– ¡Es importante! -Otra vez Bevis, que tiraba de él hacia su mesa.
– Lo siento, Moistleigh, ¿qué pasaba?
– La bailarina del vientre. -Hizo un gesto con la cabeza en su di_rección, con la frente arrugada y seria.
– Un encanto de chica, ¿qué tiene de raro?
– ¡Es un tío!
Cyprian entrecerró los ojos.
– Sí, supongo que sí. Pues me gustaría tener un pelo como el suyo.
Cuando volvió a mirar a la otra mesa, el Coronel, curiosamente, se había desvanecido.
Volvieron a su pensión, y al día siguiente Cyprian fue de hotel en hotel, hasta enterarse por fin de que Kháutsch, tras alojarse en el Europe con otro nombre, se había ido, no sin antes haber planteado un acuerdo permanente, que recurría al dinero o a amenazas de muerte, para que su siguiente dirección no fuera divulgada.
Danilo, que lo sabía todo, se presentó en la habitación de Cyprian con una advertencia.
– No sabía si inquietarle con esta noticia, Latewood, porque me parecía usted uno de esos jóvenes neurasténicos que uno se encuen__dado a Sarajevo con una misión falsa. El montaje se reducía a atraerle aquí, a Bosnia, donde es más fácil que le atrapen los austríacos. Sus patrones ingleses le han vendido como «agente serbio», de manera que ni ellos ni, en el tra por todas partes últimamente. Pero tiene que saberlo. Le han manclima actual, los rusos tendrán muchas ganas de librarle de su suerte. Parece que ya no le debe nada a Inglaterra. Le aconsejo que se vaya. Salve la vida.
– ¿Y qué pinta el Coronel Kháutsch en esto?
Las cejas de Danilo se alzaron, su cabeza adoptó un ángulo de duda.
– El ya tiene que tomar demasiadas precauciones por sí mismo. Pero puede que usted se sienta más cómodo fuera de la ciudad.
– Entiendo que usted nunca ha querido salir.
– Supuse que a estas alturas habrían resuelto la cuestión política. -Apartó la mirada, volvió a fijarla en él-. Aun así…
– Siga, sólo soy yo, el desechable.
– Por razones que no tiene por qué conocer, ahora me resulta más difícil quedarme.
– La crisis va a más o algo así.
Danilo se encogió de hombros.
– Tengan. Más vale que se pongan esto. -Entregó un fez a Bevis y otro a Cyprian. El de éste era tan pequeño que tuvo que encasque____________________jas-. Esperen, intercámbienselos. -Por extraño que parezca, el cambio no resolvió el problema.to de tornillo, mientras que el de Bevis le caía sobre los ojos y las oretárselo en la parte de atrás de la cabeza con una especie de movimien
– No tiene sentido -murmuró Bevis.
– A veces pasa -comentó oscuramente Danilo-, pero más en los viejos cuentos que en nuestra época. La cabeza de un infiel lo delata rechazando el fez. A lo mejor es que son devotos cristianos.
– No especialmente -se quejaron Cyprian y Bevis al unísono.
– El fez lo sabe -dijo Danilo-, no pueden engañar al fez.
Dos semanas más tarde, la situación se había deteriorado dramáti____________________mino a Bosna-Brod, simple e inexplicablemente había desaparecido del tren.nos de los cuales, de hecho, no se habían despeñado por muy poco. Y de manera igualmente inquietante, habían perdido a Bevis. De cacamente. Cyprian y Danilo iban a la deriva y sin mapa por una región de montañas, bosques e inesperados barrancos arbolados, en algu
Buscaron por los vagones llenos de familias judías que viajaban a los manantiales minerales de Kiseljak, de ingenieros de las minas de magnesio de Cevljanovic, de mineros del carbón y el hierro, de es__tud a Cyprian) que iban a visitar a los presos de la cárcel de Zenica, sin encontrarlo. Temiendo previsibles problemas, Cyprian, que sólo quería seguir adelante, se había sentido obligado a bajarse y buscar a Bevis.posas, hijos y fieles novias (una categoría que causó una vaga inquie
Danilo parecía ahora temer por su propia vida.
– Olvídese de él.
– Se suponía que éramos los dos los que le teníamos que sacar a usted de aquí.
– Sabe cuidarse solo, no tiene ninguna obligación para con él.
– ¿Cómo? ¿Es que Theign también lo compró a él? -Cyprian per_cibió una melancolía familiar rezumando cada vez más cerca.
– Ingleses. Menudos idiotas.
– Sin embargo… -Cyprian agarró la cuerda de emergencias y, en la acalorada discusión con los guardias y revisores que siguió, fingió sufrir una especie de ataque de histeria, lo cual a veces le había funcio____________________rionetas golpeándose con cachiporras.pectáculo infantil en un parque, tan alejado de sus intereses como manado, mientras Danilo contemplaba la escena como si fuera un es
La última vez que ambos recordaban haber visto a Bevis en el tren fue poco antes de llegar a Lasva, el empalme para Travnik y Jajce.
– Había un enlace esperando -dijo el revisor encogiéndose de hombros-. Su amigo pudo cambiar de tren e ir a Jajce.
Aceptó telegrafiar a la oficina de la Línea de Bosnia en Sarajevo, Cyprian y Danilo se apearon y el tren siguió camino. Ellos volvieron atrás, revisaron hoces y cuencas de arroyos hasta que se les hizo de no____________________ces, antes de coger el tren de la mañana para Jajce. Cyprian miraba por las ventanillas, primero a un lado y luego al otro. Danilo no miraba con la misma resolución.de encontraron una posada e intentaron dormir hasta las primeras ludos, pero nadie había visto a ningún joven inglés con un traje verde alga. Hasta mucho después de oscurecer no llegaron a Lasva, donche, preguntaron a pescadores, guardabarreras, campesinos, vagabun
– Es posible que fuera idea suya -dijo al cabo de un rato.
– Usted será el siguiente, imagino -Cyprian replicó casi sin querer.
– Menuda elección: allá, los malditos austríacos, o aquí, su dudosa protección. En cualquier caso, estoy muerto.
En Jajce había una cascada de treinta metros y una antigua forta__ma de huevo. Decidieron salir de la estación e ir al Grand-Hôtel, con la teoría de que si Bevis rondaba por las cercanías, seguramente estaría allí. El lugar parecía haber sido trasladado, como por algún oscuro arte de magia, directamente desde los Alpes austríacos. Cyprian ahuecó una oreja.leza, y la mayor parte de la ciudad se erigía sobre una colina con for
– ¿Lo que oigo son cantos a la tirolesa? ¿Llevará el personal esos, esos sombreros? ¿Lederhosen? De hecho, Lederhosen en las actuales cir_cunstancias… -Y se sumió en un instante de acalorada ensoñación.
En la recepción nadie había visto a Bevis.
– Pero esos caballeros de ahí les estaban esperando, creo.
Cyprian se dio la vuelta agachándose mientras intentaba acordar__tantes, creando a su alrededor un vacío, se acercaban.se de dónde había meddo la pistola. Danilo esperaba con una sonrisa cáustica, negando de lado a lado con la cabeza mientras los dos visi
La Mano Negra, de eso Danilo estaba seguro.
– En tanto crean que somos agentes serbios, serán comprensivos…, Zdravo, gospodini.
Sin perder el tiempo en formalidades, Batko, el más corpulento, les hizo una señal para que fueran al bar del restaurante. Cyprian cre__llo, la estudió un momento y dijo:yó distinguir madera oscura y cabezas con cornamentas. Batko pidió sljivovica para todos. Su compañero, Senta, sacó una agenda de bolsi
– Aquí está…, deben evitar todos los trenes.