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Elle frunció el ceño mientras se agachaba bajo el brazo para salir.

– ¿Dos perros más? ¿Qué quieres decir?

– Perros guardianes. He trabajado un poco con ellos. Una amiga mía los entrena. Los dos que vienen son muy hábiles y he trabajado antes con ellos. Lisset los vende, así que le pedí que cuando estuviera preparada para dejarlos ir, me diera la primera oportunidad.

– ¿Lisset?

Nunca le había oído hablar de otra mujer. Ni una vez. Nunca había oído ni un murmullo sobre que tuviera citas, o le había visto contestando a la llamada de una mujer. Jonas nunca había mencionado a otra mujer.

Le estudió realmente. Los amplios hombros, el abdomen plano y las estrechas caderas. Tenía un trasero muy bonito, en el cual ella había reparado a menudo.

– Para.

Ella alzó la ceja.

– Eres endemoniadamente guapo.

– No, no lo soy. -Le atrapó la mano cuando ella comenzaba a avanzar hacia el sendero que se dirigía a la playa-. No bajaremos allí. Nos sentaremos aquí bajo los árboles y observaremos como sale el sol.

– Creía que íbamos a bajar a la playa.

Había echado de menos pasear por la playa con la arena fresca en los dedos de los pies y el viento proveniente del océano en el rostro.

– No podemos correr el riesgo de que te entre arena en las heridas.

– Sí, podemos. -Inclinó la barbilla hacia él-. No me molesta un poco de arena.

Era la primera vez que realmente actuaba como Elle. Los profundos ojos verdes desafiantes chispeaban con un color esmeralda y Jackson sintió como se le encogía el corazón.

– Estoy seguro que a ti no te molesta, cariño, y tan pronto como tu hermana Libby mueva el culo hasta aquí, y te cure esas heridas abiertas, podrás revolcarte en la arena si quieres. Mientras tanto, nos sentaremos bajo los árboles y miraremos el mar desde aquí arriba.

La boca de ella se frunció.

– Jackson, no es para tanto.

Él alargó la mano con engañosa naturalidad, le cerró los dedos alrededor de la nuca y avanzó hacia ella, un lento paso cada vez.

– Si hubieras sido una chica lista, te habrías quedado con tus hermanas. Entonces cuando quisieras pasear por la playa con las heridas abiertas, ellas habrían discutido contigo y al final te lo habrían concedido porque ahora mismo quieren darte cualquier cosa. Yo también quiero dártelo, Elle, pero no a riesgo de una infección. Elegiste quedarte conmigo, y tienes que sufrir las consecuencias. No he cambiado y no voy a cambiar. Haremos lo mejor para tu salud. Si quieres enfadarte conmigo, y ambos sabemos que necesitas enfadarte con alguien, entonces de acuerdo, puedo vivir con eso. Y ya te he dado más explicaciones de las que nunca he dado a nadie en mi vida.

– ¿Es así como se supone que ganas puntos?

Otra vez esa sonrisa débil y fantasmal que llegó de la nada y sus blancos dientes centellearon brevemente.

– Tal vez. No me preocupan mucho los puntos. Y tampoco me importa levantarte en brazos y cargar contigo hasta los árboles. Así que, decide.

– Menudo caballero blanco estás hecho.

Lo empujó para pasar y se encaminó por el desgastado camino hacia los cipreses mecidos por el viento que daban al océano.

– Supongo que eso puede haber sido un sarcasmo.

Puso la manta sobre el suelo en la cima de la pequeña cuesta de cara a las dunas que lo separaban del mar.

Elle se dejó caer sobre la manta, suspirando pesadamente para demostrarle que no estaba tan contenta como habría estado paseando por la playa.

– Supones bien.

Jackson le pasó un jersey sobre la cabeza, sus manos fueron tiernas cuando le pasó los brazos por las mangas. Se había rendido con demasiada facilidad. Elle Drake lo habría hecho marchitarse al momento por atreverse a darle órdenes, aunque fuera por su salud, pero al menos había protestado, ganara o no.

– Libby puede venir mañana, quizás con Sarah o Hannah si no te sientes abrumada.

El aliento de Elle se le atascó en la garganta mientras la alarma la apuñalaba.

– No -negó con la cabeza-. Rotundamente no. No quiero que lo sepan.

– Nena -dijo en voz baja, cogiéndole la mano, trazando perezosos círculos con el pulgar en el interior de su palma-. Ya lo saben.

Ella le atrapó los dedos y los sujetó con fuerza.

– No, no lo saben. Saben algo en plan, oh, pobre Jackson, fue torturado. Qué terrible. Y por supuesto se sienten terriblemente mal por ti. Tienen una tremenda compasión, pero no saben lo que es ser despojada de toda dignidad, toda humanidad, sentirse menos que un animal, gateando desnuda y ciega por el suelo, un cuerpo para ser usado de cualquier forma que alguien crea conveniente. Sabiendo que puedes ser violada, tratada brutalmente, sodomizada, golpeada, obligada a pasar hambre y a cometer cualquier acto depravado solamente para el entretenimiento de alguien. A menos que hayas pasado por eso, no puedes sentirlo. No está estampado en tu alma tan profundo que estás marcado de por vida.

Jackson se pasó la mano por el pelo y se removió, los nudos en sus entrañas se endurecían. Sabía lo que quería decir. El conocimiento, la amargura, la rabia. Podía saborearlos en su boca y oírlos en sus propios gritos. El sudor le perló la piel y apartó la mirada de ella.

– No lo hagas -siseó Elle entre los dientes apretados. Su mano le atrapó la cara y le obligó a girar la cabeza, a mirarla-. Si sabes todos los detalles de lo que ese hombre me hizo, entonces no te apartes de mí porque sé lo que te hicieron a ti. Si puedes mirarme y aceptar mi degradación y dolor, entonces no te alejes de mí cuando comparto los tuyos.

Él se inclinó y rozó los labios a través de su boca, sobresaltándola.

– Los hombres creemos que tenemos que proteger a las mujeres y poder con ello, eso es lo que debemos poder hacer. -Cuando ella siguió mirándolo fijamente él suspiró y posó un suave beso sobre su boca otra vez-. De acuerdo. Lo capto. De verdad, Elle.

– Antes, cuando fuiste capturado y estábamos conectados y te pedí que vivieras, sabía lo que significaba, sabía lo que te estaba pidiendo y lo que eso significaba para mí. Cuando tú me pediste que viviera, esperaba que supieras lo que eso conllevaba. Sabía que estábamos compartiendo recuerdos en nuestras mentes, que conocías cada detalle de lo que me sucedía en sus manos, y yo supe cada detalle de lo que te ocurrió cuando fuiste capturado. ¿Te molesta tanto que lo sepa?

Su mirada se movió rápidamente hacia la cara de ella. ¿Había una nota de dolor en su voz? ¿Había una diferencia? Sabía lo que Stavros le había hecho, utilizado su cuerpo, forzando su conformidad, e incluso su placer, y sabía que se sentía avergonzada por eso. Para él, eso formaba parte del proceso de humillación y degradación que Stavros había utilizado para derrotarla. Por supuesto que necesitaba saber lo que Stavros le había hecho, lo que había sufrido, para poder ayudarla. Quería ayudarla. Le había dicho que no la dejaría sola y hablaba en serio. Lo había sabido, desde el momento en que le pidió que viviera por él, el alcance del compromiso que estaba aceptando… incluso más que el que había aceptado ella. Elle pasaría a través de todas las fases de la recuperación con él… la recuperación que pudiera lograr… y la rabia formaría una gran parte de ella.

Estaba ligado a la mente de ella durante cada momento de vigilia, algo que habría sido incómodo para un solitario como él, pero por primera vez en su vida, no se había sentido tan completamente solo. Él era diferente. Había sido diferente desde su más tierno recuerdo, y ahora, al mantener su mente entrelazada con la de Elle, algo en su interior estaba cambiando. Se descubría a sí mismo siendo más empático con ella. Sabía casi antes que ella lo que estaba sintiendo. Se sentía como si su mente se envolviera más y más en la de ella, atándolos juntos de maneras que no había esperado.

– ¿Jackson?

Su suave pregunta atrajo a su mirada de un salto a la de ella.