Hugo y yo nos miramos y luego negamos con la cabeza.
– Cariño, este es… Oh, ¿no me habéis dicho vuestros nombres? -Nos miró con encantadora tristeza.
– Soy Hugo Ayres, y esta es mi novia Caléndula.
¿Caléndula? ¿Estaba loco? Conseguí que la sonrisa no se me cayera de la cara por poco. Luego vi el jarrón lleno de caléndulas en la mesa delante de Sarah, y comprendí su elección. Habíamos cometido un grave error; deberíamos haber hablado sobre aquello durante el viaje. Era lógico suponer que si la Hermandad había colocado el micro, conocería el nombre Sookie Stackhouse. Gracias a Dios que Hugo se había dado cuenta.
– ¿No conocemos a Hugo Ayres, Sarah? -El rostro de Steve Newlin tenía grabada una expresión de confusión casi proverbiaclass="underline" ceño un tanto fruncido, cejas levantadas y la cabeza inclinada hacia un lado.
– ¿Ayres? -preguntó a su vez la mujer de pelo gris-. A propósito, soy Polly Blythe, la oficiante de ceremonias de la Hermandad.
– Oh, Polly, lo siento. Culpa mía. -Sarah echó la cabeza hacia atrás de nuevo. Arrugó la frente. Después la suavizó y sonrió a su marido-. ¿No fue un Ayres el abogado que defendió a los vampiros de University Park?
– Ya veo -dijo Steve, para luego retreparse y cruzar las piernas. Saludó a alguien que pasaba por el pasillo y luego entrecruzó los dedos sobre la rodilla-. Bueno, qué interesante que te hayas pasado por aquí, Hugo. ¿Es posible que hayas visto el otro lado de los vampiros? -La satisfacción que surcaba la cara de Steve Newlin se desvaneció de un plumazo.
– La verdad es que algo parecido… -comenzó a decir Hugo, pero la voz de Steve lo arrolló.
– ¿Chupar la sangre, el lado oscuro de la existencia vampírica? ¿Te has dado cuenta de que nos quieren matar a todos, dominarnos con sus tejemanejes siniestros y promesas vacías?
Mis ojos se abrieron de par en par. Sarah asentía convencida, a pesar de no perder su aspecto dulce y blando; igual que el del pudin de vainilla. Polly parecía estar bajo los efectos de algún extraño tipo de orgasmo.
»La vida eterna en la tierra no suena mal, pero perderás el alma, y tarde o temprano te atraparemos, puede que yo no, claro está, pero tal vez mi hijo, o el hijo de mi hijo, te estacaremos y quemaremos, y entonces estarás condenado por siempre al Infierno. Y de nada servirá lo que hayas hecho: Dios tiene un lugar especial para los vampiros que han utilizado a los humanos como papel de váter… -sentenció Steve sin dejar de sonreír.
Argh. Aquello empeoraba por momentos. Y lo que percibía en Steve era solo su satisfacción sublime y maligna, junto con una inteligencia superior a la media. Nada demasiado concreto o que sirviera de mucho.
– Discúlpeme, Steve -dijo una voz profunda. Me revolví en mi asiento para ver a un hombre guapo de cabello oscuro, con un corte militar y los músculos de un levantador de pesas. Sonrió a los presentes con la misma buena fe que todos mostraban allí. Me impresionó de inmediato. Ahora, cuando pienso en ello, me parece espeluznante-. Nuestro invitado requiere su presencia.
– ¿En serio? Estaré allí en unos minutos.
– Preferiría que viniera ahora. Estoy seguro de que a sus invitados no les importará esperar. -El tipo nos miró suplicante. Hugo estuvo pensando durante un rato, un dato que me llamó la atención.
– Gabe, iré cuando haya terminado con nuestros visitantes -dijo Steve tajante.
– De acuerdo, Steve… -Gabe no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente, pero captó un destello en los ojos de Steve cuando este se sentó y descruzó las piernas. Captó el mensaje, aunque le dedicó a Steve una mirada que era de todo menos amable. Después se fue.
El intercambio fue de lo más prometedor. Me pregunté si Farrell estaba detrás de alguna puerta cerrada, y me imaginé a mí misma volviendo al nido de Dallas e informando a Stan de dónde se encontraba su hermano atrapado. Y entonces…
Oh, oh. Y entonces Stan atacaría la Hermandad del Sol y mataría a todos sus miembros y liberaría a Farrell. Y entonces…
Oh, Dios mío.
– Queríamos saber si celebran algún acontecimiento al que podamos asistir, algo que nos dé una idea de a lo que se dedican aquí. -La voz de Hugo sonó solo un poco curiosa, nada más-. Ya que la señorita Blythe nos acompaña, quizá pueda responder a eso.
Me percaté de que Polly Blythe miró a Steve antes de hablar, y también de que su cara permanecía congestionada. Polly Blythe estuvo encantada de proporcionarnos la información requerida, y también de que Hugo y yo estuviéramos en la Hermandad.
– No vamos a celebrar ningún acontecimiento en los próximos días -dijo la mujer de pelo gris-. Esta noche tendremos un encierro especial, y después de eso el ritual de la madrugada del domingo.
– Suena interesante -dije-. ¿Justo al alba?
– Oh, sí, justo al alba. Lo llamamos servicio a la intemperie, y todo -dijo Sarah, riendo.
– Nunca olvidarás uno de nuestros servicios del alba. Resultan inspiradores más allá de lo imaginable.
– ¿Qué clase de…? ¿Qué es lo que ocurre? -preguntó Hugo.
– Verás con tus propios ojos la evidencia del poder de Dios -aseguró Steve, sonriendo.
Sonaba muy mal.
– Oh, Hugo. ¡Qué excitante!
– Claro que sí. ¿A qué hora comienza la clausura?
– A las seis y media. Queremos que nuestros miembros estén aquí antes de que se levanten.
Durante un segundo imaginé una bandeja de bollos en algún lugar acogedor. Luego me di cuenta de que Steve quería decir que quería que los miembros estuvieran allí antes de que los vampiros se levantaran por la noche.
– ¿Pero qué ocurre cuando su congregación vuelve a casa?
– ¿Oh, seguro que no has ido antes a una fiesta de clausura? -dijo Sarah-. Es muy divertido. Todo el mundo se trae sus sacos de dormir, y comemos y jugamos y leemos la Biblia, y todos pasamos la noche en la iglesia. -Advertí que la Hermandad era una iglesia a ojos de Sarah. Estaba muy segura de que el suyo reflejaba el punto de vista del resto de los encargados. Si parecía una iglesia y funcionaba como una iglesia, era una iglesia, sin importar si tenía o no beneficios fiscales.
Había ido a un par de fiestas de estas cuando era joven, y me había costado sobrevivir a la experiencia. Un puñado de chicos encerrados en un edificio durante toda la noche, escoltados por carabinas, a los que se proporcionaba un montón de películas y comida basura, actividades de todo tipo y gaseosa. Lo pasé realmente mal a consecuencia del bombardeo mental de los impulsos e ideas que bullían a causa de las hormonas, los berrinches y el griterío.
Ahora sería diferente, me repetí. Se trataba de adultos, adultos con un propósito en mente. No habría un montón de bolsas de patatas por todos lados, y tendrían lugares decentes para dormir. Si Hugo y yo veníamos, tal vez se nos presentara la posibilidad de buscar por el edificio y rescatar a Farrell, ya que estaba segura de que era el que iba a reencontrarse con el alba el domingo, quisiera o no.
– Sois bienvenidos. Tenemos un montón de comida y catres -nos aseguró Polly.
Hugo y yo nos miramos indecisos.
– ¿Por qué no damos una vuelta por el edificio, y así veis todo lo que tenemos montado? Luego podréis decidir -sugirió Sarah. Le cogí de la mano a Hugo y recibí una bofetada de ambigüedad. Me abrumaban las emociones de Hugo. Salgamos de aquí, pensó.
Descarté mis planes. Si Hugo estaba tan alterado, no podíamos seguir. Las preguntas deberían esperar hasta después.
– Deberíamos volver a casa para recoger nuestros sacos de dormir y las almohadas -dije en un destello de astucia-. ¿Verdad, cariño?
– Y tengo que darle de comer al gato -añadió Hugo-. Aunque estaremos aquí a las… seis y media, ¿no?
– Steve, ¿no teníamos un par de sacos en el almacén, de cuando la otra pareja estuvo aquí una temporada?
– Sería un placer teneros con nosotros hasta que los demás vengan -nos presionó Steve, tan radiante como siempre. Sabía que estábamos entre la espada y la pared y que necesitábamos salir de allí, pero todo lo que recibía de los Newlin era un muro de determinación. Polly Blythe se sentía… feliz, se estaba regodeando con la situación. No me gustaba tener que insistir tanto ahora que era consciente de que sospechaban de nosotros. Si conseguía salir de allí, me prometí no volver nunca jamás. Dejaría esos jueguecitos de detective para los vampiros, y seguiría trabajando en el bar y durmiendo con Bill.