Sawyer se metió las manos en los bolsillos.
– Quizá no haya oído hablar de éclass="underline" Smith Corona.
– ¿Me toma el pelo? -replicó Rowe, asombrado.
– Si le pone una cinta nueva, va de coña -dijo Sawyer a la defensiva.
– Un consejo de amigo. Cualquiera que no sepa utilizar un ordenador en los años venideros no podrá funcionar en sociedad. No se asuste. Los sistemas actuales no sólo son amigos del usuario, son amigos de los idiotas, y no se ofenda.
– Los ordenadores son cada vez más rápidos. Eso del Internet, sea lo que sea, crece como un loco las redes informáticas, los buscapersonas, los teléfonos móviles, los faxes… ¿Cuándo se acabará?
– Ya que es mi negocio, espero que nunca se acabe.
– A veces los cambios ocurren demasiado deprisa.
– Este cambio no será nada comparado con el que veremos dentro de cinco años. Estamos a las puertas de una renovación tecnológica que hubiese parecido impensable diez años atrás. -Los ojos de Rowe brillaron-. Lo que hoy conocemos como Internet será dentro de poco algo soso y aburrido. Tritón Global será el responsable de gran parte del cambio. De hecho, si las cosas salen correctamente, estaremos a la cabeza del cambio. La educación, la medicina, el trabajo, los viajes, los entretenimientos, nuestros hábitos de comida, de relación, de consumo y de producción, todo lo que los seres humanos hacen será transformado. La pobreza, los prejuicios, los crímenes, las injusticias, las enfermedades desaparecerán aplastadas por el peso de la información, del descubrimiento. Se acabará la ignorancia. El conocimiento almacenado en miles de bibliotecas, la suma del conocimiento humano, será accesible a cualquiera. Al final, el mundo de los ordenadores tal como lo conocemos en la actualidad se transformará en una red global interactiva de un potencial ilimitado. -Se acomodó las gafas-.Todo el conocimiento del mundo, la solución a cualquier problema, estará a su disposición con sólo tocar una tecla. Es el siguiente paso natural.
– ¿Una persona podrá conseguir todo eso de un ordenador? -El tono del agente era escéptico.
– ¿No le parece una visión conmovedora?
– Me causa pavor.
– ¿Cómo es posible que le dé tanto miedo? -preguntó Rowe, incrédulo.
– Quizá me he vuelto un poco cínico después de veinticinco años de trabajar en lo que trabajo para ganarme la vida. Pero usted me dice que un tipo puede conseguir toda esa información y ¿sabe qué es lo primero que se me ocurre?
– No, ¿qué?
– ¿Qué pasará si el tipo es malo? -Rowe no reaccionó-. ¿Qué pasará si aprieta una tecla y borra todo el conocimiento del mundo? -El agente chasqueó los dedos-. ¿Lo destruye todo? O sencillamente estropea el invento. Entonces ¿qué demonios haremos?
– Los beneficios de la tecnología superan con mucho cualquier riesgo potencial. Quizá no esté de acuerdo conmigo, pero los años venideros me darán la razón.
Sawyer se rascó la coronilla.
– Supongo que es demasiado joven para saberlo, pero allá en los cincuenta, nadie creía que las drogas ilegales llegarían a ser un problema grave.
Los dos hombres continuaron la visita.
– Tenemos otras cinco instalaciones como éstas por todo el país.
– Debe ser bastante caro.
– Desde luego. Gastamos más de diez mil millones de dólares al año en investigación y desarrollo.
– Habla de cifras que ni siquiera puedo imaginar. Claro que sólo soy un burócrata que se pasa el día rascándose la nariz a costa del erario público.
– A Nathan Gamble le encanta criticar a la gente -señaló Rowe, sonriente-. Creo que con usted se llevó una sorpresa. Por razones obvias, no aplaudí su actitud, pero consideré seriamente que se merecía una ovación.
– Hardy me dijo que tenía usted su propia compañía, y que era de primera fila. Si no le molesta que le pregunte, ¿cómo es que se asoció con Gamble?
– Dinero. -Rowe hizo un gesto que abarcó el recinto donde estaban-. Esto cuesta miles de millones de dólares. A mi compañía le iba bien, pero había montones de compañías a las que les iba bien en la bolsa. Lo que la gente no parece entender es que si bien el precio de las acciones de mi compañía pasaron a valer de los diecinueve dólares la acción el día que salieron al mercado a los ciento sesenta dólares seis meses después, nosotros no vimos ni un duro. El dinero fue para la gente que compró las acciones.
– Pero usted tendría un buen paquete.
– Sí, pero siendo las leyes de valores lo que son, y los fondos de garantía, no podía vender ni una. Sobre el papel era una fortuna. Sin embargo, la empresa tenía que luchar para salir adelante. Las inversiones en investigación y desarrollo nos estaban comiendo vivos, no teníamos ganancias -explicó Rowe con tono amargo.
– ¿Y entonces apareció Nathan Gamble?
– En realidad era uno de los primeros accionistas que tuvo la compañía, antes de que cotizáramos en bolsa. Nos aportó parte del capital inicial. También nos dio algo más que no teníamos y que necesitábamos con desesperación: credibilidad en Wall Street, en el mercado de capitales. Un sólido respaldo empresarial. La capacidad demostrada para hacer dinero. Cuando mi compañía salió al mercado, él conservó sus acciones. Más tarde, Gamble y yo discutimos el futuro y decidimos que la compañía se retirara de la bolsa.
– ¿Una decisión acertada?
– Desde el punto de vista financiero, una decisión excelente.
– Pero el dinero no lo es todo, ¿no es así, Quentin?
– A veces lo pienso.
Sawyer se apoyó en la pared, cruzó los musculosos brazos sobre el pecho y miró a Rowe.
– La visita es muy interesante, pero supongo que no esto lo único que tenía en mente.
– No. -Rowe metió su tarjeta inteligente en un lector instalado en una puerta y le indicó a Sawyer que pasara. Se sentaron a ambos lados de una pequeña mesa. Rowe guardó silencio durante unos instantes para ordenar sus pensamientos.
– Sabe, si usted me hubiese preguntado antes de que ocurriera todo esto de quién sospechaba que nos estuviera robando, nunca se me hubiera ocurrido mencionar a Jason Archer.
Rowe se quitó las gafas y las limpió con un pañuelo que sacó del bolsillo de la camisa.
– ¿Así que confiaba en él?
– Totalmente.
– ¿Y ahora?
– Ahora creo que estaba equivocado. Me siento traicionado. Es algo que no esperaba
– Comprendo que se sienta así. ¿Cree que alguien más de la compañía pueda estar involucrado?
– Por Dios, espero que no. -Rowe pareció asustado por la pregunta-. Preferiría creer que fue Jason por su cuenta y riesgo o un competidor que trabajaba con él. Para mí tendría mucho más sentido. Además, Jason sabía cómo entrar en los ordenadores del BankTrust. Después de todo, no es muy difícil.
– Parece hablar con experiencia.
– Digamos que tengo una curiosidad insaciable -replicó Rowe con el rostro rojo como un tomate-. Curiosear por las bases de datos era mi pasatiempo favorito cuando estaba en la universidad. Mis compañeros y yo nos divertíamos muchísimo, aunque las autoridades locales protestaron en más de una ocasión. Sin embargo, nunca robamos nada. Incluso he enseñado a técnicos de la policía los métodos para detectar y prevenir los delitos informáticos.
– ¿Algunos de esos técnicos trabajan ahora en el cuerpo de seguridad de la compañía?
– ¿Se refiere a Richard Lucas? No, siempre ha trabajado para Gamble desde hace no sé cuánto tiempo. Es muy bueno en su trabajo, aunque no resulte una compañía agradable. Pero, claro, su trabajo no implica ser agradable.