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Jackson se irguió, mirando a Bomber, casi dándole la orden de marcharse, pero éste estaba rodeando la silla, los ojos enfocados totalmente en Elle. Ella tosió otra vez y se estiró hacia el cuello, pronunciando su nombre otra vez, pero esta vez salió en un murmullo ronco, como si no pudiera hablar.

Jadeó. Resolló. Se apartó de él y resbaló de la silla al suelo, de rodillas, tosiendo más. Sin advertirlo su cuerpo fue recogido como si ella no pesara más que una pluma y fue lanzada hacia atrás. Aterrizó en el suelo de madera prácticamente a los pies de Ilya y Joley. Joley chilló y se deslizó hasta el suelo para agacharse en actitud protectora sobre su hermana pero Ilya la agarró y la empujó detrás de él, utilizando su propio cuerpo como un escudo.

Bomber ladrada ferozmente, saltando como una flecha hacia un enemigo invisible. Sarah, Kate y Abigail se estiraron hacia el cuerpo de Elle que se retorcía. Luchaba contra un agresor invisible, abofeteando unas manos inexistentes en los senos, los muslos, chillando ahora, pateando como si estuviera intentando quitarse de encima a un atacante oculto. Rodó por el cuarto, golpeó al perro, quien chasqueó los dientes en el aire, cerca de su garganta.

La habitación estalló en un caos total. Las cinco hermanas Drake saltaron para ayudar a Elle. Ilya llegó allí antes que las mujeres, arrodillándose junto a Elle, pero sin tocarla. Cuándo Joley intentó otra vez pasar por delante de él hacia su hermana, la empujó firmemente detrás de él. Joley luchaba por rodear a Ilya, el perro ladraba continuamente y Elle peleaba contra algo que estaba cerca de ella, chillando y llorando, agitando los puños y golpeteando en el suelo con los talones desnudos. Un puño golpeó el brazo de Sarah, pasó de largo y casi le dio a Kate en la cara.

El cuerpo de Elle se levantó una segunda vez, estaba vez por la coronilla, como si la mano invisible le agarrara por el largo cabello y tirara hacia arriba. Tropezó, tosió, pateó, las lágrimas se vertían por su cara. Jackson podía ver las marcas en la piel ahora. Unos dedos que se hundían en su carne. Bomber seguía ladrando, queriendo atacar, actuando como si pudiera sentir a la entidad.

Elle cayó otra vez e intentó arrastrarse a través del cuarto, lejos de su familia, lejos del perro, hacia la puerta. El suelo de la casa onduló, una larga onda que se añadió al caos. El té se derramó. Elle rodaba sobre su espalda, pateando y luchando, la pura concentración mezclada con el terror en su pálida cara.

– Únete con nosotras, Elle -demandó Sarah-. Nos estás excluyendo. Podemos luchar contigo contra él. -Se acercó a su hermana otra vez, esta vez más cuidadosamente, Kate, Libby y Abigail detrás de ella mientras Ilya mantenía Joley al otro lado del cuarto.

Las cuatro hermanas se tocaron las manos, y Sarah colocó la palma en la frente de Elle. Está rodó para alejarse, golpeando una mesa. Una lámpara chocó contra el suelo. Kate rompió a llorar y empezó a sollozar. Joley enterró la cara contra el pecho de Ilya.

– Elle, por favor -imploró Sarah-. Vamos, cariño, déjanos entrar. Podemos ayudarte.

Elle sacudió la cabeza, su cuerpo temblaba mientras era medio levantada y golpeada contra el suelo, el aliento se le escapó de los pulmones. El ataque era brutal y depravado, un castigo, un acto de propiedad, claro para todos los ocupantes de la habitación.

Jackson se levantó entonces. Todo había sucedido en unos instantes, y durante ese tiempo él había estudiado a su enemigo. Estaba seguro de saber qué hacer. Flexionó los dedos, el corazón le latía con fuerza en el pecho, demasiado fuerte, el sonido era como un trueno en sus odios. El estomago le dolía, los nudos estaban muy apretados. Podía ver las magulladuras formándose en la delicada piel de Elle, alrededor de su garganta, los dedos que presionaban con fuerza en los montículos de sus senos bajo el fino material de la camisa. Habría moretones ahí también, lo sabía. Se abrió paso a través del círculo de mujeres e indicó al perro que dejara de ladrar.

Elle le miró, sacudiendo la cabeza, empujándose hacia atrás con los talones en un esfuerzo por alejarse de él.

– La estás asustando más, Jackson -dijo Sarah-. ¿No puedes ver que está aterrorizada?

El ignoró la mano con la que Sarah le refrenaba y se montó a horcajadas sobre el pequeño cuerpo de Elle, agarrando los puños que se debatían y sujetándoselos encima de la cabeza, asentando su peso sobre ella para sujetarla al suelo. Ella corcoveó desenfrenadamente, tratando de quitárselo de encima.

– ¡Jackson! -Incluso Libby, la tranquila sin un solo hueso malvado en su cuerpo, intentó apartarlo de Elle.

Jackson podía sentir, como si a distancia, las manos tiraran de él, los puños le golpearan en la espalda, pero todo su ser estaba centrado en Elle.

– Elle. -pronunció su nombre Jackson tranquilamente, su voz suave, muy bajo. Permaneció a horcajadas sobre ella, sujetándole las muñecas al suelo e ignorando a las hermanas que continuaba intentando empujarlo y apartarlo de ella-. Elle, abre los ojos y mírame. -Esperó un latido del corazón. Dos. Seguro que ella le había oído. Golpeaba bajo él, luchando, llorando, rogando, destrozándole el corazón, pero él se negaba a entregarse a sus propios temores.

Él era el único refugio de Elle. Se centró en eso, no en lo que le estaba sucediendo.

– Elle. Mírame. -Esta vez puso más demanda en su voz, aunque mantuvo el tono bajo y suave.

Las pestañas de Elle revolotearon. Largas. Mojadas. Desgarradoras. Su mirada esmeralda se encontró con la suya. Le reconoció con una sacudida de terror.

– Entrégate a mí.

Ella sacudió la cabeza violentamente.

Él se inclinó más cerca. Sarah intentó levantarle haciendo palanca y agarrándole del cabello. Ilya la sujetó por la cintura y tiró de ella físicamente justo cuando Bomber retumbaba una advertencia.

– Entrégate a mí, Elle. -Lo dijo otra vez. Calmado. Implacable. Una demanda inflexible. Ignorando todo lo demás alrededor de ellos. Solo estaban ellos dos. Elle y Jackson. Nadie más. Nada más.

Los ojos de Elle le imploraron. El sabía de qué tenía miedo. Creía que si él se unía a su mente, Gratsos podría herirle. Temía lo mismo con sus hermanas. Elle, su Elle, valiente como siempre, protegía a todos los que amaba.

Jackson sacudió lentamente la cabeza, sosteniendo su mirada.

– Entrégate completamente a mí, Elle. No puede hacerme daño. Soy más fuerte que él. Juntos somos mucho más fuertes. Dame tu corazón y mente y dame tu cuerpo.

Ahora el cuarto en torno a él estaba tan silencioso que podía oír la respiración, era capaz de distinguir a cada hermana, al perro, a Ilya, especialmente el ritmo aterrorizado de Elle. Forzó su propio aire a ser lento y constante, su corazón y el de ella, sus pulmones y los de ella. Uno y el mismo.

– Ven conmigo, nena. Entrégate a mí.

Se agachó hacia su cara con paciencia infinita, con lentitud infinita. El tiempo pareció detenerse. Su visión se abrió. Su audición se desvaneció para centrarse sólo en Elle. Para él, no había nadie más en la habitación. Eran solo ellos. Elle y Jackson.

– Tu cuerpo, Elle, confía en mí. Entrégate a mí, nena.

Ella inspiró, lo dejó salir, e hizo visiblemente el esfuerzo de relajarse debajo de él. Acabó con su frenética lucha, concentró su mirada en la de él. Jackson podía ver temor en ella, pero había confianza. Los músculos de Elle se relajaron. Lo que fuera que Stavros le estaba haciendo, simplemente lo aceptó. Permitió que el corazón latiera más despacio, para emparejarse al ritmo constante de Jackson. Forzó a los pulmones a seguir la pauta de los de él. Su mirada nunca abandonó la de él y su cuerpo se entregó a él… fundiéndose en la fuerte figura masculina, suave y maleable mientras él se estiraba sobre ella, asentando el peso, cubriéndola con los músculos más pesados.

– Esta es mi chica. Ahora tu mente. Una mente, nena, eso es lo que somos, lo que necesitamos ser. Abre tu mente y déjame entrar.