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– Estaba allí buscándote. Latewood me dio tu dirección.

– El dijo que tú… -Sus recursos conversacionales Saquearon. ¿Ha_bía deseado alguna vez mirar tanto a los ojos de un hombre? ¿Qué estaba pasando? Vlado no era, debía tenerlo claro para sus adentros, en modo alguno un sustituto de Cyprian, un salto dado a la desesperada porque Cyprian se había marchado, pese a todos sus esfuerzos para persuadirle de que se quedara…

No se trataba precisamente de un lujoso hotel, ni ella dormía muy bien. El local parecía rodeado de líneas de tranvía, y el ruido era, bue____________________mente en la somnolencia, pongamos polis del café del Imperio Austríaco, por no decir del mundo, y ella nunca estaba a más de media manzana del fluido antisoporífero, así que era capaz de pasar la mayoría de los días sin sumirse inoportunano, no continuo, porque había bastantes intervalos entre los tranvías, sino imprevisible, imaginó ella matemáticamente. Pero era la metróque procuraba evitar lo que, en su estado insomne y paranoico, había imaginado que debía buscar.

Vlado, que iba y venía de la ciudad a cualquier hora, se presentaba a su puerta, parecía, sólo cuando la deseaba, que resultó ser con mu____________________macía; no había modo de confundirlos con Vlado, con el crescendo sensible de su no menos ardiente acercamiento.mente no podía tratarse de algo tan simple como el deseo, no, pero tampoco se trataba del cuidadoso protocolo de cortejo que requería citas por adelantado. Ella había aprendido a reconocer sus pasos en las escaleras sin alfombra, entre el estampido de elefantes machos de los marineros, el arrastrarse imperioso de mercaderes donjuanes, el tempo de marcha de los militares austríacos, cada uno insistiendo en su pricha frecuencia. ¿Cómo no iba a sentirse halagada una chica? Obvia

A esas alturas ya había escuchado bastante a través de las paredes como para saber que cuando uno tiene un orgasmo en croata lo que hay que gritar es «Sur savam!», aunque no siempre se acordaba, pues a menudo la memoria quedaba, llegado el momento, desconectada.

Vlado mantenía una dirección en Venecia, un par de habitacio____________________cisamente lo que más aborrece, qué raro…viendo judía, pensó, todo ese antisemitismo vienés hace emerger presible de localizar. Allí pasaba ella cada vez más tiempo. Me estoy volnes en Cannareggio, en el viejo gueto, donde anidaban judíos en las plantas más altas, como impulsados hacia el cielo…, y era casi impo

– No sé. Esperaba caballos, un secuestro en el Velebit, lobos por la noche.

El fingió que pensaba en ello.

– No te importará que me ocupe de algunos asuntos mientras estoy por aquí, ¿verdad? Y ver los monumentos de Venecia, claro, un viaje en góndola, Florian's, ese tipo de cosas. En cuanto a lo de los lo_bos, podemos organizarlo, estoy seguro.

Un día tomaron el tren para Fiume y subieron al vapor correo de Zengg, con una docena de turistas alemanes y un pequeño rebaño de cabras.

– Tengo que enseñarte esto -dijo él. En realidad quería decir: «Esto es lo que soy».

Pero ella no lo entendió hasta que ya era demasiado tarde para que tuviera ninguna importancia. Al final, el estrecho paso entre la isla de Veglia y el continente se abría al canal de Morlacca, y al cabo de dos horas se bajaron en Zengg, encarando un feroz bora que se colaba por un hueco en el Velebit. Era como si el mar no quisiera de__man una entidad con intenciones propias. Eso tenía un nombre que nunca se pronunciaba. Los marineros de esta costa también hablaban de olas individuales, con caras y voces, que pervivían de un día para otro, en lugar de fundirse con el oleaje general.jarles entrar. Aquí, dijo Vlado, el mar, las corrientes y el viento for

– Olas estacionarias -conjeturó ella.

– Centinelas.

– Entonces, ¿cómo vamos a entrar en el puerto?

– El capitán es uno de los Novlians, una antigua familia Uskok. Lo lleva en la sangre. Sabe cómo tratar con ellas.

Ella contempló la ciudad en la ladera, las casas pastel, los campana_rios, un castillo en ruinas en la cima. Las campanas empezaron a tañer todas a la vez. El bora llevaba el sonido hasta el vapor.

– Cada campanario de Zengg está afinado según un modo ecle_siástico distinto -dijo Vlado-. Escucha las disonancias.

Yashmeen las escuchó desplazarse por el campo de tonos de me_tal como lentos aletazos…, y en el fondo de todo, la pulsación del mar forajido.

En la costa, parecía que todo el interior de la región Uskok, no sólo en el espacio geográfico sino también en un paraje retirado del tiempo, se hubiera reunido en la ciudad para asistir a una feria o un mercado. Las antiguas rivalidades entre Turquía y Austria, con Vene__bles, porque la península seguía siendo la mezcla de fes e idiomas que siempre había sido, y el Adriático todavía era el campo fértil donde los barcos mercantes caían presa de los lobos de la piratería que acechaban entre el laberinto de islas que tanto confundieron a los Argonautas antes incluso de que comenzara la historia.cia cerniéndose enigmáticamente como siempre, eran todavía palpa

– Hasta principios del siglo XVI vivíamos al otro lado de las mon____________________do. Durante generaciones defendimos la cristiandad incluso cuando Venecia no era capaz. Y fue Venecia la que nos traicionó. Llegaron a un acuerdo con los turcos, que les garantizaba su seguridad en el Adriático. Y así hicimos lo que habría hecho cualquiera. Seguimos atacando barcos, pero ahora también venecianos además de turcos. Y muchos de ellos llevaban cargamentos inesperadamente ricos.tirlos por mar. Nuestros barcos eran mejores, más ágiles, entraban allá donde buques de mayor calado no podían y, si teníamos que bajar a tierra, podíamos embarrancar y ocultarlos hundiéndolos, hacer lo que tuviéramos que hacer, volver, reflotarlos y marcharnos navegantuvimos al otro lado del Velebit, pero también aprendimos a combatríaco Fernando I nos concedió una subvención anual. Nuestra gran fortaleza estaba justo en el interior de Split, en Clissa, que es de donde procede mi nombre. Combatimos a los turcos por tierra y los mantañas. Luego los turcos nos invadieron y nos echaron de nuestra tierra. Atravesamos la cordillera de Velebit y llegamos al mar, sin parar de luchar con ellos todo el tiempo. Éramos guerrillas. El emperador aus

– Erais piratas -dijo ella.

Vlado hizo una mueca.

– Procuramos evitar esa palabra. ¿Conoces la obra de Shakespeare El mercader de Venecia? Es muy popular entre nosotros; por supuesto, desde el punto de vista de los Uskok, siempre esperamos hasta el fi_nal que Antonio sufra.

– Os coméis los corazones de la gente -dijo ella-, eso dicen las historias.

– ¿Yo?, ¿personalmente? No. El corazón crudo es un gusto adqui_rido, y por entonces el término «Uskok» acabó designando la mala vita de toda Europa, incluidos varios uskoks británicos bastante famo_sos, algunos de los cuales, miembros de la nobleza, fueron colgados en Venecia en 1618.

– A algunos ingleses les impresionaría -supuso Yash-, mientras que otros lo atribuirían a una idiotez hereditaria.

Habían subido a las ruinas de la antigua fortaleza.

– Lo hicieron los venecianos. Colgaron Uskoks, hundieron nues____________________naje puede marcar sus estaciones?rimientos, llegamos por sorpresa de un Más Allá que ni imaginamos, como de uno de los ríos subterráneos del Velebit, por un laberinto de arroyos, lagos, calas y cataratas, cada uno con su propia historia, a veces más antigua incluso que la expedición de los Argonautas, antes de la historia o incluso de la posibilidad de una cronología, antes de los mapas, pues ¿qué es una mapa en ese submundo sin luz, qué peregricebir ningún interior que sea su fuente, pero obedecemos sus requedo la sangre mana de la herida de nuestro enemigo. No sabemos contonces, durante cuatrocientos años, hemos sido exiliados en nuestra propia tierra. No tenemos ninguna razón para amar a Venecia, y aun así seguimos soñando con ella, como se dice que los alemanes sueñan con París. Venecia es la novia del mar a la que queremos secuestrar, adorar, con la vana esperanza de que corresponda algún día a nuestro amor. Pero, claro, ella nunca nos amará. Somos piratas, ¿no?, brutales y simples, demasiado apegados a las apariencias, siempre atónitos cuansaron, completando lo que los turcos habían empezado. Desde entros barcos, destruyeron nuestras fortalezas. A los demás, nos disper