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– De acuerdo, pero ¿cómo saben ustedes que este punto de trabajo fue utilizado para acceder a los archivos?

El jefe de seguridad se sentó en una de las cajas.

– Durante un tiempo estuvimos recibiendo entradas no autorizadas en el sistema. Aunque Archer no necesitaba pasar por el proceso de identificación para conectarse a través de esta unidad, dejaría un rastro del acceso a los archivos a menos que borrase el rastro antes de salir del sistema. Es posible hacerlo, aunque arriesgado. En realidad, creo que eso fue lo que hizo. Al menos al principio. Después se volvió descuidado. Pero finalmente dimos con el rastro y, aunque nos llevó tiempo, fuimos estrechando el cerco hasta que llegamos aquí.

– Sabes, es irónico -señaló Hardy con los brazos cruzados sobre el pecho-. Inviertes tiempo, esfuerzos y dinero para asegurar la red contra cualquier filtración. Tienes puertas de acero, guardias de seguridad, equipos de vigilancia electrónica, tarjetas inteligentes, lo que tú quieras, Tritón lo tiene. Y sin embargo… -miró al techo-. Y sin embargo, tienes paneles desmontables que dejan al descubierto los cables que conectan toda la red, listos para que cualquiera se conecte. -Meneó la cabeza desconsolado y miró a Lucas-. Te advertí que podía pasar.

– Era de la casa -protestó Lucas, acalorado-. Conocía el sistema y se aprovechó del conocimiento para colarse. -Lucas pensó por un momento con expresión agria-. Y en el proceso derribó a un avión lleno de pasajeros. No olvidemos ese pequeño detalle.

Diez minutos más tarde habían vuelto a la oficina de Gamble. El magnate no les miró cuando entraban. Sawyer se sentó en la misma silla de antes.

– ¿Alguna novedad por lo que respecta a RTG?

El rostro de Gamble se puso rojo como un tomate al escuchar el nombre de su competidor.

– Nadie me roba y se queda tan tranquilo.

– La vinculación de Jason Archer con RTG no ha sido probada. Hasta ahora sólo son conjeturas -replicó Sawyer con voz tranquila.

Gamble alzó la mirada hacia el techo en un gesto teatral.

– ¡Fantástico! Ya se puede ir a saltar la comba para conservar su trabajo, que yo me haré cargo del trabajo duro.

Sawyer cerró la libreta y se levantó cuan alto era. Hardy le imitó, e intentó cogerle por la chaqueta, pero su ex compañero lo detuvo con una mirada gélida que Hardy le había visto en más de una ocasión. El agente se volvió otra vez para mirar a Gamble.

– Diez minutos, Sawyer. A la vista de que no tiene nada más de que informar, me voy a coger mi avión un poco más temprano.

En el momento en que Gamble pasó junto a él, Sawyer le sujetó del brazo y guió al presidente de Tritón hacia la recepción. Sawyer miró a la secretaria.

– Perdónenos un momento, señora.

La mujer vaciló con la mirada puesta en Gamble.

– ¡He dicho perdónenos!

El vozarrón de sargento de Sawyer hizo saltar a la mujer de la silla y salió a toda prisa de la recepción. El agente se volvió hacia el financiero.

– Vamos a aclarar un par de cosas, Gamble. Primero, yo no le doy informes a usted ni a nadie de este lugar. Segundo, a la vista de que al parecer uno de sus empleados conspiró para hacer volar un avión, le haré todas las preguntas que quiera y me importan una mierda sus horarios de viaje. Y si me dice una vez más cuántos minutos me quedan, le arrancaré el maldito reloj de la muñeca y se lo haré tragar. No soy uno de sus criados y nunca, pero nunca más vuelva a hablarme de esa manera. Soy un agente del FBI, y muy bueno. Me han disparado, acuchillado, pateado y mordido algunos hijos de puta que le harían quedar a usted como el mayor mariquita del mundo. Así que si cree que haciéndose el chulo conmigo conseguirá que me mee en los pantalones, nos está haciendo perder el tiempo a todos, incluido usted. Así que ahora vuelva ahí dentro, siéntese y no me toque más los cojones.

Sawyer dedicó dos horas a la entrevista con Gamble y compañía, pasó media hora en la oficina de Jason Archer, prohibió la entrada a la misma y llamó a un equipo de investigadores para que la revisaran a fondo. Sawyer echó un vistazo al ordenador de Jason, pero sin saber que faltaba algo. Lo único que quedaba del micrófono era una pequeña clavija plateada.

El agente caminó hacia el ascensor en compañía de Hardy.

– Lo ves, Frank, te dije que no te preocuparas. Gamble y yo nos llevamos de maravilla.

Hardy soltó una carcajada al escuchar las palabras de su ex compañero.

– Creo que nunca le había visto tan pálido. ¿Qué demonios le dijiste?

– Sólo le dije que me parecía un tipo fantástico. Supongo que se sintió un poco avergonzado de mi franca admiración. -Llegaron al ascensor-. Sabes, no he conseguido mucha información. Toda esta charla sobre Archer como autor del crimen del siglo puede ser muy interesante, pero ahora mismo preferiría tenerlo en una celda.

– Les acabas de dar a estos tipos un repaso de padre y señor mío, y desde luego no estaban acostumbrados a la experiencia. Saben lo que pasó y cómo se hizo, pero todo después de que sucedió.

Sawyer se apoyó en la pared y se pasó la mano por la frente.

– ¿Te das cuenta de que no hay ninguna prueba que relacione a Archer con el atentado del avión?

– Quizás Archer utilizó a Lieberman para cubrir su rastro, pero tampoco hay ninguna prueba de que lo hiciera. Si es así, Archer es un tipo con mucha suerte por no haber subido a aquel avión.

– En ese caso, algún otro se encargó de derribar aquel avión.

Sawyer estaba a punto de apretar el botón del ascensor cuando Hardy le tocó el brazo.

– Oye, Lee, en mi humilde opinión, no creo que tu mayor problema sea probar que Archer está involucrado en el sabotaje.

– Entonces, ¿cuál es mi gran problema, Frank?

– Encontrarlo.

Hardy se marchó. Mientras Sawyer esperaba el ascensor, oyó una voz que lo llamaba.

– Señor Sawyer, ¿tiene un minuto?

Sawyer dio media vuelta y vio a Quentin Rowe, que venía hacia él.

– ¿Qué puedo hacer por usted, señor Rowe?

– Por favor, llámeme Quentin. -Rowe hizo una pausa y miró a un lado y a otro del pasillo-. ¿Le gustaría acompañarme a un breve recorrido por las instalaciones de producción?

– Claro, faltaría más -contestó el agente.

Capítulo 33

El edificio de quince pisos de Tritón estaba pegado a una construcción de tres plantas que ocupaba una superficie de unas dos hectáreas. Sawyer se enganchó en la solapa el distintivo de visitante en la entrada principal, y siguió a Quentin Rowe a través de una serie de controles de seguridad. Al parecer, Rowe era muy conocido y apreciado, porque no dejaba de recibir cordiales saludos de las personas con las que se cruzaban. Se detuvieron para contemplar a través de una pared de cristal, a un grupo de técnicos de laboratorio que trabajaban con batas blancas, guantes y mascarillas.

– Vaya, esto se parece más a un quirófano que a una fábrica.

– En realidad -dijo Rowe, con una sonrisa-, esta sala está mucho más limpia que el quirófano de cualquier hospital. -Miró divertido la expresión de sorpresa del agente-. Estos técnicos están probando una nueva generación de chips. El entorno debe ser completamente estéril, sin nada de polvo. Cuando estos prototipos sean operativos, podrán transmitir dos TIPS.

– Caray -exclamó Sawyer, distraído, sin tener la menor idea del significado de las siglas.

– Eso significa dos trillones de instrucciones por segundo.

Sawyer miró a su acompañante boquiabierto.

– ¿Qué coño necesita moverse tan rápido?

– Se quedaría sorprendido. Una lista interminable de aplicaciones de ingeniería. El diseño por ordenador de coches, aviones, barcos, lanzaderas espaciales, edificios, procesos de fabricación de todo tipo. Mercados financieros, operaciones bursátiles. Piense en una compañía como la General Motors: millones de piezas de inventario, centenares de miles de empleados, miles de locales. Todo suma. Les ayudamos a realizar su trabajo con mayor eficacia. -Señaló otro sector de la zona de producción-. Allí están probando una nueva línea de discos duros. Serán mucho más potentes y eficaces cuando salgan al mercado el año que viene. Sin embargo, dentro de dos serán obsoletos. -Miró a Sawyer-. ¿Qué sistema utiliza en el trabajo?