubia con uno de esos sombreros ladeados y empluma
– Buen Dios, Penhallow, digo, ¿no eres tú? Vaya, claro que eres tú, pero, no, olvídalo, es imposible, ¡es que no lo ves! Aunque supongo que sí podrías ser una especie de gemelo o algo así…
– Deja de decir tonterías, Algernon -le advirtió su acompañante-, es demasiado temprano. -Aunque la verdad era que el sfumato se ha_bía quemado hacía una hora.
Reef abrió los ojos ligeramente, más o menos en la dirección de Dally, mirada que ella interpretó como «No entremos en esto ahora».
– Hola, 'Pert -dijo Hunter tomándole la mano, parecía que presa de la emoción-, encantado de verte, ¿y dónde mejor que aquí?
– Sí, ¿y qué has estado haciendo? -prosiguió Algernon-, un buen día estás en plena partida, con buenas manos, y al día siguiente, sin ha__cogió de hombros- os habéis ido -una especie de risita tonta.ber acabado de jugar, no sólo tú, sino toda la pandilla, todos -se en
En la pausa ligeramente desconcertada que siguió, sus propieta__go, las puntas de los dedos sondearon los orificios de las orejas. Reef, aun a plena luz del sol, había encontrado el modo de sumirse en su propia sombra. La rubia adelantó la mano y se presentó como Ruperta Chirpingdon-Groin.rios se fijaron en Dally por primera vez, y las cejas entraron en jue
– Y éstos son…, no sé, una colección de idiotas que se me han pegado.
Tomándole fugazmente la mano:
– Un placer, signorina. Soy Beppo, el sochio del señor Penhallow.
– Habla un inglés increíblemente bueno -dijo la Chirpingdon- Groin mientras examinaba la cabritilla blanca de su guante, un poco pasmada-, Y sus manos están demasiado limpias para ser de un ita_liano. ¿Quién es usted exactamente?
Dally se encogió de hombros.
– Eleanora Duse, estoy, esto, documentándome para un papel. ¿Y usted quién es?
– Ay, Dios.-La cara de Ruperta se volvía más difícil de distinguir bajo su velo azul.
– Ten -dijo Hunter sacando su bloc de dibujo y abriéndolo en la página de un dibujo al carboncillo de Dally, representada como chica, ganduleando pensativamente bajo un sotopórtego-, aquí tienes quién es. Exactamente.
Formaron un círculo alrededor, como si fuera una vista veneciana más que no podían perderse, y empezaron a piar, todos salvo Reef, que se palmeó los bolsillos como si se hubiera olvidado de algo, se tocó el ala del sombrero y desapareció de nuevo dentro del hotel. Ruperta pa_reció tomárselo como algo personal.
– Maldito cowboy -murmuró-, no ve el momento de que me vaya.
– ¿Cuánto tiempo llevas aquí? -Hunter parecía más inquieto de lo que Dally lo había visto últimamente.
Ruperta reorganizó su ceño y empezó a recitar un complicado itinerario.
– Si esta noche estás libre -sugirió Hunter-, nos pasaremos por el Florian's.
Dally se felicitó a sí misma por no sonreír, sabía que era un local que Hunter no soportaba, aunque ella había descubierto que sus me____________________da, una cámara, un bastón,tos de pan, por no mencionar los días de suerte, una billetera olvidasas y sillas eran un campo fértil para rapiñar cigarrillos, monedas, res qualsiasi, que podía cambiar por algunos francos. Y esa noche, como era de esperar, mucho después de que la King's Band hubiera dejado de tocar, allí estaban, juntos delante del Florian's, los ojos de Hunter clavados exclusivamente en los de la in__te de lo habitual. Fuera lo que fuese lo que esa chica significara para él, Dally no iba a meter las narices.glesa. Romántica Venecia. Dally resopló y encendió medio cigarrillo egipcio. Al atardecer del día siguiente, Hunter salió como siempre, rebosante de energía y entusiasmo, pintó toda la noche, sin que se le acercara nadie del grupo de la velada anterior, y no pareció más tris
Al principio le había sorprendido un tanto la presteza con la que la había acogido la Principessa Spongiatosta, atribuyéndola a alguna historia extraña entre Hunter y ella. Pero al poco tiempo, ya no lo te_nía tan claro. A esas alturas estaba casi instalada en Ca' Spongiatosta, pues la vida en las fondamente no era tan fácil últimamente, y era mejor dejársela a las ratas de río… «El que hayas salido de la calle», no tardó en recordarse a sí misma, «no quiere decir que estés más segura.»