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– Fue sin querer.

Él le lanzó otra mirada furiosa y desapareció de nuevo.

– El mismo viejo Jackson de siempre. Veo que sus habilidades sociales no han mejorado mucho -dijo Sarah. Ondeó la mano hacia la tetera, ésta flotó a través de la habitación y sirvió más té en la taza que ella sostenía-. Ese hombre realmente necesita unirse al siglo XXI. Creía que podría haber mejorado mientras tú estás tan frágil.

– Jackson se ocupa de mí.

– Sí, a eso ha sonado. -Sarah puso los ojos en blanco.

Elle echó una mirada alrededor del cuarto, a sus hermanas, obviamente todas estaban de acuerdo con la opinión de su hermana mayor sobre Jackson. Ella le podría haber defendido, pero parecía más importante protegerle, guardarse su lado secreto para sí misma. Simplemente se encogió de hombros.

– ¿Ha llamado Jonas acerca de Hannah?

– El bebé está bien y Hannah está mucho mejor. Jonas dice que se calentó rápidamente en la ambulancia. Ambos os están muy agradecidos a ti y a Jackson -continuó Sarah. Ondeó la tetera en dirección a Elle.

Elle señaló a la taza colocada en la mesita. Sarah ondeó la mano otra vez. Ya había olvidado que a Elle no se le permitía utilizar sus talentos psíquicos.

– Gracias, Sarah. -Le avergonzaba no poder utilizar sus habilidades. Se frotó las sienes. Llevaba tanto tiempo teniendo dolor de cabeza que había olvidado cómo era estar sin uno. Jackson nunca olvidaba que su cerebro estaba destrozado y cada vez que ella utilizaba su talento, se arriesgaba.

– Todas estamos muy agradecidas a Jackson. Hizo algo asombroso.

Elle arqueó una ceja.

– Así que estás diciendo que es un cretino, pero un cretino heroico.

Sarah asintió con la cabeza.

– Muy heroico.

Jackson entró en la habitación pareciendo sexy con una camiseta negra que se estiraba apretadamente sobre los anchos hombros y el pesado pecho. Los vaqueros le encajaban como un guante y ahora que ella sabía lo que ocultaba allí, no pudo evitar reparar en la parte delantera de esos vaqueros.

– Elle nos salvó a ambos -corrigió él, sirviéndose té al viejo modo. No era experto en levitación ni en trucos de salón. Sólo necesitaba algo caliente para ahuyentar los restos del frío que se demoraban en su interior.

Revolvió la miel y bebió la primera taza antes de servirse una segunda y acercarse al lado de Elle. Se sentó en el suelo entre las piernas de ella, medio girado para poder tomar el pie desnudo de ella en su regazo.

– No debió hacerlo, se estaba arriesgando demasiado, pero nos mantuvo calientes hasta que llegó la ayuda. Gracias por darle el empujón al final. Nos salvó. -Sorbió té y se llevó el pie de Elle contra el vientre.

Se sentía como algo muy íntimo el tenerlo sosteniéndole el pie desnudo. Elle pudo ver que Ilya había encendido un fuego para ayudar a caldear la habitación y dar más que una ilusión de calor. El crujido y el sonido junto con el parpadeo de las llamas añadían comodidad al salón de Jackson. Miró a las paredes y podría haber jurado que por un momento ondularon, como si estuvieran vivas, como hacían a veces las paredes de la casa Drake cuando los antepasados se asentaban en las paredes para ayudar a convertirla en una fortaleza.

Prepárate, nena. Era toda la advertencia que él iba a darle. Sus hermanas la estaban mirando, intentando ver en su interior, tratando de mirar más allá de los moretones de la cara y de las pocas heridas abiertas que podían ver hasta las que no podían ver. Jackson iba a confirmarles algunas de sus peores sospechas.

– Elle tiene miedo de poder estar embarazada.

Sarah bajó su taza de té y miró a su hermana más joven con un pequeño ceño. Ilya sacudió la cabeza mientras enlazaba los dedos con Joley. Si fuera posible que Libby perdiera más color, lo habría hecho. Abigail y Kate intercambiaron una larga mirada.

Elle intentó apartar el pie, agachando la cabeza y permitiendo que la masa de enredos cayera alrededor de su cara, ocultándola.

Tenemos que saber qué hacer para ocuparnos de ti. Jackson fue impenitente.

– Por lo que sé la séptima hija puede compartir el legado pero sólo con el compañero adecuado -dijo Ilya-. Y con ese compañero, el control de natalidad no funciona. Con cualquier otro, el embarazo es muy difícil.

Elle jadeó y se enderezó, mirando a Sarah.

– ¿Puede ser eso verdad?

Sarah asintió.

– Está registrado en los diarios.

– Mamá es una serpiente -siseó Elle-. Una serpiente total.

– Probablemente ella no lo sabía. En aquella época -explicó Sarah-, las mujeres raramente se acostaban con un hombre antes del matrimonio. Probablemente no surgió.

Jackson le tiró del pie.

– Cambia de lugar conmigo para que pueda trabajar con tu pelo. -Quizás sea más fácil para ti con tus hermanas aquí.

Su corazón comenzó a palpitar con fuerza otra vez. Dudó y luego se deslizó de la silla para dársela a él. Jackson la sentó entre sus muslos, otra posición íntima que ella no había considerado.

– Podría examinarte -ofreció Libby-. Deberías ser tratada, Elle.

– No hasta que esté más fuerte. Mi cabeza está tan liada, Libby, que tengo miedo de no poder protegerte. No estoy dispuesta a arriesgarte.

– Ese riesgo es cosa mía.

Elle sacudió la cabeza.

– Ya me habéis ayudado con lo que hicisteis.

Jackson comenzó el lento proceso de dividir la masa de largo pelo en mechones. Sus manos fueron sorprendentemente suaves cuando lentamente comenzó con los enredos del final de los gruesos mechones y se abrió paso pacientemente hacia el cuero cabelludo.

– ¿Entonces realmente no creéis que Elle esté embarazada? -Mantuvo la voz normal.

– Sería sorprendente -contestó Sarah-. ¿Te sientes embarazada, Elle?

Elle se encogió de hombros.

– No tengo la menor idea de cómo se siente.

– Enferma -dijo Joley y miró con furia a Ilya-. Enferma del estómago.

– No todas enferman -indicó Libby-. Te conseguiré una prueba de embarazo.

– Gracias, Libby -dijo Elle. Los tirones en su cabellera le hacían sentirse amada y cuidada, en vez de recordarle a Stavros agarrándola de la cabeza y forzándola a cumplir sus órdenes. Había algo muy calmante en el modo en que Jackson le peinaba los enredos, siempre sosteniendo el pelo firmemente entre donde peinaba los nudos y su tierno cuero cabelludo.

– Bomber, ¿qué estás mirando, chico? -preguntó Jackson.

El perro giró la cabeza, soltó un corto ladrido y volvió a mirar fijamente por la ventana a la niebla que se disipaba. Jackson tomó un sorbo de su té mientras observaba al perro. El animal todavía parecía alerta, su cuerpo inmóvil, los ojos enfocados y las orejas hacia delante.

– Todos sabemos que Gratsos y su hermano tienen ambos talento psíquico. -Jackson miró a Ilya y a Sarah sobre la taza humeante, los dedos de su otra mano sostenían el pelo de Elle como para proporcionarle un ancla mientras él hacía preguntas-. ¿Es posible que pueda extenderse a una gran distancia sin saber donde esté Elle y estrangularla? -No quería pensar que fuera posible para Gratsos comunicarse con ella, pero ya sabía que lo era porque él lo había hecho-. Y la niebla, ¿podría estar pescando? Lanzando una trampa psíquica, por así decirlo.

Ilya se acercó un poco más e intercambió una mirada larga con Sarah.

– Una idea interesante. Enviar su energía a buscarla. Supongo que podría hacerse. Nunca antes había oído hablar de ello. Yo no podría hacerlo. ¿Y tú, Sarah? Has leído toda la historia.