Jackson evitó toda expresión en su cara. Inez no tenía manera de saber donde había estado Elle o lo que le había sucedido a ella, y no iba darle ni un indicio. Elle odiaría eso.
– Oh, no te preocupes, no tienes que contármelo -dijo Inez, como si le leyera los pensamientos-. Pero si corre peligro, todos nosotros la protegeremos. Ella es nuestra tanto como tuya.
– Gracias, Inez -dijo Jackson.
– ¿Cuándo plantaste todas estas nuevas plantas? -cambió de tema, indicando el patio con el mentón-. La última vez que estuve aquí entregando comestibles, no había ninguna de estas plantas.
Jackson frunció el entrecejo mientras miraba al patio. Vides verde oscuro se retorcían hacia arriba por la valla. Varios brotes verdes llenos de capullos llegaban casi hasta la altura de las rodillas a lo largo de todo el sendero, delineando las piedras. Miró más de cerca las piedras. Inez había hecho comentarios acerca de los símbolos grabados en ellas. No habían estado allí antes. Ni tampoco las plantas. No era primavera, pero plantas se alzaban de repente por todas partes y vio más pájaros revoloteando por su patio trasero de los que había visto jamás antes.
Estaba mirando fijamente mar adentro cuando Elle salió a la terraza. Dos delfines saltaron en el aire, dieron un salto mortal y volvieron al agua. Él se inclinó hacia delante y echó otra mirada lenta alrededor del patio. Los pájaros revoloteaban en las ramas, desprovistas de hojas por el invierno, pero podía ver los brotes que se formaban en las ramas desnudas. Respiró profundamente mientras se levantaba para que Elle se sentara en la mecedora más cómoda y metía una manta alrededor de su esbelta forma.
– ¿Traes a menudo comestibles a Jackson, Inez? -preguntó Elle.
Inez asintió solemnemente, ignorando la nota burlona en la voz de Elle.
– Alguien tenía que cerciorarse de que comiera como es debido.
Con deliberada atención, Elle estudió los músculos definidos de los brazos y pecho de Jackson.
– Tienes razón, parece como si se hubiera estado muriendo de hambre -le dirigió a la mujer mayor una sonrisa y sopló en su té.
Inez pareció severa.
– Eso fue sarcasmo, señorita.
Bomber empujó la cabeza bajo los dedos de Jackson para que le rascara. Elle reprimió otra sonrisa.
– Creo que le has mimado, Inez. ¿Tienes alguna idea de que esa reputación tan mala que tiene va a desaparecer cuando esto se sepa?
Inez miró a Jackson cariñosamente.
– Él sólo piensa que es grande y malo. ¿Sabías que visita al joven Donny Ruttermeyer casi todas las noches y revisa su dinero para asegurarse de que paga sus cuentas?
Elle sabia que Donny tenía síndrome de Down y cuando cumplió veinte años había empezado a hacer trabajillos para varios negocios, decidido a abrirse camino por sí mismo. Pudo ver como un débil rubor se escabullía por el cuello de Jackson y él se abstenía cuidadosamente de mirarla.
– ¿Lo hace ahora?
Inez asintió.
– Donny realmente le admira.
Jackson se retorció en la silla.
– En realidad el viejo Mars cuida de Donny. Le trae productos y fue él quien persuadió a Donna, la de la tienda de regalos, para que le alquilara al chico un cuarto. Y Mars vigila sus cuentas con él, yo sólo compruebo las cosas dos veces.
– Le das dinero si anda corto -le delató Inez sin escrúpulos.
– No anda corto muy a menudo -defendió Jackson-. El chico se está abriendo camino.
Elle intercambió una mirada de diversión con Inez.
– Sí, lo hace, Jackson. -Ella respiró hondo-. ¿Así que cuál es el último rumor sobre mí, Inez? Querría saber que sospecha el pueblo que me ha pasado.
Inez se encogió de hombros.
– Te vas tan a menudo que al principio nadie tenía ni un indicio de que algo fuera mal, pero entonces tus hermanas pararon de hablar de bodas y empezaron a reunirse en la casa. Podíamos ver a Hannah en la almena del capitán y supimos que algo estaba mal. El consenso general es que estabas explorando en algún lugar y te perdiste.
Elle asintió, encontrándose con la mirada de la mujer más vieja y sosteniéndola por un momento. Ese «consenso general» había venido de Inez, que poseía una facilidad para influir en las personas a su alrededor en lo que deseaba que creyeran acerca de las hermanas Drake.
– Viajaba por Sudamérica y me caí al escalar una vertiente rocosa bastante escarpada y acabé herida, pero me estoy recuperando bien.
Inez miró su reloj y dejó la taza de café.
– Donna estará preguntándose dónde me he metido esta mañana. Es una mujer tan curiosa, y estará llamando a Jonas, informando que no he aparecido a trabajar esta mañana. Se pasa media vida mirando por el escaparate de la tienda de regalos para ver lo que hago.
Había cariño en su voz mientras se quejaba sobre su mejor amiga.
Jackson se levantó con ella.
– Gracias por los comestibles, Inez. Es siempre un placer verte. -Dio un paso entre la mujer más vieja y Elle, bajando suavemente los escalones con ella-. Significa mucho que hayas venido.
Inez miró atrás, a Elle.
– Parece muy delgada y cansada, Jackson. Cuida de ella.
– Sabes que lo haré.
– Otra cosa. -Inez le agarró por la manga, parándole, bajando su voz aún más-. Ese horrible Reverendo RJ ha estado en el pueblo unos cuantos días. Alquila una casa de la playa y trata de conseguir seguidores. Ha traído a unas cuantas personas con él, una mujer y su hija de San Francisco, creo. Ha estado preguntando por las cintas colgadas por el pueblo. Le han contado que estaban por una de las chicas locales en el extranjero, pero tengo la sensación de que está aquí realmente para causar daño a las Drake. Jonas y tú os habíais ido, así que no he dicho nada hasta ahora.
– ¿Estás segura de todavía está en el pueblo?
El reverendo RJ había causado problemas tanto a Hannah como a Joley. Jackson no podía imaginarse que estuviera en Sea Haven por ninguna otra razón que para fomentar titulares para él mismo y la última cosa que necesitaban era publicidad.
– No le he visto ni he oído nada sobre él durante un par de días, Jackson.
– ¿Qué edad tiene la hija de la mujer?
Inez frunció el entrecejo.
– Joven, quince quizá. Es difícil decirlo con los niños de hoy en día. Viste a la moda gótica, toda de negro, muchos piercings, el pelo colgando sobre la cara, pero parece mona. No habló cuando entraron en la tienda y parecía triste. Sentí compasión por ella. ¿Quieres que pregunte sobre él?
Jackson sacudió la cabeza.
– No, sólo mantén los oídos abiertos. Si él anda alrededor, alguien te lo mencionará. No actúes excesivamente interesada, pero llama a Jonas, a Ilya o a mí.
Inez asintió solemnemente.
– No vayas a preocuparte por mí, Jackson, he estado alrededor de los de su clase un par de veces.
Hizo un movimiento con la mano hacia Elle y caminó rápidamente, con los hombros delgados tiesos.
Jackson la miró irse con una pequeña sonrisa, sacudiendo la cabeza cuando se volvió hacia Elle.
– Es una mujer muy agradable.
Elle asintió.
– Cuida de la mitad del pueblo. -Le miró venir hacia ella, de la manera fluida con que se movía, un susurro tranquilo, los ojos vigilantes, inquietos, moviéndose del cielo al suelo, incluso mar adentro. La hacía sentirse segura-. Es agradable lo que haces por Donny.
Jackson se encogió de hombros.
– Es un gran chico y tengo tiempo. Le gusta hablar sobre las fuerzas de la ley. El chico no tiene un sólo hueso malvado en el cuerpo. Le tengo manteniendo un ojo tanto en Donna como en Inez. Le dije que eran un poco mayores, aunque ninguna quisiera admitirlo, así que lleva las cajas más pesadas para ellas. -Le dedicó una sonrisa rápida y avergonzada-. Luego les a ellas dije que estaba intentando ayudar a Donny a que aprendiera modales así que si les pedía que le dejaran ayudarlas a llevar cosas, le estarían haciendo un favor dejándole.