Habría sido un inicio tan bueno como cualquier otro. Los her_manos intercambiaron una mirada, pero por alguna razón lo pasaron por alto.
Más adelante recordarían la mirada de Tancredi.
– ¿Te parece que ese chico va en serio? -preguntó Reef.
– Últimamente -dijo Dally- ha estado hablando mucho de Bresci, Luccheni y otros famosos pistoleros anarquistas, lo bastante como para poner nerviosos a los demás.
– Se suponía que esto iba a ser fácil -dijo Reef- Bastaba con car_garse al hijo de puta y acabar de una vez. Y ahora, de repente, ¿vamos a pasarle el trabajo a otro?
– ¿Quién sabe? -Kit con cuidado-. No sé si sería más rápido que nos mantuviéramos aparte y dejáramos que las fuerzas de la Historia se lo llevaran por delante.
– ¿Así habláis en Harvard?
– En Yale -dijeron al unísono Kit y Dally.
Reef los miró parpadeando durante un momento.
– ¿Quién sabe? Bueno, para empezar…
La Principessa había acabado convenciendo a Dally para que fuera al baile esa noche, y también había dejado caer la interesante infor__mada, los carabinieri en la puerta, con el presentimiento extraño y agobiante de que algo malo iba a pasar.mación de que uno de los invitados sería Scarsdale Vibe. Refugiados puertas adentro de un bora particularmente enloquecedor, Kit, Reef y Dally jugaban a póquer y charlaban del asunto, mientras bebían grappa y Reef llenaba el aire del humo maloliente de sus puros italianos baratos. Todo el mundo esperaba algo: una buena mano, una idea ani
– ¿Habías visto alguna vez una de éstas?
– Coño, ¿dónde las hacen?
– En Turín, Italia.
– No, me refiero a…
– Un sencillo juego de manos; Venecia es una ciudad colorista pero tiene muchas esquinas sin visibilidad. La llaman Lampo, mona, ¿verdad? De repetición, dispara un Gaulois de 8 mm, este pequeño aro de aquí es el gatillo, el anular encaja justo ahí -hizo una demostra__tando otra vez la mano, cargas, km.ción-, la boca asoma lo justo del puño, sale y el cerrojo se retira; apre
– Joder, podría servirnos.
– Podría, sí, creo.
– Pero tú no lo harías…
– Chicos…
– Se está burlando de ti -dijo Kit.
– Sí, supongo que sí -Reef suspiró melodramáticamente.
– Animará la velada, en cualquier caso -supuso Dally.
– ¡Eh! A lo mejor conoces a algún príncipe italiano, y si te ena_moras al menos sacarás algunas buenas comidas. -Reef se rió tanto de la irritación de su hermano que empezó a toser nubes de humo italiano.
– Exprímelo mientras puedas, ¿por qué no?
– Es una pena que nunca me atrajera el robo de joyas, Dahlia, se_rías la cómplice perfecta.
– Dios, Kit, tu hermano es un encanto.
– Y también huele bien -murmuró Kit.
– Ve, Dahlia, ve -dijo Reef-, una fiesta es una fiesta, nunca recha__nociendo un poco el terreno. Ya habrá algún modo de pillarlo.ces ninguna, monta todo el alboroto que te apetezca, infórmanos de cualquier cosa útil que descubras, andaremos por los alrededores reco
Fuera, los ciudadanos habían empezado a volar en horizontal, agarrándose a lo que podían, mientras el viento les arrancaba los za____________________fragos y los que se había llevado el mar, mientras abajo las palomas y las aves marinas cianos buscaban refugio entre campanas desatendidas que, azotadas por el viento, daban ahora las horas canónicas sólo para la tormenta, llamando a los celebrantes a misas invisibles por las almas de los náudos de laca que se arremolinaban por detrás en diminutos tornados negros, al tiempo que, más arriba, plumas sueltas formaban tornados al revés en una turbulencia pálida y plateada, los ángeles tutelares venemente y sus puntas rebotaban en la Riva, dejando restos desportillapatos de los pies y los arrastraba sobre la Laguna tormentosa. Las tejas se levantaban una por una, las góndolas entrechocaban estruendosaempujadas al suelo abandonaban la Laguna temblan_do y se refugiaban en los sotopdrteghi, en patios dentro de patios inte____________________tángulos de luz anaranjada de los cafés y de las tiendas bajo la Procuratie, imágenes que esparcía una y otra vez el viento.cía al mar, oscuro como el cielo que reflejaba, un fondo para los recrintos terrestres, con los ojos tan fulgentes y esquivos como los de las ratas de los rincones. Los venecianos sacaban las botas de goma y caminaban por las aguas altas. Los visitantes, tomados por sorpresa, se tambaleaban por tarimas improvisadas, negociando derechos de paso como bien podían. Rótulos apresuradamente escritos con flechas pintadas aparecieron por las esquinas señalando rutas más secas. El agua subía y bajaba desquiciada, desbordándose de los canales, con un matiz gris bronce, oliendo a mar, a algún mar de alguna parte. La Piazza de San Marco era un gran estanque ornamental que perteneriores, negando el cielo, simulando ser ciudadanas nativas de los labe
– Pero ¿qué pasará con la buena de Dahlia -dijo más tarde Reef, después de que ella regresara a Ca' Spongiatosta- cuando llegue el momento de salir corriendo de la ciudad?, ¿qué vas a hacer?
– No creo que ella me eche demasiado de menos.
Reef le devolvió la sonrisa con los labios apretados, expresión marca de la casa que le había servido fielmente en tantas mesas de juego. Cuyo mensaje venía a decir: «Anda, haz lo que tengas pensado, pero no me lo eches en cara más tarde», muy útil para sumir a los otros jugadores en parálisis dubitativas, así como para hacerle parecer un rival compasivo al que le molestaría despojarles del dinero que ne_cesitaban para pagar el alquiler o la comida de bebé.
Aferrando unas riendas invisibles y haciendo gestos de «vamos, a por ellos», Kit dijo por fin:
– ¿Qué?
– Algún día te contaré una historia. Tal vez.
Bajo la llovizna inclemente, cinco o seis carabinieri se habían si_tuado estratégicamente a lo largo de l’afondamenta, impidiendo que la gente cruzara el puente hasta el Palazzo. El cuello de los gabanes le__ladavantado contra el fresco. A saber cuánto tiempo tendrían que estar ahí. Parecían una pintura que no colgara de ninguna pared conocida, titu Fracaso. Kit y Reef se escabulleron, intentando formar parte de la imprimatura. A lo largo de la acera de enfrente, figuras de negro, in__vadas de deseo… Aisladas de las consecuencias como la noche misma.clinadas como para resistir el viento o una fatalidad, se movían en una corriente viscosa, bajo paraguas negros en ondulación irregular, cada paso una lucha, con toda la circulación fragmentada en misiones pri
Luces eléctricas en las ventanas, antorchas llevadas arriba y abajo por sirvientes, sus llamas agitadas sin parar por el viento. Un denso su_surro interior, modulado por la piedra antigua, emitido hacia fuera, al río, acompañando a una pequeña orquesta de cuerda que tocaba arre_glos de Strauss Jr., de Luigi Denza y de la luminaria local Ermanno Wolf-Ferrari.
Kit atisbo a Dally con el vestido prestado de la Principessa y un paletot de seda oscura, con su cabellera incendiaria peinada con un co__tuoso por la puerta y subiendo las escaleras de mármol hasta elpete de pluma de avestruz teñida de añil, entrando con paso majes piano nobile, y durante un latido y medio de corazón se olvidó de dónde es_taba y qué se suponía que tenía que hacer allí.
Scarsdale Vibe llegó en una góndola privada y con el reflejo de Foley Walker a sus espaldas, puso el pie en la fondamenta. Se oyó la ine_quívoca detonación de un disparo.
Tan de repente como se abatía una tormenta sobre la Laguna, sur_gieron de todas partes guardaespaldas de negro, curtidos teppisti re__pehuelgas en Roma y en las fábricas del Norte, armados, silenciosos, enmascarados y rápidos.cién llegados a la ciudad, sacados de sus habituales funciones de rom