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– ¿Qué hora es, Yashmeen? No puede ser tan temprano todavía.

– A lo mejor el tiempo se ha ralentizado, como dicen en Zúrich. Este reloj marca las once.

– Pero mira el cielo.

Ciertamente era extraño. Las estrellas no habían aparecido, el fir_mamento presentaba una luminiscencia sobrecogedora, con la luz ocluida de un día de tormenta.

Se prolongó durante un mes. Aquellos que lo tomaron por una señal cósmica se encogían bajo el cielo cada anochecer, imaginándose catástrofes cada vez más disparatadas. Otros, para los que el naranja no parecía un tono propiamente apocalíptico, se sentaban al aire libre en bancos públicos, leían tranquilamente y se acostumbraban a la curio____________________se contra el día.dar la previa euforia del corazón, la sensación de apertura y posibilidad, y volvió otra vez a buscar únicamente el orgasmo, la alucinación, el estupor, el sueño, para que los ayudaran a pasar la noche y a prepararsa palidez. A medida que pasaban las noches y no ocurría nada y el fenómeno se iba desvaneciendo lentamente, la noche recuperó los violetas oscuros de siempre, y la mayoría tuvo dificultades para recor

Hacia finales de octubre, el infierno se desató tras el anuncio de Austria de que pretendía anexionarse Bosnia. Theign asomó la cabeza por la puerta, más macilento de lo habituaclass="underline"

– Necesitamos a alguien sobre el terreno -le dijo a Cyprian-, A lo mejor tenemos que sacar a alguna gente de allá.

– Y has pensado en mí inmediatamente.

– No eres mi primera opción, pero la verdad es que no hay nadie más. Puedes llevarte al joven Moistleigh si crees que necesitas un guar_daespaldas.

A Bevis le alegró salir del marasmo subterráneo de sus instalacio_nes de criptografía.

– Sí, me sentará bien salir de este viejo tenderete de tiro al coco por un tiempo.

Sobre la mesa de Theign había una botella abierta de sljivovica, pero no les ofreció a ninguno.

– ¿Qué es esto? -preguntó Cyprian.

– Un mapa de Austria-Hungría.

– Ah. ¿Y viene con lupa incluida?

– ¿Cuál es la escala? -murmuró Bevis.

Theign miró la leyenda con los ojos entrecerrados.

– Parece uno a cincuenta millones, si he contado los ceros correc_tamente.

– Demasiados ceros para mí -murmuró Cyprian.

– En absoluto; es más, se trata del mapa ideal para el viajero, pues lo último que uno querría imaginarse es estar por ahí peleándose bajo un feroz viento montañoso cargado con un volumen gigantesco de hojas con una escala de varios centímetros a un kilómetro.

– Pero esto es tan diminuto que no sirve de nada. Es de juguete.

– Bueno, pues es lo bastante bueno para el Ministerio de Exterio_res, ¿no? Es el mismo mapa que ellos utilizan. Decisiones de la mayor gravedad, destinos de imperios, incluido el nuestro, todo a partir de esta edición que tenéis delante, Major B.F. Vumb, Ingenieros Reales, 1901.

– Desde luego, explica muchas cosas del Ministerio de Exterio__quiera hay espacio para escribir los nombres, lo res -dijo Cyprian mirando fija y sombríamente el mapa-. Fijaos en Viena y Sarajevo, apenas si están separadas por un centímetro, ni siúnico que pone es «V» y «S».

– Justamente. Lo sitúa todo literalmente en una perspectiva distinta, ¿verdad? Casi divina, como tú dirías…

El tono de voz, la expresión en la cara de Theign inquietaron a Bevis.

– Lo habitual en Theign -le tranquilizó Cyprian más tarde.

– No, no, a él no le importa, ¿es que no lo ves?, para él no cuenta ningún detalle, ni siquiera el mapa, sabe que no viviremos lo bastan_te para utilizarlo…

Una mañana, Yashmeen llegó a la tienda de Mariahilfe StraBe y se encontró la puerta cerrada, más aún, con cadenas, y un aviso munici_pal de confiscación pegado en los escaparates que todavía no habían roto. De vuelta a su piso, la patraña, que evitaba su mirada, le pidió la documentación, afirmando que no sabía quién era.

– Frau Keuler, ¿qué está pasando?

– No sé cómo ha conseguido las llaves de este piso, pero démelas ahora mismo.

– Me las dio usted…, nos vemos cada día. Siempre he pagado pun_tualmente el alquiler. Por favor, ¿qué está pasando?

– Si ésas son sus pertenencias, quiero que las empaquete inmedia_tamente y se vaya de aquí cuanto antes.

– Pero…

– ¿Quiere que llame a la policía? Judensau. Todos sois iguales.

¿Cerda judía? Por un momento se quedó demasiado desconcer____________________día corriera de verdad por las venas de uno.canzado tal nivel de abstracción que ya ni contaba cuánta sangre jutas Cristianos» liderado por el sempiterno antisemita el Burgomaestre Doctor Karl Lueger. En las elecciones nacionales del año anterior, el partido había triplicado su presencia en el Reichsrath. Ella no había tenido razones para prestar ninguna atención a todo aquello hasta ese momento; era el aire que respiraba la gente en esa ciudad, había altada para comprenderlo. Viena había sido antisemita desde siempre, de punta a punta, la ciudad interior, el Ring, los Bosques de Viena, incluso, desde 1897, de manera oficial, con el partido de los «Socialis «Wer Jude ist, bestimme ich», como le gustaba decir a der schöne Karl, «Soy yo el que decide quién es judío». El odio a los judíos a veces nada tenía que ver. El antisemi____________________mento, sobre cualquier cuestión, un arma para imponerse a un rival en los negocios. O, en el caso de Yashmeen, un método muy sencillo de echar a alguien de la ciudad.pícheos parlamentarios sobre los presupuestos, los impuestos, el armacíficos, un medio para hacer carrera política, un factor más en los traformado en una fuente de energía, una tremebunda energía oscura que podía conectarse como un cable eléctrico para propósitos espetismo moderno iba mucho más allá de los sentimientos, se había trans

Cyprian no se lo tomó con tanta tranquilidad.

– Bueno, ahora es peligroso que sigas aquí. La verdad es que lo ha sido desde hace tiempo. Hay gente peligrosa en el poder.

– ¿Quién? No ese viejo y amable caballero.

– No se trata exactamente de los Habsburgo. Supongo que me re_fiero a los prusianófilos. Amantes del poder. Quieren presidir el fin del mundo. Pero ahora debes venir a Trieste.

Ella se rió.

– Muy oportuno. Aquí la llaman ciudad judía.

– Oh, en Viena -replicó Cyprian- creen que Shanghai es una ciu_dad judía.

– Pues, en realidad… -empezó ella.

La crisis de la Anexión tenía a todos en movimiento, e incluso Ratty McHugh, cuya vida, como la de todo el mundo, se regía esos días por los horarios de trenes, fue expulsado de Viena; se encontró con Cyprian en Graz en el jardín del hotel Elefant.

– Lo siento, no puedo hacer más por el momento, con este lío bosnio y demás.

– Así que Theign también causa estragos entre su propia gente, no sé de qué me extraño.

Los dos fumaban, y la consecuente neblina que se alzó entre am__taba dispuesto a aceptar sin recelo.bos generó una atmósfera de comprensión que cada uno de ellos es

– Algunos de mis colegas -admitió Ratty- se lo imaginan en un tipo de trabajo distinto. Para empezar, se lleva demasiado bien con la Ballhausplatz. Bueno, los intereses habituales de los anglo-habsburgos, sobre todo Macedonia, diría uno, con bastante tristeza a estas alturas. Pero tiene recursos, es peligroso, e incluso en este momento se hacen apuestas sobre si se le puede controlar o no.

– Supongo que uno no podría matarlo por las buenas.