– Sí. Te pondré en contacto con los agentes que llevan el caso.
Gamble no aguantó más. Descargó un puñetazo sobre la mesa y miró a Sawyer como si fuera él personalmente quien le hubiese estafado el dinero.
– ¡Doscientos cincuenta millones de dólares! -Gamble se estremeció, rabioso.
Se produjo un silencio incómodo que Sawyer fue el primero en romper.
– Tengo entendido que Archer hizo instalar algunas medidas de seguridad adicionales en la puerta de su despacho.
– Así es -contestó Lucas, con el rostro pálido.
– Más tarde quiero echar una ojeada a su oficina. ¿Qué hizo instalar?
Todos los presentes miraron a Lucas. A Sawyer le pareció ver el sudor en las palmas de las manos del jefe de seguridad.
– Hace unos meses pidió que le instalaran un teclado numérico y un sistema de entrada de tarjeta inteligente con una alarma conectada a la puerta.
– ¿Esto era algo poco habitual o necesario? -preguntó Sawyer. No encontraba una razón para más medidas de seguridad, a la vista de la multitud de controles que había que pasar para entrar en el edificio.
– No creo que fueran necesarios. Tenemos el edificio más seguro de toda la industria. -Lucas se encogió un poco al oír el fuerte gruñido de Gamble-. Pero no diría que es poco habitual; hay otras personas que tienen instalados los mismos equipos en las puertas de sus despachos.
– Estoy seguro de que no se le ha pasado por alto, señor Sawyer -intervino Quentin Rowe-, pero todo el personal de Tritón está muy concienciado con el tema de la seguridad. Se le ha machacado hasta el cansancio que la paranoia es la mejor actitud mental cuando se trata de proteger nuestra tecnología. Frank se encarga de visitar todas las secciones y da conferencias a los empleados sobre el tema. Si alguien tiene un problema o está preocupado, puede hablar con Richard, con alguien de su equipo o con Frank. Mis empleados conocen la ilustre carrera de Frank en el FBI. Estoy convencido de que cualquiera con una preocupación al respecto no tendría ninguna duda en acudir a cualquiera de ellos. Hay empleados que lo han hecho en el pasado, y así se han evitado de raíz bastantes problemas.
Sawyer miró a Hardy, que asintió a las palabras de Rowe.
– Pero han tenido problemas para entrar en su despacho después de su desaparición. Ustedes deben tener un sistema para el caso de los empleados que estén de baja, se mueran o renuncien.
– Hay un sistema -manifestó Lucas.
– Al parecer, Jason encontró la manera de saltárselo -señaló Rowe con un leve tono de admiración.
– ¿Cómo?
Rowe miró al jefe de seguridad y después exhaló un suspiro.
– En cumplimiento con las normas de la compañía, el código de cualquier sistema de seguridad individual colocado en las instalaciones debe ser comunicado al jefe de seguridad -le explicó Rowe-. A Rich. Además, todo el personal de seguridad y los gerentes de sección tienen una tarjeta maestra que permite el acceso a todas las oficinas.
– ¿Archer comunicó el código?
– Le dio el código a Rich, pero después programó el teclado de la puerta con un código diferente.
– ¿Y nadie se enteró del cambio? -Sawyer miró incrédulo a Lucas.
– No había ningún motivo para creer que había cambiado el código -dijo Rowe-. Durante las horas de oficina, la puerta de Jason casi siempre estaba abierta. Sólo Jason tenía una razón para estar allí fuera del horario normal
– Muy bien. ¿Cómo consiguió Archer la información que, presuntamente, pasó a RTG? ¿Tenía autorización para acceder a ella?
– Al menos a una parte. -Quentin Rowe se movió inquieto en la silla y se pasó una mano por la coleta-. Jason formaba parte del equipo de compra para este proyecto. Sin embargo, había algunas partes, los niveles más altos de la negociación, a los que no tenía acceso alguno. Sólo eran conocidos por Nathan, yo mismo y otros tres ejecutivos superiores de la compañía. Aparte de los abogados contratados, desde luego.
– ¿Cómo se guardaba la información? ¿Archivadores? ¿Caja fuerte?
Rowe y Lucas intercambiaron una sonrisa.
– Hasta cierto punto tenemos una oficina sin papeles -contestó Rowe-. Todos los documentos claves se guardan en archivos informáticos.
– Supongo que habrá medidas de seguridad para impedir el acceso a esos archivos, ¿no? ¿Una clave?
– Es mucho más que una clave -afirmó Lucas con un tono condescendiente.
– Sin embargo, Archer consiguió entrar, ¿no? -le replicó Sawyer.
Lucas frunció los labios como quien acaba de morder un limón.
– Sí, lo consiguió. -Rowe se limpió las gafas-. ¿Quiere ver cómo?
Los hombres entraron en el pequeño cuarto atiborrado. Richard Lucas apartó unas cuantas cajas que había junto a una pared mientras Rowe, Hardy y Sawyer le miraban. Nathan Gamble se había quedado en su oficina. En cuanto Lucas acabó de apartar las cajas quedó al descubierto un enchufe. Quentin Rowe se acercó al ordenador y levantó los cables.
– Jason conectó con la red local a través de este punto de trabajo.
– ¿Por qué no usó el ordenador de su despacho?
Rowe comenzó a menear la cabeza antes de que Sawyer acabara la frase.
– Cuando enciende su ordenador -dijo Lucas-, tiene que pasar por una serie de medidas de seguridad. Estas medidas no sólo verifican al usuario, sino que confirman su identidad. Todos los puntos de trabajo tienen un escáner de iris, que graba en vídeo una imagen del iris del usuario. Además, el escáner realiza comprobaciones periódicas del operador para confirmar continuamente la identidad. Si Archer se hubiese levantado de la mesa o alguien se hubiese sentado en su lugar, entonces el sistema se hubiese apagado automáticamente en ese punto de trabajo.
– Lo importante en todo esto es que si Archer hubiese accedido a cualquier archivo desde su propio puesto de trabajo, lo hubiéramos sabido -señaló Rowe.
– ¿Cómo es eso?
– Nuestra red tiene un registro de accesos. La mayoría de sistemas tienen una característica de ese tipo. Si el usuario accede a un archivo, ese acceso queda registrado en el sistema. Al utilizar este punto de trabajo -Quentin señaló el viejo ordenador-, que se supone que no está en la red y no tiene asignado un número en el administrador de la red, evitó ese riesgo. A todos los efectos, éste es un ordenador fantasma en nuestra red. Quizás utilizó el ordenador de su oficina para ubicar determinados archivos sin acceder a ellos. Pudo hacerlo a placer. Le evitaría pasar más tiempo en este lugar, donde podía ser descubierto.
– Espere un momento. Si Archer no utilizó su propio puesto de trabajo para acceder a los archivos porque lo identificaría y, en cambio, utilizó este otro porque no podía, ¿cómo sabe que Archer accedió a los archivos?
– De la forma más sencilla -intervino Hardy, que señaló el teclado-. Recogimos muchísimas huellas dactilares. Todas de Archer.
Sawyer hizo la pregunta más obvia de todas.
– De acuerdo, pero ¿cómo saben ustedes que este punto de trabajo fue utilizado para acceder a los archivos?
El jefe de seguridad se sentó en una de las cajas.
– Durante un tiempo estuvimos recibiendo entradas no autorizadas en el sistema. Aunque Archer no necesitaba pasar por el proceso de identificación para conectarse a través de esta unidad, dejaría un rastro del acceso a los archivos a menos que borrase el rastro antes de salir del sistema. Es posible hacerlo, aunque arriesgado. En realidad, creo que eso fue lo que hizo. Al menos al principio. Después se volvió descuidado. Pero finalmente dimos con el rastro y, aunque nos llevó tiempo, fuimos estrechando el cerco hasta que llegamos aquí.
– Sabes, es irónico -señaló Hardy con los brazos cruzados sobre el pecho-. Inviertes tiempo, esfuerzos y dinero para asegurar la red contra cualquier filtración. Tienes puertas de acero, guardias de seguridad, equipos de vigilancia electrónica, tarjetas inteligentes, lo que tú quieras, Tritón lo tiene. Y sin embargo… -miró al techo-. Y sin embargo, tienes paneles desmontables que dejan al descubierto los cables que conectan toda la red, listos para que cualquiera se conecte. -Meneó la cabeza desconsolado y miró a Lucas-. Te advertí que podía pasar.