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El cuarto alrededor de él estaba absolutamente quieto, inmóvil, como si todos contuvieran la respiración y esperaran. Jackson no apartó la mirada de Elle. Estaban sólo ellos. Ellos y nadie más en el mundo. Esperó a que Elle se liberara de su temor y se girara hacia él. Era un paso inmenso para ella. Luchando, por lo menos sentía como si tuviera una semblanza de control. Tragó con fuerza, parpadeado varias veces y entonces sus barreras cayeron, como si las hubiera bajado rápidamente para no perder el valor.

Él fluyó en su mente, llenando cada espacio, envolviéndose en ella apretadamente, reclamándola, vertiendo fuerza y resolución y construyendo su resistencia hacia Gratsos. Jackson le agarró la cabeza entre las palmas, enmarcando su carita de duendecillo en forma de corazón con las manos grandes y bajó la cabeza hacia la de ella.

A Elle el aliento se le quedó atascado en la garganta. Separó los labios. Le observó venir hacia ella. Jackson. Su otra mitad. Su fuerza. Su único amor. Él llenaba su mente, llenaba su corazón y su alma. Inundaba su cuerpo de deseo y calor. No había sitio para nada o nadie más en su mente o en su corazón. En su cuerpo o en su alma. Solo existía Jackson. Vino hacia ella con gentileza exquisita, con ternura encantadora.

Los labios la tocaron, firmes y fríos, suaves como terciopelo, calentándose rápidamente. La lengua le acarició la comisura de los labios, la excitó y la sedujo, expulsó cada brutal acto depravado que Stavros había cometido y lo reemplazó por algo enteramente diferente. Elle ardía por dentro. En su mente. En su corazón, profundamente en su cuerpo donde anhelaba sólo a Jackson. Abrió la boca y lo atrajo a su interior.

Jackson, por primera vez, sintió al otro hombre. Aceitoso. Malvado. Un cieno grueso de ser humano podrido de dentro a fuera. La bonita concha cubría un pobre ejemplo de humanidad, con una percepción de privilegio con la cual Jackson nunca se había encontrado antes.

Inténtalo conmigo, hijo de puta.

Lanzó el desafío, sabiendo que Gratsos ya se retiraba, huía de la mente de Elle, dejándola temblando, casi convulsionándose en el suelo, sollozando de alivio y aferrándose a Jackson. Ella le deslizó los brazos alrededor del cuello y apretó la cara contra su garganta, llorando incontrolablemente, desenfrenadamente, algo que ninguna de sus hermanas la había visto hacer antes jamás.

– Todo va bien, cariño -dijo él suavemente-. Ya se ha ido. Huyó como el cobarde que es. -Se deslizó del cuerpo de ella al suelo a su lado, aunque continuaba pegada a él. Le pasó el brazo bajo las rodillas y la levantó, llevándola al sillón reclinable en el lado más alejado del cuarto-. Tú eres más fuerte que él, Elle, sólo estás quemada en este momento. Te lo estoy diciendo, una vez que estés a plena potencia, no podrá entrar dentro de ti.

Ella le apretó más fuerte, hundiendo los dedos en los músculos, intentando hacerse una madriguera bajo la piel y perderse allí. Jackson odiaba que tuvieran audiencia, aunque fuera familia. Ella parecía demasiado vulnerable, demasiado frágil, y Elle odiaría eso. Les miró, con los ojos ardiendo, violentos, pero no pudo evitarlo. Sabía que parecía intimidante, pero esta era Elle… su Elle… y sólo deseaba protegerla.

Sarah agachó la cabeza.

– Lo siento, Jackson. Debería haber sabido que estabas ayudándola. Ella te quería, confió en ti, no en nosotras.

Su voz era tan triste, que a Jackson le partió el corazón. Elle permanecía en posición fetal, curvada contra él, todavía llorando, pero silenciosamente ahora, intentando reconciliarse con el hecho de que Gratsos había logrado atacarla a través de un océano.

– Estás equivocada, Sarah -dijo Jackson-. Elle confía en vosotras con su vida, con su alma. Os estaba protegiendo de él. Os ha estado protegiendo todo el tiempo.

– Él no puede herirnos… -Sarah se mordió el labio, deteniendo el resto de la frase. Jackson la estaba mirando con furia, sabiendo que había estado a punto de escapársele que eran demasiado fuertes para Gratsos, pero Elle había sido la más fuerte entre ellas y había sido capturada y torturada repetidas veces.

Fue Elle quien contestó, levantando la cabeza, el mentón alzado, los ojos un poco desafiantes.

– Puede, Sarah. Os puede hacer daño a todos. No puedes imaginar la clase de dinero o poder que tiene. Nunca nadie le dice no. Si desea algo, lo consigue. La policía es suya, los políticos son suyos, y ahora sabemos que tiene capacidades psíquicas. No le da miedo hacer daño a alguien y va a seguir viniendo a por mí. Ya es bastante malo que esté poniendo en peligro a Jackson, no voy a arriesgarme con ninguna de vosotras.

– Entró en nuestra casa -dijo Jackson-. ¿Si estuviéramos en tu casa, estarías protegida?

Elle se encogió de hombros.

– No puedo ir allí hasta que mi cerebro se cure.

Sarah frunció el entrecejo.

– ¿Por qué, Elle? No comprendo. La casa puede protegerte mucho mejor que éste lugar. Lo sabes. Y por qué no permites que Libby…

– Libby no -interrumpió Jackson-. Libby puede curar heridas del cerebro y puede curar el cuerpo, pero Kate cura la quemadura psíquica, ¿verdad, Kate?

– Kate, no contestes a eso -defendió Elle violentamente-. Es un punto discutible de todos modos ya que nadie se va a acercar a mi mente. Es demasiado peligroso y acabáis de presenciar por qué.

Capítulo 11

Kate bajó la vista a sus manos cuando todos los ojos se volvieron hacia ella. Para Jackson, Kate Drake tenía una inconfundible cualidad regia. Era la más tranquila de las hermanas Drake, un poco tímida y raramente atraía la atención hacia ella. Adoraba los libros y lo que más, acurrucarse en casa durante un día borrascoso con su familia. Eso y a Matt Granite, el duro y tosco ex-Ranger que daba la casualidad que era su novio.

– Jackson y tú sois lo bastante fuertes como para protegerme de cualquier cosa que temas, Elle -dijo ella, su voz era tranquilizadora y confiada. Caminó hasta la ventana y miró fuera sobre el mar. A lo lejos podía ver las guedejas de pesada niebla oscura retrocediendo-. No haré nada que no quieras que haga, pero, cariño, está muy claro para mí que cuando Jackson deja tu mente, ese hombre, ese enemigo, encuentra un camino.

Elle frunció el ceño y se masajeó su garganta contusionada.

– ¿Pero cómo? No entiendo cómo puede controlarme de esa manera. -Cómo estaba poseyéndola de alguna manera, avanzando lentamente dentro de su mente y violándola de nuevo. Podía sentir el toque de sus manos, la manera que eligió para herirla, el modo en que se burló de que eso pudiera darle placer. Ella no habría querido que Jackson oyera eso, que lo supiera o sintiera, no obstante, él lo sabía.

Miró a Jackson con la desesperación en los ojos, sintiéndolo con un temor terrible en su corazón.

– Lo siento tanto -murmuró.

– ¿De verdad crees que yo te culparía alguna vez de las cosas que él te hizo? -dijo de pronto en voz alta Jackson, temblando de rabia antes de poder contenerla. Hizo un visible esfuerzo con conseguir dominarse, soltando el aire y sepultando su cara en el cuello de ella durante un buen rato-. Stavros Gratsos no tiene nada que ver con lo que hay entre tú y yo y nunca lo tendrá. No sabe lo que es el amor, o el placer o dar y compartir el cuerpo de uno. Quiere poseerte y controlarte, obligarte a ser todo lo que él decida por ti. -Pudo haber forzado tu cuerpo a que reaccionaras a él, Elle, pero nunca te tuvo. Él nunca tendrá la autentica tú-. Eres mi corazón y mi alma, nena, y todo lo que él hizo era cosa suya y no tenía nada que ver contigo.

– Puedo hacer un intento -dijo Kate-. Me gustaría ayudar.

Elle respiró hondo y sacudió la cabeza con pesar. No era lo bastante fuerte como para proteger a Kate del trauma emocional de lo que le había pasado a ella y no estaba por la labor de dejar a su dulce hermana experimentar a un hombre tan depravado como Stavros. Jackson la había salvado.