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En Sarajevo, sobre los árboles se alzaban pálidos minaretes. Las golondrinas trazaban senderos negros que se desvanecían en la luz vespertina, bajo la cual el río que atravesaba la ciudad parecía rojo. En el Café Marienhof, enfrente de la fábrica de tabaco, en los baños tur__traje austríaco.cos, en docenas de encuentros casuales en el bazar, a todas horas, a palo seco, incapaz de evitarlo, alguien hacía comentarios sobre el ul

– Viena ya no debe darse por contenta con seguir «ocupándonos» como ha hecho desde 1878, trayéndonos las bendiciones del progreso austríaco: ferrocarriles, prostitución, mobiliario espantoso…

– Hay agentes jesuítas por todas partes intentando convertirnos en católicos.

– … aun así, hasta ahora todo ha sido una especie de ilusión, como una locura amable, pues seguimos siendo una parte de Turquía, como siempre lo hemos sido.

– Y ahora la inofensiva fantasía de Austria se ha convertido en una manía suicida. Esta «anexión» es una sentencia de muerte para los Habsburgo.

– Y tal vez también para Europa…

Y así sucesivamente. El silencio, por más bienvenido que hubiera sido, habría traicionado la Ley tácita del Café, que era charlar, daba igual de qué, sin parar. Y muchas voces, este peligroso crescendo oto____________________do con los rincones ensombrecidos del Militar-Kasino y los susurros que se oyen dentro!tas del Tarot que los Gitanos echan por dinero o por diversión, cuidacitable y abrupto que era el carácter nacional…, voces que gritaban: ¡cuidado, cuidado con el amante despierto toda la noche junto a una chica a la que desea, y que no se le entregará! ¡Cuidado con la Mano Negra y con los exaltados macedonios, cuidado incluso con las carcias de las montañas, acosando, suplicando, inquietas, entrando como si nada para recordar tanto a nativos como a turistas lo pintoresco, exñal, soplaban por los valles de los ríos, seguían los trenes y las diligen

Y al poco, procedente de algún punto de la ciudad, tal vez de una de las laderas, donde vivían los mahometanos, o de más allá de uno de los recodos del río, se oía una explosión. Nunca demasiado cerca, casi exóticas, como unas palabras en un idioma que no había tenido que aprenderse hasta ahora…

Aunque se ponía un fez turco siempre que la situación lo requería -en Bosnia el fez era como el velo, un emblema de sumisión, y po____________________peranza de que se le pegara algo de su devoción al trabajo y su piedad. Sin embargo, fiel a su destino, pronto volvió a las calles, y habiendo aprendido desde su más tierna infancia a manejarse en la confusión de lenguas entre las que se veía obligado a moverse, dominaba, ya antes de la adolescencia, no sólo el italiano, el turco, el búlgaro, el griego, el armenio, el árabe, el serbocroata y el romaní, sino también el peculiar judeoespañol conocido comoron a Sarajevo a vivir con una rama bosniaca de la familia, con la esmente causando tantas molestias sociales a sus padres que lo mandatándose en Salónica, que incluso entonces, pese a ser turca, ya era reconocida como un entorno acogedor para los judíos que huían. Danilo había crecido en un hogar Ma'min bastante respetable, pero no tardó en bajar al puerto e ir por ahí con «derviches», jugadores y fumadores de hachís, metiéndose en los problemas habituales y finalndo Ashkil era descendiente de judíos sefardíes que habían huido de la Inquisición española hacía tres siglos y medio, y que acabaron asennérselo una de las condiciones ineludibles para hacer negocios-, Da Judezmo, y, cuando era necesario inclu____________________bía hacerse una visita. Pero ahora corría peligro y les correspondía a Cyprian y Bevis ocuparse de su seguridad.lestarse en desmentir su supuesto origen. Mucho antes de la anexión austríaca, su habilidad con las lenguas y sus dones de permeabilidad entre todos los elementos de la población habían llamado la atención del Evidenzbüro. Para los agentes itinerantes de todas las Potencias, se había convertido en el hombre indispensable en los Balcanes, al que deso podía hacerse pasar por hablante nativo de una u otra lengua sin mo

Danilo, que había quedado con Cyprian en un café justo deba__tes sobre el terreno, dada su necesidad de zambullirse en el presente. Así que era la historia, la patología del Tiempo, lo que debía corregir primero.jo del Castillo, se encontró a un joven pálido y sibarita, cuyo inglés universitario de certidumbres ampulosas llevaba capas sobrepuestas de matices de Viena y de las costas del Adriático. También descubrió una percepción defectuosa de la historia, frecuente entre los agen

– Sé que resulta difícil para un inglés, pero por un instante procu____________________men, huesos, fuego, dolor, mierda, locura, intoxicación, visiones, todo lo que ha estado pasando aquí desde siempre; eso es historia real.dores, que manipulan la historia de otros pueblos pero no producen nada propio. Son agiotistas de la historia, las vidas humanas son su moneda de cambio. Las vidas que de verdad son vividas, las muertes que les ponen de verdad fin, todo eso está hecho de carne, sangre, seria no sucede al norte del paralelo cuarenta y cinco. Lo que la Europa del Norte considera historia es en realidad bastante provinciano y de un interés limitado. Diferentes tipos de cristianos matándose entre sí y poco más. Las potencias del Norte se parecen más a administrare imaginar que, salvo en las formas más limitadas y triviales, la histo

»Ahora, imagínese una historia que no se refiere a Londres, París, Berlín ni San Petersburgo sino a Constantinopla. La guerra entre Tur__manes vienen por aquí de turismo y se maravillan de loquía y Rusia se convierte en la guerra crucial del siglo XIX. Da lugar al Congreso de Berlín, que lleva a la crisis actual y quién sabe a qué tragedias más graves que nos aguardan. Desde aquella guerra, Austria ha soñado con lo que pasaría si los turcos fueran sus amigos. Los ale Oriental que es todo. "¡Fíjate! ¡Serbios y croatas llevan fez en sus cabezas rubias! ¡Ojos azules nos miran desde detrás del velo musulmán! ¡Asombro____________________llas, y una vez más las hordas musulmanas se desplazan hacia el oeste, insaciables, para congregarse de nuevo a las puertas de Viena, los para saber cómo han pasado la noche, percibiendo que algo se agita en la oscuridad, formas y masas, cómo se reanudan antiguas pesaditán angustiosamente asustados. Vienen a la ciudad, esos hombres tan prácticos y llenos de certidumbres diurnas, y sólo hace falta mirarso!" Pero como ya habrá notado a estas alturas, en la Ballhausplatz estanto da que lleve siglos sin fortificar, que sobre los antiguos glacis se hayan construido oficinas públicas y viviendas burguesas, que en los subur__senta una oportunidad y, presas del pánico, ¿qué es lo primero que se les ocurre hacer? Se dan la vuelta y se zampan Bosnia. Sí, ¡eso lo arreglará todo! Dejándonos a todos aquí, en el crepúsculo invernal, a la espera del primer trueno de la primavera.bios se penetre tan fácilmente como en cualquier puta austriaca…, no puede ser verdad, Dios no lo permitiría, pero de repente se les pre

Cyprian escuchaba con paciencia. Llegó Bevis y se dejó caer ca_viloso en una silla, sin duda pensando en su jovencita angloeslava. Cuando Danilo hizo una pausa para beber su raki, Cyprian asintió y dijo:

– Se supone que tenemos que sacarle de aquí.

– Y Viena…