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– Muy listo, Deveau. Voy a tener que vigilarte. ¿Qué fue todo ese secreteo? ¿Qué pasa?

– Me estaba advirtiendo que mejor que te cuide. Y dijo que RJ estuvo en el pueblo hace pocos días.

Su voz fue muy casual, pero Elle se tensó, la tensión se alzó en ella lo bastante como para provocar la alerta del perro, que levantó la cabeza y las orejas, escuchando el problema. Los ojos permanecieron centrados en ella.

– No es nada del otro mundo, Elle. Que RJ venga al pueblo no es excepcional. Joley y Hannah e incluso Kate generan noticias. Él lo desea. Mantendremos el perfil bajo.

Ella asintió, forzando aire en los pulmones.

– No sé por qué estoy tan nerviosa. Pero no estoy preparada para que mi nombre sea público de ninguna manera. Todavía tengo que contactar con Dane y redactar un informe, e incluso eso me asusta. El que me mantuviera presa en su casa, hace que me dé cuenta con cada día que pasa de cuánto poder tiene Stavros realmente. No es sólo su dinero y créeme, compraría su salida de cualquier sitio, es su capacidad psíquica. Influye sutilmente en las personas. Ni siquiera reconocí el flujo de energía como lo que era hasta que estuvimos en la isla y no pudo usarlo en mí más.

– ¿Cómo influye él? ¿Cuáles son exactamente sus capacidades psíquicas?

Ella se frotó la sien. La mano le temblaba y retorció los dedos juntos en el regazo.

– No lo sé, Jackson. Obviamente sabía que yo era psíquica y yo nunca sospeché que él lo fuera. No pude leerle y sencillamente pensé que tenía barreras naturales. Pero no podía leer a su guardaespaldas ni a ninguno de los hombres en el cuarto con nosotros. Debí haber sospechado, pero nunca sentía energía a su alrededor.

– ¿Podría ser ese su único talento?

– Él tenía miedo de su hermano y con esa barrera psíquica en la isla, di por supuesto que su hermano puede ser más mortal, pero no lo sé.

Se frotó la sien otra vez.

Jackson dio un paso detrás de ella y dejó caer las manos sobre sus hombros, dándole masajes, sintiendo los pequeños huesos. No podía comprender cómo Stavros podía haberla herido de esa manera. Elle necesitaba a alguien que la amara, que la comprendiera, que la admirara y la respetara. ¿Por qué intentar romperla?

Ella alzó la mano para cubrirle los dedos.

– Él no eres tú, Jackson, y nunca lo será. Él no desea una mujer fuerte. No desea una compañera. No lo sé, quizá a él le va totalmente ese rollo del dominante y la sumisa y no lo entendí realmente.

– Lo dudo, nena. Por lo que he oído, un verdadero dom ama y aprecia a su mujer. La desea feliz y satisfecha. Un sumiso se da a sí mismo a su compañero o compañera. No, te estaba rompiendo, forzando la dependencia. Dime lo que sabes de su hermano.

Una gaviota gritó y otra contestó. Él alzó la mirada al cielo. La niebla comenzaba a espesarse, viniendo del océano, unos dedos brumosos que se arrastraban por la costa, moviéndose hacia ellos.

– Su hermano entró en el cuarto una vez y realmente me dio miedo. Había maldad en sus ojos y en su aura. Stavros tiene razón en temerlo. Le gusta herir a la gente, no sólo a mujeres, sino a cualquiera. Y miraba a Stavros con la misma exacta mirada que él me dio. Fría. Calculadora. Le dijo a Stavros cómo «romperme» a su voluntad. Cuándo hablaba, se aseguraba de que yo oyera cada palabra. Me mostró los látigos y la caña y describió cada instrumento con todo detalle y cómo dolería. Describió las magulladuras o heridas que cada uno haría y cómo me enseñaría a servirlo sexualmente. Dijo que disfruta rompiendo a las mujeres para sus clientes.

Jackson le tiró de la mano.

– Estás temblando. Vamos dentro de la casa.

Elle sacudió la cabeza.

– Todavía no. Quiero estar al aire libre donde puedo ver algo viniendo hacia mí.

A él no le gustaba el aspecto de la niebla, oscura, húmeda y mucho más pesada de lo habitual. Echó una mirada a Bomber, notando que el perro estaba alerta, mirando fijamente al agua picada, su cuerpo entre Elle, Jackson y la niebla entrante. El perro pastor estaba de pie, con las orejas levantadas, los ojos concentrados, el pelo erizado y la cola hacia abajo, equilibrado y preparado, estirado hacia un enemigo invisible.

Los dedos de Elle se arrastraron hasta la garganta. Jackson le agarró la mano.

– ¿Por qué hiciste eso?

Ella tragó.

– No lo sé. Por un momento, la garganta se cerró. Creo que hablar de Stavros me pone en estado de pánico. Lo siento, Jackson. No quiero ser tan infantil.

– No eres infantil, Elle. -Se inclinó y le acarició la coronilla con la boca. Estaba empezando a sentir un mal presentimiento y todas y cada una de las veces que había tenido la misma sensación de estómago revuelto en su vida, algo malo había sucedido-. Tu casa es más segura que la mía. Tengo una habitación donde escondo mis armas, y estarás relativamente a salvo allí si te metemos, pero tu casa se come a la gente. Activamente te protege. Y hay más personas para cuidarte.

– Tengo que estar contigo en este momento, Jackson. Sé que nadie más lo comprende, pero sé que no estaré a salvo sin ti.

No podía salir de la mente de Elle y no quería pensar demasiado acerca del porqué de la creencia de Elle de que estaba más segura con él, no hasta que pudiera estar solo con sus pensamientos. Algo no estaba bien y Elle tenía más dones psíquicos que la mayoría de las personas. Si ella no creía que estaba a salvo sin él en la casa Drake, con Ilya, Jonas y Matt para protegerla, entonces lo que fuera que la amenazara tenía que ser más que físico y él tenía una sensación realmente mala acerca de quién estaba detrás de esa amenaza.

– ¿Jackson? -la voz de Elle tembló.

– Estaremos bien, cariño. Quieres estar conmigo, entonces te quedarás conmigo. Tengo un par de amigos, la mujer que te conté que entrenó a Bomber, y su marido que me pueden dar unos cuantos consejos para mantenerte segura. Me enviará esos dos perros que te comenté tan pronto como estén listos. Ya he hecho los arreglos. Uno en particular es para ti.

Elle deslizó la palma sobre la cabeza de Bomber.

– Él es consolador.

Bomber dio un corto ladrido. Jackson deslizó suavemente la mano dentro de la chaqueta.

– Muéstrame.

Bomber se dirigió hacia el sendero que llevaba a la playa justo debajo de la casa.

– Son mis hermanas -dijo Elle-. Están en la playa.

Jackson llamó al perro de vuelta y Bomber respondió instantáneamente, acercándose y sentándose al lado de Jackson. El hombre y el perro protegían a Elle mientras Jackson miraba detenidamente a través de la niebla espesa, tratando de distinguir las figuras que se perfilaban en la arena.

Las seis mujeres parecían etéreas. Apenas podría distinguirlas con sus fluidas faldas largas, los pies desnudos y el pelo suelto. Podía oír las voces femeninas alzándose en el viento y el crujir de un fuego cuando encendieron pequeños pedazos de madera que tiraban a la fogata. Los brazos se levantaron hacia el cielo gris, cantaron, los pies bailaban con un patrón en la fresca arena.

Elle bajó la escalera de la terraza hasta pararse bajo el hombro de Jackson, su cuerpo más pequeño se apretaba contra el de él. Jackson envolvió el brazo alrededor de ella, atrayéndola más cerca para escudarle mientras miraban las llamas, naranjas y rojas, resplandeciendo brillantemente a través de la espesa niebla.

Resbaló el brazo alrededor de la cintura de él, curvando los dedos en su camisa como un puño.

– Quieres estar con ellas.

Él hizo una declaración.

– Sí. -Frotó la cara contra las costillas de Jackson-. Están determinadas a curarme de un modo u otro. Permanece en mi mente, por favor Jackson, por sí acaso.

A él no le gustaba el modo en que ella tiritaba, como si el frío penetrante fuera directamente a sus huesos.

– No voy a dejarte, Elle.

Su voz era apacible, sorprendiéndole. No era un hombre apacible. Cargaba con demonios y a menudo era brusco hasta el punto de ser grosero, pero Elle sacaba lo mejor de él, lo mejor que ni siquiera sabía que tenía. Inmediatamente se sintió protector y suave por dentro, donde ella se preocupaba.