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Randolph no tenia ni idea, aunque entendía, en teoría, que algunos elementos del mundo de la superficie fueran a la guerra por el oro (es_taba pasando en Sudáfrica en ese mismo momento), incluso se decía que el «estándar oro» era un factor en la agitación social que recorría en la ac____________________tendía un extraño intervalo en el que tenía prohibida la entrada. Frunció el ceño. Ambos grupos se habían sumido en un silencio perplejo.gamos, el temor a ser pobre, o la bendición de librarse del dolor, se extualidad Estados Unidos. También sabía que hacía sesenta años se habían librado las «Guerras del Opio» entre China y Gran Bretaña. Pero entre la historia y las emociones a ras de suelo que la impulsaban, como, pon

Más tarde, al repasar la conversación, a Chick Counterfly le pare_ció que Padzhitnov había adoptado un tono poco sincero.

– Ningún comentario sobre la cuestión de Manchuria puede pa____________________terior, sólo puede hacer más inevitable el acceso de los rusos y, hasta cierto punto, de los europeos a Shambhala, dondequiera que esté.cuencia, ese gran proyecto parece casi un organismo vivo, consciente, me atrevería a decir, con necesidades y planes propios. Para nuestros propósitos inmediatos, esa vía, al abrir regiones inmensas del Asia Inñaló-. Desde una altitud suficiente, como hemos observado con fresar por alto, a no ser interesadamente, el Ferrocarril Transiberiano -se

– Entonces…

– Tenemos que asumir que, como nosotros, están aquí por el Iti_nerario de Sfinciuno.

Mientras tanto, como una forma de oración arquitectónica, se ha_bían emprendido planes civiles para la reconstrucción del Campanile dov'era, com'era, como si los estragos del tiempo y la entropía pudie__vertido y ellos ya no se sintieran retenidos sino convocados. O, como dijo Miles una velada cuando se ponía el soclass="underline" ran invertirse. La tesitura del coro de las campanas de la ciudad había cambiado; sin la más profunda de ellas, La Marangona, que era la que los podía anclar, los aeronautas sentían más cerca el tirón del cielo y la partida inminente. Como si una polaridad significante se hubiera in

– Las campanas son los objetos más antiguos. Nos llaman desde la eternidad.

Deuce y Sloat compartían habitación en la finca de Curly Dee, en el valle, donde Curly y su esposa dirigían una especie de rancho de paso para fugitivos, jornaleros, amenazas para la sociedad y casos va_rios de imbecilidad moral, una casucha sórdida y demasiado pequeña que se caía entre los postes, y cuyo tejado, dado lo poco que protegía en caso de tormenta, bien podía ser de tela metálica.

– ¿Y si nos acercamos al pueblo, nos buscamos unos conejitos y los traemos aquí?

– Uno no trae mujeres a un sitio como éste, Sloat. Se distraen, no ven más que el jugo de tabaco, las ratas, los restos de comidas pasadas, y eso las pone de mal humor.

– ¿No te gusta esta habitación?

– ¿Habitación? Pero si no llega ni a establo.

– No me gustaría nada que te volvieras casero o algo así.

– Más vale que vayamos al pueblo. A Big Billy's o a Jew Fanny s, o a cualquier otro sitio.

Fueron a caballo. El alumbrado eléctrico se les echó encima para saturarlos, y les volvió del revés las arrugas de la ropa y la piel. Un bu_llicioso hervidero de voces humanas y animales. Algunas expresaban dolor, otras diversión, y aun otras parecían estar haciendo negocios. Telluride. Creede, pero con una sola vía de entrada y salida.

– ¿Y si entramos un momento en el Cosmopolitan a echar un vis_tazo?

– ¿Por qué? Los únicos conejos que hay ahí cazan ratones.

– Tú sí tienes conejos en la mollera, Big S.

– Prefiero un cigarrillo de opio -dijo apartándose mientras Deu_ce sacaba su 44 y la blandía jugando.

Una taimada referencia al idilio intermitente de Deuce con Hsiang-Chiao, que trabajaba en una lavandería de esa calle. Era ya una vieja costumbre entre los dos socios, y de hecho cada uno de ellos iba a bus__deciente ausencia de noche por la que Telluride era famosa.car por su cuenta su diversión preferida esa noche, y sólo se volverían a encontrar unas horas más tarde, tras pasar unas horas en esa resplan

Poco antes del alba, Deuce entró dando tumbos en el restauran____________________ran lo que de otro modo habría sido un vacío insoportable.queros con habilidades sociales mal desarrolladas perseguían entre las mesas a coristas de salón que no estaban tan cansadas como para no moverse con la rapidez necesaria. El local estaba recargado de humo de grasa. Mayva entraba y salía de la cocina y además se ocupaba de las mesas que Lake no atendía. Ambas mujeres mantenían un buen ritmo de ajetreo resuelto, como si dejaran que los mil detalles del día llenabre el hombro. El local estaba lleno de borrachos hambrientos. Vate Nonpareil, mientras que Sloat lo hizo con la escopeta apoyada so

Deuce lo interpretó como «inquietud femenina», que él creía en____________________gado que fuera. Más tarde también reconocería en ellas una oscuridad igual de indeleble, que no podía ser, pero tal vez era, la mancha de un pecado secreto.ra, unas llamas que no apagaría ningún turno de trabajo por prolonlenciosa de las cejas y la barbilla si iban a comer o sentarse, él no se fijó en lo deseable que era. Lo que le sorprendió fue el modo en que mantenía cierto fuego en la mirada, muy infrecuente en una cocinetender. Cuando Lake se acercó a preguntar con una elevación si

– No tengáis prisa, chicos, la carreta de la comida tiene que llegar antes de mediodía, y seguro que trae algo que podáis jalar.

– Admiraremos el escenario -dijo zalamero Deuce.

– Nada comparable en Cañón City, espero.

– Oooh -dijo Sloat en voz baja y valorativa.

– Café -dijo Deuce encogiéndose de hombros.

– ¿Estás seguro? Piénsatelo bien.

– Lake -la llamó Mayva desde la cocina, casi a la par que Sloat mur_muraba «Deuce».

El vapor y el humo salían rizados de la ventana de la cocina for____________________bajo.las de las botas, bienvenida como un alguacil con las alforjas llenas de órdenes de detención. Lake se encogió de hombros y volvió al trallas fijadas en palos de higuera a rayas. En la calle se oía una rápida conversación en chino. Ecos prolongados de explosiones llegaban desde algún punto del valle. Los pitidos de las minas silbaban en las montañas. Llegó la mañana escurriéndose entre los párpados y las suemando conos con la luz eléctrica blanca que emergía de las bombi

Sloat se sentó asintiendo con una sonrisa de satisfacción profun_da e íntima.

– Civiles, ah, Dios mío. Ese opio va a darte por saco, pequeño 'amigo'.

– Tanto me da lo que piensen los demás, Sloat.

Mientras tanto, en la cocina:

– Ándate con cuidado con tus flirteos, Lake, ese vaquerito es mer_cancía peligrosa.

– Mamá, si ni he entendido su nombre.

– Te he visto. Por aquí pasan cien hombres al día, algunos de ellos personas normales de cuello blanco de celuloide, y a ésos, ni los miras, sólo trabajas, pero entonces entra un pequeño tipo duro de mirada fur_tiva con el peligro grabado de pies a cabeza, y ya estás preparada para…, bueno, no sé para qué.

– Yo sí.

– Lake…

– Era broma, mamá.

¿Qué era, en concreto, lo que había estado empezando a resonar tan dentro de Lake, tañendo en el fondo de su ser, invisible por la no__cluso con el humo que viciaba la sala, había emergido lentamente a la claridad? Como un viejo recuerdo, más antiguo que ella misma, de algo que había sucedido, y que supo que tendría que revivir… Y el modo en que él la miraba: unache…? ¿Fue acaso el modo en que la cara de él aquella mañana, in mirada resabiada, peor que la de la ma__puesto, pero que ni siquiera parecía proceder de él, sino de algoyoría de los inútiles engreídos que conocía, que ya daba todo por su exte_rior a ambos. Debía de ser la altitud.