– Así que había alguien más -le apuntó.
– No había alguien más -negó-. Tú no me querías.
– Siempre te he querido. Me trasladé a Sea Haven por ti. No me cargues el muerto a mí, Elle. -También se levantó, acercándose a ella, cerniéndose sobre ella-. Tú me querías bajo tus condiciones.
– Deberías haberme querido bajo cualquier condición -soltó ella-. Si te importaba, entonces las circunstancias no deberían importar.
– ¿Qué demonios soy para ti, Elle? Un legado. Alguien que tu maldita casa eligió para ti. Tu quieres un hombre que diga amén a todo y que te acompañe en tu pequeña fantasía sobre siete hijas y…
– ¿Cómo sabías lo que quería? -le interrumpió-. Nunca te tomaste el tiempo necesario para descubrirlo. Te informaste sobre mi familia y sencillamente te hiciste a un lado. No me querías pero tampoco querías que nadie más me tuviera.
– ¿Así que te marchaste y pusiste tu vida en peligro? ¿Qué clase de gilipollez es esa? Eres tan jodidamente testaruda, Elle. Te empeñas en algo y no quieres cambiarlo por nadie… especialmente por mí.
– Querías tomar el mando de mi vida.
– No, pensabas que quería tomar el mando de tu vida. Quería que vieras en lo que te metías, no lo que tu legado dictaba. No soy el buen chico que tu padre escogería para ti. No voy a decir sí cuando pienso que no es lo adecuado para nosotros… o para ti. No querías eso. No es políticamente correcto en estos tiempos que corren para una mujer fuerte, ¿no? Soy una vuelta a los días de las cavernas y tú querías que cambiara por ti.
– Simplemente quería que me quisieras a mí. A la verdadera Elle Drake, con su loca familia y sus siete hijas y la maldita casa. Quería que amaras a esa Elle Drake. ¿De verdad estaba tan mal eso, querer qué me quieras por lo que soy?
– Sí, amo a Elle Drake, a su familia y a sus siete hijas e incluso a la maldita casa. Pero voy a ser yo, Elle, y vas a tener que aceptar quién soy y el equipaje que viene conmigo.
Ella lanzó las manos al aire.
– ¿Crees que no te conozco? Sé exactamente cómo piensas. Eres condenadamente mandón y crees saber lo que es mejor para mí.
– Para nosotros. -Sus ojos centellearon bajando hacia ella mientras la corregía-. Quiero que discutas conmigo, Elle. No me importan las discusiones acaloradas, pero que me condenen si me abandonas cada vez que te cabreas.
Ella jadeó.
– Yo no hice eso.
– Y una mierda que no. He tenido toda una vida de eso y no lo aceptaré de ti. Te quedas y peleas conmigo, nena. Todo o nada. ¿Me entiendes? No vas a tener un pie fuera de la puerta porque no te guste que te diga lo que tienes que hacer. Mejor te haces a la idea de que soy tu hombre y luego te lo grabas.
– No soy yo quien tiene problemas de compromiso -le espetó-. Ese serías tú.
Su ceja salió disparada.
– ¿En serio? Porque creo que cada vez que me acercaba a ti, salías huyendo como un conejo.
– Quizás necesitaba que me ayudaras a afrontar lo que se suponía que tenía que hacer, Jackson. ¿Alguna vez has pensado que quizás te necesitaba? Crees que has pasado un mal rato pensando en lo de formar parte de mi familia y tener siete hijas, ¿pero se te ha ocurrido por una vez, sólo por una vez, que quizás sea difícil para mí? Oigo tu voz y conozco tu mente. Me he paseado por allí, me he envuelto en ti y todavía estabas lejos de mí. No me querías allí, dentro de ti.
– ¡Maldita sea, Elle! -Se pasó los dedos a través del espeso y ondulado cabello-. Viste lo que me hicieron. Y está mi infancia, tan diferente de la tuya. La tortura. -Se pasó la mano por la cara, trazando un camino bajando por el pecho como si tanteara el rastro de la sangre-. ¿Crees que quiero esto para ti? Te estaba protegiendo.
– No quiero tu protección más de lo que tú quieres la mía. Necesito ser tu compañera, Jackson. Necesito ser capaz de ver dentro de ti lo mismo que tú me ves a mí.
– No puedo ser más de lo que soy, Elle. Si quieres un hombre que te trate como a una muñeca rota, ten por seguro que has venido al lugar equivocado. Y si esperas de mí que me haga a un lado y te deje tomar decisiones que van a hacerte daño a la larga, entonces, nena, definitivamente tienes al hombre equivocado porque yo protejo a mi mujer. Equivocado o no, políticamente correcto o no, me interpongo delante de ella cuando es necesario. ¿Lo pillas?
Elle estudió las líneas de su rostro, las oscuras sombras que se movían en sus ojos. Un estremecimiento de excitación le bajó por la columna, y en su estómago revolotearon mariposas. Quizás era una vuelta a los días de las cavernas, pero era un hombre que se mantendría firme cuando hubiera un problema… cualquier tipo de problema. Ya fuera que estuviera luchando con un enemigo u ocupándose de hijos adolescentes o tratando de proporcionar el sustento para una gran familia. ¿Por qué antes había visto su fortaleza como una debilidad? Ella tenía que ser igual de fuerte, permanecer con él, estar a su altura, encontrar un lugar a su lado, no liderando el camino.
– ¿Elle? Joder, contéstame.
– Lo pillo. Y vigila tu lenguaje, Jackson. Puedes comenzar a controlar tu lengua si vamos a tener siete hijas. ¿Puedes imaginarme teniendo que explicar en la escuela por qué todas hablan de esa manera?
Él se encogió de hombros.
– Algunos de nosotros no fuimos criados tan educadamente.
– Bueno, algunos de nosotros simplemente aprendimos y crecimos durante el camino. Eso es una excusa.
Había mordacidad en su voz, pero en su mente, un leve asomo de risa.
Él abrió la boca y luego la cerró de nuevo con un ligero suspiro. Recuperando la manta, envió al perro por delante con un pequeño gesto de la mano.
– Siempre tienes que tener la última palabra, ¿no?
Elle esperó por él, colocándose bajo su hombro, igualando sus más cortas zancadas con las más largas de él hasta que Jackson se rió y disminuyó la velocidad por ella.
– Sí, porque eres un malhablado y siempre va a salir a relucir cuando discutamos.
– Podrías intentar no discutir conmigo, Elle.
Le disparó una mirada por debajo de las largas pestañas.
– Sí. Así será. Justo como tú vas a aprender a moderar tu lenguaje.
– Es sólo una jodida palabra, Elle. ¿Qué maldita diferencia habría?
– ¿Ves? No puedes evitarlo -dijo ella con petulancia-. Siempre voy a ganar.
Él suspiró pesadamente.
– Aprenderé. Especialmente después de que nuestras hijas hayan nacido.
– Aprenderás antes.
Una gaviota chilló sobre sus cabezas justo cuando Bomber se cruzó delante de Elle. Lanzando un agudo y corto ladrido, la cabeza señalando hacia el frente de la casa, las orejas hacia arriba como si avisara a Jackson de un intruso.
La pistola de Jackson se deslizó suavemente en su mano y empujó a Elle detrás de él.
– Quiero una pistola -dijo ella entre dientes.
– Podrías dispararme si digo «joder», y estoy destinado a pifiarla. Tienes un temperamento horrible, nena. -Apuntó mientras le señalaba que se deslizara entre las sombras.
Sintiéndose un poco indefensa sin un arma y con el cuerpo en tal frágil condición, Elle fue sin protestar, sin embargo tomó un más firme agarre sobre él con la mente. Observó al perro mientras éste enseñaba los dientes y pasaba a posición de ataque ante las órdenes que Jackson pronunció en voz baja. Jackson lo agarró del collar y lo sujetó, pero Bomber parecía terrorífico, todo dientes y resuelto, ladrando, gruñendo, estirando el collar al máximo mientras cargaba hacia delante.
Capítulo 8
Inez Nelson giró la esquina y se detuvo bruscamente, sosteniendo una caja de comestibles en sus brazos. Palideció y permaneció quieta, esperando que Jackson diera la orden de tranquilizarse al perro. Cuando Bomber se sentó ella respiró hondo, viendo sólo entonces que el arma de Jackson volvía a la pistolera de su hombro.