– ¿Nos ha destruido a ambos?
La mirada de él saltó a su cara de nuevo.
– Absolutamente no. Ese hijo de puta no tiene poder para destruirnos, Elle. Estamos caídos, pero no acabados. Volveremos a levantarnos más fuertes que nunca. -Su boca se curvó en una sonrisa sin humor, pero que le robó el corazón-. Yo ya estaba en este largo camino antes de que Stavros entrara en nuestras vidas. Solo que nunca te dejé ver mi auténtico yo.
– Me gusta tu auténtico yo -susurró Elle.
Los ojos de él se caldearon. Extendió el brazo hacia arriba y cerró el agua.
– El antiséptico va a picar, cariño. -La envolvió en una toalla suave y la secó con golpecitos, intentando no tocar ninguna de las heridas, pero fue imposible.
– No me haces daño -aseguró ella. Su cuerpo se estremecía bajo el roce de la toalla, pero se aferraba a él y mantenía la barbilla en alto.
– No tienes que protegerme, Elle. Sé que duele, he estado ahí, ¿recuerdas? -Nadie había lavado sus heridas o las había esterilizado. Moscas y mosquitos se habían reunido en las lesiones crudas, filtrándose y dándose un festín. Alejó el pensamiento rápidamente, pero supo por la rápida inhalación de ella que había captado un vistazo. Volvió a luchar con su necesidad de apartar su mente de la de ella, de ocultarle su pasado y el monstruo que había resultado de este.
– No -dijo Elle-. Por favor, no. Te necesito. Necesito esto. Necesito saber que sobreviviste y te convertiste en alguien útil y necesito verte como realmente eres, así tengo alguna esperanza. -Agachó la cabeza, evitando sus ojos mientras confesaba-. No tengo mucha fe en mí misma en este momento. Tú eres ayudante del sheriff, no eres un monstruo. Has escogido ayudar a la gente, no herirla. Te necesito muchísimo ahora mismo, Jackson. No te ocultes de mí.
Él se llevó ambas manos de ella a la boca y le besó la punta de los dedos.
– Lo que necesites, princesa, sabes que lo haré. -La condujo a la cama y gesticuló para que se tendiera sobre el estómago para poder aplicar el antiséptico y vendar las peores heridas que todavía sangraban. Tenía el estómago hecho un nudo. Puede que hubiera escogido ser ayudante del sheriff en la superficie y llevar una placa, pero profundamente en su interior donde estaba su alma, era capaz de cosas en las que Elle nunca debería tener que pensar. A su modo, era tan violento y retorcido como Stavros.
El aliento de Elle se atascó en su garganta.
– No lo eres. No pienses eso. No lo eres.
Esperaba con toda su alma que ella tuviera razón.
Capítulo 7
Jackson se despertó, pistola en mano, su mirada ya buscaba un blanco por la habitación. No se movió, consciente de que Elle estaba acurrucada a su lado, llevando sólo la camisa de él y los vendajes. El ruido había provenido de ella, un sonido tímido y angustiado que resultó desgarrador. Soltó el aliento y deslizó la pistola de vuelta bajo la almohada, girándose con cuidado para así no rozar sus heridas.
Elle se sentó abruptamente, extendiendo las manos a la defensiva, arremetiendo contra un atacante invisible, los pechos subían y bajaban bajo la delgada camisa como si luchara por tomar aire. Giró la cabeza, buscando frenéticamente por la habitación antes de dejar caer una mano en el pecho de él.
Jackson. Él está aquí.
Su voz, tan débil y repleta de terror, junto con el puro pánico en su pálido rostro, le brindó un escalofriante instante. Los tentáculos del miedo se deslizaron por su espina dorsal y el estómago se le anudó en respuesta. Echó un vistazo al pastor alemán tumbado en la entrada. El perro estaba alerta, plenamente consciente de Elle, pero sin dar la alarma. Jackson se relajó.
– Mira a Bomber, cariño. Está muy bien entrenado. Nos alertaría si hubiera un intruso.
– Oí su voz. Susurrándome.
La mano se movió lentamente hacia su garganta, acariciándose con los dedos con inquietud, como si estuviera irritada. Incluso la voz era forzada, como si le doliera al hablar.
– ¿Qué dijo?
Jackson se incorporó y la arrastró a sus brazos para calmarla, teniendo cuidado de evitar frotar su cuerpo contra el de ella, temiendo lastimarla.
Elle frunció el ceño.
– Estaba pensando en ti. En lo segura que me haces sentir y entonces no podía respirar y lo oí susurrando con esa voz… ronroneando con satisfacción como siempre hacía.
Ambas manos revolotearon hacia su garganta. Su voz sonaba distante, débil y muy asustada.
– Fue un sueño. Sólo un mal sueño, Elle. Vas a tener un montón de ellos.
Ella se humedeció los labios.
– No lo creo, Jackson. Sabe cómo encontrarme. Dijo que te mataría delante de mí, y que sería una muerte lenta.
Jackson envolvió ambos brazos alrededor de su trémulo cuerpo.
– Era un sueño. Piensa que eres Sheena MacKenzie. No tiene manera de rastrearte, cariño. Y no muero tan fácilmente, recuerda. Incluso si va tras nosotros, no cuenta conmigo. No tiene manera de saber qué clase de hombre soy, pero tú sí -frotó su coronilla con la barbilla- sabes lo bastardo que soy.
Un único sollozo escapó y él sintió el estremecimiento que le recorrió el cuerpo. Jackson enterró la cara contra su cuello.
– Estás a salvo, Elle. Estás aquí conmigo y estás a salvo. Túmbate e intenta dormir.
Ella negó con la cabeza inflexiblemente.
– Tengo miedo de cerrar los ojos. Cuando lo hago, él está allí. -Su voz era el sonido de la desesperación-. Lo juro, Jackson, estoy teniendo ataques de pánico igual que Hannah. Nunca tuve uno en mi vida, pero no puedo respirar y mi corazón palpita demasiado rápido porque tú estás durmiendo y ya no puedo sentirte en mi cabeza.
Envolvió el brazo alrededor de la cintura de él y presionó su cuerpo apretadamente contra el suyo, sin pensar en las heridas.
Él le inclinó la cara hacia arriba, rozando las lágrimas con sus labios, probándolas. Siguió el rastro hacia la comisura de la boca y se detuvo cuando la sintió retroceder.
– ¿Qué pasa?
– Me da vergüenza contártelo.
Una sombra de sonrisa suavizó la línea de la boca de él.
– No creo que tengamos mucho más que esconder el uno del otro. Sabes más de mí que nadie y creo que sé mucho sobre ti.
– Aún así es embarazoso.
Elle encontró que algo de la tensión abandonaba su cuerpo. Algo en Jackson la hacía sentir fuerte cuando sabía que no lo era.
– Sé valiente.
– En el minuto en que vas a dormir y abandonas mi mente, todas esas imágenes me invaden. De él. Su boca sobre la mía. -Se tocó los labios con los dedos-. No quiero recordarlo, su sabor, o sentirlo encima de mí, así que te miro, a la cara. Tu boca. -Un débil color le arreboló las mejillas-. Imagino cómo sería besarte. Qué sabor tendrías. Cómo se sentirían tus labios contra los míos. -Parpadeó para controlar las lágrimas y descansó la frente contra la suya-. Al igual que antes, no puedo respirar, Jackson. Siento sus manos en mi garganta sacándome la vida y puedo oírlo susurrando que te matará delante de mí. Su voz era tan real.
Alzó la cabeza y lo miró fijamente a los ojos, queriendo… deseando… que la creyera.
Jackson bajó la mirada hacia ella durante un largo momento sin hablar, los ojos indescifrables. Subiendo la mano hacia su nuca, la ahuecó y la dejó descansar allí con un indicio de posesión. El corazón de Elle empezó a palpitar. Bajó la cabeza hacia la de ella. Lentamente. Dándole tiempo para apartarse. Ella no lo hizo, pero sintió su cuerpo tensarse. Probó el miedo en su propia boca. No puedo.
– Esto no va de sexo, nena -le susurró, con los labios contra la comisura de su boca-. Va de ti y de mí. De cómo me siento. Qué sabor tengo. Así no tendrás que imaginar… sabes. Y cada vez que necesites borrar su recuerdo, tendrás otro que poner en su lugar.