– Tendría que haberle dicho que se anduviera con cuidado -mur_muró Kit.
– Escuchadme, chicos -dijo Reef mientras metía cosas en un ma__tes, saltaremos adentro, volveremos a anoche y todo se hará como es debido. Mientras tanto, el viejo crótalo sigue con su vida encantada en alguna otra parte, y no se sabe cuándo se presentará otra ocasión; si es que se presenta. Desde luego, no tengo ni idea de cuánto tiempo se supone que vamos a estar así.letín-, cuando inventen la máquina del tiempo, compraremos bille
Salió por la puerta y lo oyeron bajar por las escaleras.
– Bueno, me alegro de que no haya pasado -dijo ella con tranqui_lidad-. Un muerto ya es demasiado. -Levantó la vista hacia Kit y el corolario tácito quedó claro en su cara: un muerto, otro a punto de partir al exilio.
Kit hizo una pausa en sus intentos de disfrazarse, que consistían básicamente en peinarse con betún.
– Yo cumplo mis promesas, Dahlia.
Ella asintió, y siguió asintiendo, pensando que más tarde ya ten_dría tiempo de sobras para llorar.
– Ya sabes que si hubiera alguna posibilidad de que me pudiera quedar…
– No la hay. Y no te hace falta mi permiso.
– Vibe me vio allí, en la escena. Si no se lo había imaginado toda_vía, ahora ya lo sabe, y ninguno de ellos pasa estas cosas por alto.
– En ese caso más vale que te pongas en marcha, no vayas a aca_bar igual.
Aunque Kit nunca había entendido muy bien Venecia, parecía casi normal en comparación con el lugar al que se dirigía. Dally recono_ció esa sensación.
– Aquí la llaman bagonghi, es cuando uno va tambaleándose atur_dido por todas partes, como un payaso de circo.
Kit se acostó y se despertó con la imagen solitaria y operística de Vibe dándose la vuelta para mirarle fija e implacablemente a la cara, sabedor desde el principio de que él había estado apostado en la otra orilla del canal mientras a su alrededor los asesinos a jornal se ponían al descubierto, como si los pretorianos del Tiempo se hu____________________ría problemas.risa de un papa en una pintura, enmarcada en una cara que no solía sonreír, que uno habría preferido no ver porque significaba que traebieran levantado para defenderlo. La sonrisa teñida de rosa, la son
Probablemente también era el innegable momento, si tenía que destacarse uno, de la exclusión de Kit de lo que en Yale se llamaba un «futuro», de cualquier ruta al triunfo o incluso a la comodidad bur__bía deseado, ni hasta qué extremo, pero el caso es que ahora no tenía elección. Losguesa que Scarsdale Vibe controlara. Kit no sabía muy bien si lo ha stranniki de Yashmeen se habían consagrado por entero al servicio de Dios y la Muerte Misteriosa, pero, hasta donde veía Kit, el viaje que él tenía por delante no era por Dios, ni por Yashmeen, que sin duda era el amor de la vida de alguien, pero no de la de Kit, ni si__lioso culo.quiera por la causa del Vectorismo…, puede que no se tratara más que de la simple supervivencia, huyendo para salvar su cada vez menos va
Podrían haber imaginado una partida fácil en medio de una bru_ma dorada, pero resultó que los hermanos no se separaron en lo que uno llamaría términos afectuosos. Como si el tiroteo en el Palazzo le hubiera afectado demasiado, Reef se había instalado en un lúgubre malhumor.
– No tienes que venir a despedirme a la estación, es más, mejor si no vienes, porque yo no pienso despedirme.
– ¿Qué estás pensando, Reef?
Reef se encogió de hombros.
– Tú nunca has querido implicarte. Has estado haciéndolo a des_gana todo el tiempo. Bueno, ahora ha acabado, así que adiós, chaval.
– ¿Me estás echando la culpa de lo que ha pasado?
– ¿Qué quieres que te diga? La verdad es que no fuiste de gran ayuda.
A Kit empezaron a dolerle los dedos y miró a su hermano con la esperanza de haber entendido mal.
– Tu hado padrino todavía anda por ahí, bebiendo champán y meándose en la memoria de papá. Y ya no puedes decir nada porque no sabes nada.
Reef se dio la vuelta y se alejó con una mirada feroz, los hom_bros encorvados, y tras cruzar el Ponte degli Scalzi, desapareció al poco entre la multitud en movimiento de cientos de futuros distintos, cuyo destino no podía imaginarse más que recurriendo a la estadística. Y eso fue todo.
Ya en el vapor nocturno para Trieste, las luces se difuminaban provocando efectos espectrales en la niebla, ondeando como capas blandidas en fiorituras por insomnes enmascarados, Giudecca invisi_ble…, como también el velado Stromboli y otros buques de guerra ita_lianos anclados…, las llamadas de los gondoleros que adquirían en la foschia una extraña ansiedad, los costados de cuero de baúles y male__jara de nuevo. Barcazas ytines que brillaban en el resplandor eléctrico… Dally desaparecía una y otra vez, y Kit esperaba que ella ya no estuviera allí cuando despe traghetti, transportando viajeros, equipaje y carga, atestaban el pequeño muelle, y cada bajel era un escenario ma__ticos desde todas las direcciones, baúles pasados de unos a otros en el vaporoso ajetreo, siempre a punto de volcarse cómicamente y caer, con sus propietarios, al canal. Por el Zattere tocaban dúos y tríos de músicos, algunos de la banda real, ganándose unos cuantos soldi extra. Todo en un tono menor.rítimo para un drama de alta intensidad, consejos apasionados o prác
Nadie había venido a despedir a Kit, su hermano estaba de nuevo en las vías, ya a kilómetros de distancia de la ciudad, y ahora que Dally lo pensaba, ¿qué pintaba ella allí, despidiéndose? ¿Es que no tenía nada mejor que hacer? ¿Qué significaban unos abrazos sentimentales a la orilla del agua para este tío?
A su alrededor, los viajeros bebían vino en piezas de recuerdo ba____________________nión antes de la partida, y aquellos que zarpaban hacia el precipicio nocturno de este viaje, que nunca más estarían aquí, ñana estarían aquí, justamente aquí, para presenciar la siguiente reutios, con cortinas interpuestas de bruma veneciana, entre las sirenas de los vapores y los vociferantes barqueros, y ambos jóvenes sintieron que se establecía una distinción abismal entre aquellos que pasado maquiriera crear un doble, renunciar al sombrío destino que él parecía esperar con tal seguridad. El la miraba como si acabara de atisbar el simple alcance de lo que estaba a punto de hacer, aunque puede que no coincidiera con la idea que tenía ella…, y así, como términos que se anulan mutuamente a cada lado, permanecieron en sus respectivos sicarse, abrazarlo, abrazar a este chico durante tanto tiempo como remente oscuro de lo que se extendía por delante, ahora quería acertían sobre quién se había olvidado de empaquetar qué… Se suponía que a Dally ya no le afectaba la melancolía de las partidas, ya no le abrumaba su gravedad, pero, como si pudiera ver el trecho completaratas de Murano, se daban palmadas en los hombros, se limpiaban hojas y restos de pétalos de los ramos de llores de última hora, discujustamente aquí, nunca jamás.
«Queridísimo padre:
»Te escribo con la incertidumbre de no saber si llegarás a leer es__dado me confiaste, hace ya tanto.tas líneas y por eso, paradójicamente, con cierta fe, ahora quizá más apremiante por las dudas que han surgido sobre aquellos a cuyo cui
»Creo que el CRETINO ya no vela por mis intereses, que mi seguridad no les importa demasiado, por no decir que a lo mejor es un obstáculo real para sus propios planes, unos planes de los que no me cuentan nada. En la actualidad estamos en Suiza y tenemos previsto viajar en tren a Buda-Pest donde, a no ser que mis "dotes de profecía" me hayan abandonado, me espera el peligro y tal vez el pesar.
»Como siempre, el término tácito es Shambhala, aunque a ti, que has servido durante tanto tiempo y con honor en su esfera de in__renciarla de la política secular de la Europa actual.fluencia, pueda resultarte sencillo descartar las angustias de alguien que lo conoce sólo de segunda mano (digamos que de tercera). Aun así, como esos charlatanes religiosos que se vanaglorian de relacionarse directamente con Dios, hay un número creciente de miembros del CRETINO que afirman tener un conocimiento similar de la Ciudad Oculta y que, más inquietantemente todavía, son incapaces de dife