Выбрать главу

– Es sólo una palabra, Elle. -Era provocación deliberada, pero no pudo evitarlo.

– No es una palabra bonita, Jackson, y no necesitas decirla.

– ¿Crees que no sé que fuiste criada en una familia elegante y de clase alta y que yo provengo de un maldito campamento de moteros?

– No importa de dónde se venga, Jackson. Una vez que creces, aún tienes oportunidad de ser lo que quieras ser y vivir como quieras vivir.

Ahora de verdad había sonado remilgada y él no pudo evitar la pequeña sonrisa que le brotó desde dentro.

Su mano se curvó alrededor de la nuca de ella.

– Te quiero, Elle Drake. Por si no te lo había dicho últimamente.

Elle parpadeó. Pareció sobresaltada, como un ciervo asustado atrapado por las luces del camión del cazador.

– Nunca me lo habías dicho.

– Estoy seguro de que sí.

– Y yo estoy segura de que no. Créeme, lo habría recordado.

– Probablemente no me estabas escuchando. Me encanta especialmente ese incendiario genio tuyo. Por si no lo has notado, estoy mucho más caliente y completamente desnudo aquí abajo. Las cosas están comenzando a animarse y no quisiera que te asustases de mí. -Le bajó la mano por la espalda en un movimiento lento que no pedía nada, simplemente la recorrió por completo.

– No tengo miedo de ti, Jackson -susurró ella-. No voy a dejar que me haga eso. No. -Pero quizás sí. Un poco. Mucho. ¿Qué ocurría si no podía hacer con él lo que había hecho con Stavros?

Él escupió una fea palabrota.

– No vas a hacer conmigo nada que hicieras con él, Elle. Cuando estemos juntos, haremos el amor, no follaremos. Demonios, lo que él hizo ni siquiera fue follar. Lo que te hizo fue una violación. Control. Poder. Eso nunca va a pasar entre nosotros, cariño. Cuando te miro, cuando deseo tocarte, es porque te quiero y quiero demostrártelo.

Elle presionó la frente contra él y cerró los ojos.

– ¿Qué pasa si yo no puedo devolvértelo, por mucho que lo desee? ¿Qué ocurre si él se interpone entre nosotros? He oído que eso ocurre, Jackson. Antes de que fuese a la misión, pensamos que por supuesto, si me capturaban, me matarían, pero en mi investigación sobre tráfico humano leí sobre los efectos a largo plazo en las mujeres que eran sometidas a abusos físicos y emocionales durante largos periodos de tiempo. El trauma afectaba a toda su vida, incluso teniendo ayuda psicológica.

Jackson notó que había dicho «ellas», no «nosotras». Aún no se identificaba como víctima.

– Por supuesto, Elle. ¿Te piensas que no me afecta cada maldito día de mi vida? Me despierto sudando, el corazón latiéndome a toda velocidad y la adrenalina a tope. Tengo un arma en la mano apuntando por la habitación antes de estar despierto del todo. Tengo un cuarto lleno de armas y practico tiro todos los días. Me entreno con pesas y corro para mantenerme en forma, no porque quiera tener buen aspecto, sino porque quiero estar preparado. Me temo que seré un marido y un padre paranoico y que te volveré loca. Y no me digas que eso tampoco te preocupa, porque ambos sabemos que no es verdad.

– Pero tú puedes hacer el amor, Jackson. Puedo verlo en tus ojos, siento el deseo en tu mente y el ansia en tu cuerpo. ¿Qué pasa si yo no puedo satisfacer eso?

Él rodó sobre un costado, poniéndola gentilmente a un lado. Tenía el rostro manchado por la sangre de ella.

– Tenemos que lavarnos antes de que alguien nos vea y alucine. Démonos una ducha.

Elle suspiró. Aún debilitado, Jackson, quien ya había pasado por tantas cosas, tuvo que llevarla en brazos al baño y colocarla en la ducha. Se las arregló para quitarse la ropa mientras él abría el agua, inundándolos a ambos de calor.

– Esto se siente tan jod… bien -dijo Jackson y le limpió la sangre de la cara con la manopla, su toque fue gentil-. Voy a lavar y acondicionarte el cabello, Elle.

Ella tragó con fuerza, insegura de quién ganaría, si el creciente pánico, o su deseo de complacerle. No había sido una petición, pero ella sabía que si levantaba la mano y lo detenía, él no protestaría ni preguntaría nada, la dejaría en paz. Su cabello había sido muy importante para ella. Rojo fuego. Espeso, largo y femenino. Era el único rasgo que ella creía verdaderamente asombroso y Stavros la había hecho odiarlo.

Se abrazó, esperando a que la bilis se levantara en su estómago, pero las manos de Jackson manejaban la mata de cabello con suavidad, las yemas de sus dedos le masajeaban el cuero cabelludo mientras el olor se mezclaba con el agua caliente.

– Apóyate contra mí, Elle, te estás balanceando.

El cuerpo de él era duro, su erección descarada y era un hombre grande, intimidante para ella. Contuvo el aliento y vaciló antes de relajar el cuerpo más cerca del suyo, hasta que estuvieron piel contra piel, su espalda pegada a Jackson, su región lumbar descansando contra la gruesa ingle. Sintió su calor irradiar a través de ella, su hambre, profunda y fuerte, pero igual de fuerte era su control, su necesidad de amarla con tanta suavidad y ternura como pudiera.

Jackson no se consideraba gentil ni tierno, sabía que eso le preocupaba. Su mente estaba concentrada sólo en ella, en curar su cuerpo y su mente, en encontrar una manera de hacer que le volviese a gustar su pelo, de aceptar, si ella así lo quería, y hacerle rastas en el cabello cuando a él le encantaba aquella extensión de seda brillando bajo el sol. Para él, su cabello era tan parte suya como su temperamento, su inteligencia, su tenacidad, todos rasgos que él amaba y admiraba en ella.

– No me haré rastas -dijo ella, queriendo devolverle algo-, pero tendrás que desenredarlo. Podría llevar horas.

– No me importa, cariño, pero hazme un favor y deja de pensar en mí como en un santo. Te deseo. Lo sabes. Acostúmbrate a ello. Es una realidad y sí, creo que eres condenadamente sexy. Siempre lo he creído.

Elle frunció el ceño, contenta de que él no pudiese verle el rostro. Solía ser sexy y especial y valiosa, pero Stavros le había arrebatado todo eso. No quería pensar en nada excepto en los dedos de Jackson frotando el acondicionador a través de los nudos y la manera en que su cuerpo la hacía sentir segura en lugar de aterrorizada.

– Huele igual que mi acondicionador favorito.

Él sostuvo la botella frente a ella durante un breve momento antes de volver a su tarea.

– Es el tuyo. Sarah metió una caja de cosas en mi camioneta antes de que fuésemos a buscarte. Té. Un poco de ropa. Tus efectos personales. Las encontré cuando fui a por la manta.

Elle dejó escapar el aliento.

– Ella lo sabía. Tuvo una precognición. Sabía que no me quedaría con ellas. ¿Por qué discutiría tanto?

– No esperaba verte cubierta de heridas, negra y azul, con la cara hinchada. Eres su hermana pequeña, Elle. Claro que quería cuidarte.

– Siento haberla herido… a todas ellas. -Respiró hondo y soltó la verdad-. Siento miedo sin ti, Jackson.

– Lo sé, cariño. ¿No recuerdas cómo fueron aquellos primeros días cuando escapé del campamento y me estaba recuperando? Te quedaste en mi mente y mi corazón latía tan fuerte que tenías miedo de que me diese un ataque al corazón. No quería que me dejases, ni por un momento, porque tú representabas el hogar y la libertad y, sobre todo, la seguridad. -Le rozó con la boca un costado del rostro-. Dime que no recuerdas haberte quedado despierta setenta y dos horas porque yo tenía miedo de cerrar los ojos. Y cuando los cerré por fin, las pesadillas nos comieron vivos a los dos. -Su cuerpo se estremeció contra el de ella y sus brazos le rodearon la cintura, apretándola aún más, enterrando la cara contra su cuello-. Aún tengo miedo sin ti, Elle.