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Inez poseía el local y la única tienda de ultramarinos en Sea Haven. Había sido parte de las vidas de las hermanas Drake desde que Elle podía recordar. Parecía frágil con el pelo canoso y el cuerpo esbelto, pero ya estaba sonriendo al perro.

– Buen trabajo, Bomber. Proteges a nuestra chica. Traje algunas cosas que pensé que podríais necesitar -dijo a modo de saludo, los agudos ojos inventariando a Elle mientras esta surgía de su escondite en los arbustos-. Hola, cariño, no pensaba que estuvieras levantada tan temprano. Iba a dejar la caja en el embarcadero.

Elle sintió el calor subir a pesar de sus esfuerzos por controlarlo. No pudo evitar el mirar hacia abajo, para ver si todas las heridas estaban cubiertas adecuadamente. El suéter de Jackson era largo para ella, pero era blanco y se veían algunas de las vendas. Había un par de lugares donde la sangre había manado, manchando la tela. Levantó la mano para tocar el enredado pelo color rojo apagado, todavía enmarañado por la falta de cuidado.

Jackson la agarró por la muñeca y tiró, empujándola bajo su hombro, su cuerpo protegía el suyo ligeramente, haciendo más difícil que Inez consiguiera una buena vista.

– Eso es tan dulce de tu parte, Inez -habló Jackson en el breve silencio.

Podía sentir la molestia de Elle, su repentino temor irracional, y su pena por tratar a una vieja amiga con tal falta de calor. Él raramente hablaba con cualquiera del pueblo más que un par de oraciones breves. Pero, si Elle no podía recibir visitas todavía, entonces ahí estaba él para cubrirla. Le dirigió una sonrisa amistosa e indicó a Inez que le precediera por el sendero hasta la terraza. Mantuvo el brazo firmemente alrededor de la cintura de Elle, instándola a caminar con él.

– ¿Cuándo pusiste grabados en tus piedras, Jackson? -preguntó Inez, mirando al sendero-. Nunca lo he advertido en todo el tiempo que te he traído comestibles.

Elle miró rápidamente a la cara de Jackson. ¿Ella te trae comestibles?

En el momento en que utilizó la telepatía, el cerebro se agarrotó, apretándole el cráneo como un torno. Jadeó y se adhirió a Jackson para evitar caer. Él le puso la mano en la nuca y le empujó la cabeza hacia abajo para que pudiera respirar profundamente y evitar desmayarse.

Libby te dijo que no usaras la telepatía. Tienes que permitir que tu cerebro se cure, Elle. Si sigues así destruirás tu talento completamente. El temor hizo que su voz sonara nerviosa y más brusca de lo que pretendía.

Elle intentó liberarse de su mano, mirándole furiosa.

– Lo sé. ¿Crees que no lo sé? Lo olvidé.

– ¿Olvidaste qué, querida? -Inez se giró con una sonrisa en la cara, pero jadeó cuando vio la cara de Elle-. Estás sangrando, Elle.

– ¿Lo estoy? -Elle se tocó la boca y la nariz. Los dedos salieron manchados de sangre-. No duele, Inez. Entraré, me lavaré y volveré inmediatamente. -Manteniendo la cabeza baja, se apresuró hacia la casa, deslizando la mampara detrás de ella. Bomber logró deslizarse dentro a la señal de Jackson antes de que la mampara se cerrara.

– ¿No deberías entrar con ella? -preguntó Inez-. Puedo irme, Jackson.

La primera reacción de Jackson fue dejar que se fuera. Siempre había estado inquieto con gente alrededor, pero Inez conocía a Elle desde su nacimiento, había asistido a la fiesta de la madre por ella. Podía ver la preocupación en sus ojos, y en las profundas líneas de la cara mientras dejaba los comestibles y le miraba.

– Por favor, quédate. Toma una taza de té con nosotros esta mañana. -Le envió una pequeña sonrisa-. O café. No se lo digas a Elle, pero tengo café en la cocina.

Inez le sonrió.

– El café sería fantástico. Aún no he tenido mi cuota de la mañana. -Echó un vistazo al reloj mientras se sentaba en la mecedora-. Tengo bastante tiempo antes de que se suponga que abra la tienda.

– Llevaré esto adentro y te traeré una taza. ¿Azúcar y crema?

Ella sacudió la cabeza.

– Me gusta negro y fuerte. Y quizá no deberíamos mencionar esto a Elle tampoco.

Jackson levantó los pulgares y entró deprisa para comprobar a Elle. Esta ya se había restregado la cara y trataba desesperadamente de domar su pelo. Las lágrimas le corrían por la cara. Le agarró las frenéticas manos y las sostuvo quietas.

– Dime.

– Mírame. Soy un desastre.

– No, no lo eres, Elle. Eres la mujer más hermosa del mundo. Échate el pelo hacia atrás y haz esa cosa que haces, ya sabes, retorcerlo arriba y sujetarlo con un lápiz. Resalta la forma de tu cara.

Él estaba pensando en su piel, su boca y en su estructura ósea. No de manera sexual, decidió ella, secándose las lágrimas instantáneamente. Sólo de una manera abstracta y pensaba sinceramente que era hermosa. Sólo el modo en que él pensaba la hacía sentir como si quizá lo fuera. Respiró hondo, siguiendo inconscientemente la pauta de respiración de Jackson e hizo lo que le sugirió, retorció la masa de cabello en un ornamentado rollo y lo sujetó con un lápiz para sostenerlo en su lugar.

– Inez va a tomar una taza de… algo con nosotros esta mañana antes del trabajo. Puedes ponerte al día con todos los acontecimientos de Sea Haven.

Elle le agarró la manga.

– ¿Estoy cubierta?

– Completamente, nena. -Se inclinó y la rozó con un beso suave a través de la boca temblorosa-. Un poco demasiado si me preguntas, pero me gusta mirarte.

Jackson volvió a la cocina y vertió dos cafés de su cafetera automática, la cual adoraba. La nueva tecnología a veces era maravillosa y tener café preparado cuando se despertaba era una de sus alegrías en la vida.

– Sé lo que estás haciendo -anunció Elle desde el otro cuarto.

La tetera empezó a cantar, aunque Jackson todavía no hubiera encendido el quemador.

– Maldita sea, Elle. Se supone que no debes utilizar los poderes psíquicos en nada. ¿No comprendes lo que quiere decir en nada? Porque puedo ayudarte a comprenderlo.

– No me amenaces, Jackson -advirtió Elle.

Oyó correr agua y supo que había sangrado otra vez por la nariz y la boca. Su cerebro estaba lejos de estar curado.

– No era una amenaza, nena. Era más como una promesa. Para ya. -Hizo una pequeña tetera y puso un paño de cocina sobre la misma para macerarlo mientras llevaba el café afuera para Inez-. Lo siento, me llevó un poco de tiempo.

Inez miró hacia la casa con una pequeña sonrisa.

– Pienso que tienes las manos ocupadas con ésa, Jackson. Va a necesitar un hombre fuerte.

Le dirigió otra sonrisa a Inez, sintiéndose realmente divertido, algo raro en él. Extendió las piernas hacia adelante, echando una mirada larga y cuidadosa alrededor.

– Me gusta que sea una fiera. Tiene una pinta tan engañosa, ya sabes, una cosita, de apariencia joven, la gente nunca la toma en serio, pero tiene ese cerebro, es lista como el infierno, y cuando se mueve, es una belleza.

Inez se rió.

– Ha sido así desde que tenía dos años. -Giró la cabeza y le miró directamente-. Pasará por esto y será más fuerte. Ella no cree eso ahora, pero Elle es una luchadora. Y nosotros la ayudaremos. Si ves algo que podamos hacer, déjanoslo saber.

Él levantó la taza de café hacia ella.

– Lo estás haciendo, Inez. Ella necesita saber que está rodeada de personas que la aman.

Inez apartó la mirada pero no antes de que él captara el brillo de lágrimas.

– Las chicas Drake han sido una luz brillante en nuestro pueblo desde el momento en que nacieron. Han ayudado a la mayor parte de nosotros en un sentido u otro. Esto es una comunidad de fuertes lazos y cerrada. Sé que estás preocupado por ella. -Los ojos apagados se volvieron sagaces-. Crees que todavía está en peligro, ¿verdad?