– Tus hermanas no tratan de meterse en tu interior, cariño, sólo están intentando darte fuerza.
– Lo sé. -Mantuvo la cabeza baja-. Una vez que sepa que podemos protegernos de Libby, le pediré que me ayude a curarme más rápido. Aunque no la quiero en mi cerebro, ni siquiera para ayudar con la curación psíquica.
– ¿Eso no es cosa más de Kate?
Elle le miró entonces, sorprendida de que lo supiera. La capacidad de Libby para curar era famosa en el pequeño pueblo, pero pocos sabían de la capacidad de Kate.
– ¿Cómo?
– La última Navidad, cuando el pueblo fue atacado por la entidad en la niebla, Kate trajo la paz a todos. Matt y Jonas la trajeron a mi casa, pensando que yo necesitaba la paz como los otros, pero estaba atravesando unos momentos duros y estaba preocupado por Jonas, así que casi hice algo loco. Intenté quemar mi talento.
Su voz fue baja mientras lo admitía ante ella.
Ella levantó la cabeza, jadeando. Los dedos se apretaron en su camisa.
– Jackson. ¿Dónde estaba yo? ¿Cómo no lo supe?
– Estabas fuera, en algún lugar, Sudamérica quizá. Quién sabe. Y Kate y el pueblo estaban en problemas así que tu atención estaba centrada allí.
Elle dejó salir el aliento. Odiaba eso. Odiaba no haber sabido que él estaba en tales problemas que pensó en un suicidio psíquico.
– No podías soportar tocar a nadie.
– No consigo emociones así. Soy diferente, Elle, y no sé cómo explicarlo. Contigo tengo telepatía, estamos en la misma longitud de onda, pero con los otros, sé cosas parte del tiempo y en su mayor parte son cosas que no quiero saber. Puede ser muy perturbador, especialmente si he tenido un día malo en el trabajo. -La miró, su mirada concentrándose en la de ella-. Pero tú ya sabes eso. Has tenido la misma sobrecarga muchas, muchas veces en tu vida. Intentas no tocar nunca a otros, pero eso no siempre ayuda, ni siquiera con tu familia.
Ella apretó la frente contra su pecho.
– No -admitió-. Es abrumador sentir tantas emociones que me bombardean día y noche. ¿Cómo te ayudó Kate?
– Habló conmigo, lo cual admitiré fue calmante, pero entonces, justo antes de que se fuera, me estrechó la mano y me deseó paz. Pero se llevó con ella algunas de las sombras con las que vivo, la oscuridad, y después me di cuenta de que mi cerebro estaba sobrecargado y ella lo alivió… -se detuvo y agarró el mentón de Elle, empujándole la cabeza hacia arriba para mirarla a los ojos-. ¿Crees que puede curarte psíquicamente?
– Hay una posibilidad.
Jackson dejó salir el aliento en una ráfaga de entusiasmo. Stavros quizás fuera poderoso, pero no podía compararse a las hermanas Drake. No con Elle curada totalmente. Había estado preocupado por el futuro de ambos, por el futuro de sus niños.
– No sé si quiero que ella lo intente. -La admisión vino en voz baja-. Si toma la carga, o la enfermedad de la misma manera que Libby, ¿qué le hará a Kate?
Los dos miraron a las seis mujeres que bailaban alrededor de la fogata. El viento entró desde océano y sopló la niebla de la costa, acorralándola y retirándola de vuelta al mar. Las suaves voces melódicas se alzaron, notas puras y hermosas, trayendo una sensación de paz tanto a Elle como a Jackson. Bomber reaccionó también, las orejas se ladearon hacia delante, los ojos brillantes y concentrados siguieron cada movimiento de las bailarinas.
Los pies desnudos pisoteaban la arena, creando un ritmo de latidos que podían sentir construyéndose en la sangre. Hannah, fácilmente reconocible por su altura y los rizos platino, levantó sus brazos hacia el mar mientras las otras seguían moviéndose en círculo. Jackson sintió el cambio del viento, una diferencia sutil. Sintió el océano, saboreó la sal, la fina niebla marina en la cara. Elle levantó los brazos, alejándose del cuerpo de Jackson para pararse directamente en la corriente de aire que entraba de la playa.
A Jackson, le llevó un momento darse cuenta de lo que estaba en esa niebla. Apresuradamente tiró del jersey que Elle llevaba sacándoselo por la cabeza, e ignorando su protesta, lo dejó caer en la arena.
– Quítate los pantalones de chándal -ordenó Jackson, ya moviéndose detrás de ella para agarrar la pretina, bajándolos sobre sus caderas.
– No llevo nada -protestó ella.
– ¿A quién cojones le importa? -dijo bruscamente con voz áspera-. No es como si no te hubiera visto y ellas están lejos. Enviaré a Bomber delante y nos advertirá si alguien viene. Quítatelos.
Hizo señales al perro y tiró de los pantalones simultáneamente, no dando realmente elección a Elle. Si sus hermanas estaban dispuestas a intentar curar su cuerpo físico desde lejos, iba a llevarla a donde pudieran hacerlo. Era doloroso ver su cuerpo tan magullado, con cortes y verdugones. Y estaba avergonzada, como si de algún modo pudiera haber impedido que Stavros la torturara.
Ella tomó aliento bruscamente, pero Jackson le sostuvo los brazos separados del cuerpo, y la giró lentamente alrededor para que la corriente constante de niebla pudiera cubrirle todo el cuerpo, por delante, por detrás y los lados. Ella se sintió arder por la sal en las heridas, pero entonces le siguió un calor calmante, y profundamente en su interior, donde nadie excepto Jackson podía verlo, lloró ante la completa alegría de estar unida, aunque fuera a través del viento, con sus hermanas otra vez.
Jackson podía sentir el amor y el calor que entraban a raudales junto con la niebla curativa, pero estaba mirando más allá de las hermanas, sobre el mar espumoso. Esperaba delfines e incluso quizás una ballena, pero en vez de eso, había un grueso banco de niebla gris que se resistía a abandonar la costa, y resultaba algo amenazador. Podría jurar que algo se movió en la niebla, estirando unos dedos helados hacia la playa, pero el viento de Hannah mantuvo los zarcillos invasores en la bahía mientras sus hermanas bailaban.
¿Cuál era el talento psíquico de Stavros? ¿Podría proyectarse a través del mar y cernirse sobre la costa? ¿Habría establecido una conexión con Elle del modo en que Jackson lo había hecho? El pensamiento le molestó a más de un nivel. No quería que ningún otro hombre tuviera una conexión psíquica con Elle.
El fuego crujió y chasqueó, resplandeciendo naranja y enviando llamas hacia el cielo. Las voces femeninas vagaron lentamente y las bailarinas cayeron agotadas en la arena. Hannah fue la última, sosteniendo la niebla curativa tanto tiempo como pudo antes de que ella, también, se desplomase en la playa. Detrás de ella, el mar estaba salvaje y picado, revuelto por los fuertes vientos que pasaban por delante de aquélla para alcanzar la costa.
Jackson lanzó la manta alrededor de Elle.
– Entra en la casa, nena y vístete -dijo-. Pondré el agua para el té e iré a por tus hermanas.
– Puedo hacer el té -ofreció ella-. Estoy cansada, pero ya me siento mejor. -Tiritaba un poco mientras la niebla se arrastraba más cerca de la playa-. No me gusta que estén tumbadas indefensas en la arena con la niebla entrando, especialmente Hannah. Está demasiado cerca de la orilla del agua.
– La traeré. -No le gustaba la manera en que el banco de niebla era tan oscuro, o el modo en que los dedos se estiraban, alargados, pareciendo inquietantemente como si una mano se estirara hacia ellas-. Ve a la casa, Elle. Vístete y caliéntate. Bomber es un perro entrenado en protección y te protegerá a ti antes que a la propiedad. Le pedí a Lisset que le entrenara con órdenes rusas porque toda la familia habla ruso y me figuré que sería más fácil para cualquiera de nosotros dirigirse a él cuándo fuera necesario. -Le dio una lista de órdenes y le hizo repetirla-. Vístete y caliéntate, nena. Hoy hace frío fuera y la niebla se mueve rápidamente. -Señaló al perro-. Ve con ella, busca.