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– No es tan malo. El muy bastardo. Y fíjate bien que esta vez no lo llamé jodido bastardo. Estoy aprendiendo.

Ella sonrió como él sabía que haría.

– No creo que comprendas completamente el concepto de lo que quiero decir. -Acarició la cabeza a Bomber y le restregó las orejas-. Eres un perro tan bueno. Gracias por tratar de salvarme.

– Tal vez podríamos usar eso -dijo Jackson de repente-. Voy a hacerte un té al modo tradicional y a terminar con tu pelo mientras pienso sobre ello.

– ¿Sobre qué? -Le observó recoger las tazas de té y llevarlas a la cocina, yendo tras él pisándole los talones-. ¿En qué estas pensando?

– Bomber y sus instintos. Obviamente reconoció la energía psíquica de Gratsos mucho antes de que lo hiciéramos nosotros. Cada vez que tú has estado en problemas, él se ha puesto antes en alerta. No me percaté de inmediato, pero esto es lo que él hace. -La echó un vistazo por encima del hombro-. ¿Tienes hambre?

Ella sonrió otra vez, esta vez sus ojos se encendieron. Había estado alterada por no querer que sus hermanas tuvieran que curarla, pero estaba agradecida a Libby. Se había sentido tan sucia, y Libby la hizo sentirse entera otra vez, no por completo sucia y usada.

– Jackson Deveau, vas a ser todo un empleado doméstico para mí. En realidad no eres tan mal encarado después de todo.

Él sonrió abiertamente, un poco avergonzado.

– Soy un mal encarado total. No vayas a arruinar mi reputación por ahí.

– Mis hermanas lo apoyarán. Se calientan para sus adentros cuando me gritas.

Sonaba engreída, y bromista. A él le gustó esto. Le proporcionaba una sensación cálida en el hueco del estómago. Siempre se había preguntado lo que una persona solitaria como él haría con una mujer permanentemente a su alrededor; ahora sabía que la quería con él.

– Te estoy leyendo el pensamiento -le recordó ella, entrando descalza en la cocina embaldosada-. Háblame sobre tu gran plan.

Él suspiró y la cogió en brazos, depositándola sobre la encimera junto a él mientras guardaba en su sitio los comestibles que Inez les había traído. Sostuvo en alto varias bolsas de la fruta favorita de Elle desecada: la mandarina.

– Esa mujer es tan dulce a veces.

– Nunca pensé que te oiría decir eso de Inez. No te hablas con ella.

– Me hablo con ella. -Él se aclaró la garganta y apartó la mirada, un apenas perceptible rubor ascendió por su cuello-. Me trae comestibles a veces.

– ¿Sin que se los pidas?

Él se encogió de hombros y sacó los ingredientes para hacer bocadillos.

– Jackson. -Elle esperó hasta que la miró-. ¿Por qué te trae comestibles?

– No lo sé. Le digo que no es necesario, pero ella piensa que me lo debe o algo así.

Podría decirse por su rubor y renuencia que realmente estaba avergonzado. Elle se movió en su mente. Alzó la ceja.

– ¿Le prestaste dinero?

– Maldita sea, Elle. No lo digas en voz alta. Nadie lo sabe y no se lo presté exactamente a ella. Es una mujer muy orgullosa y constantemente está ayudando a la gente. Demasiado. Insistió en mantener la galería de arte de Frank Warner abierta. Él va a salir de prisión cualquier día de estos.

– ¿Cómo puede ser? No ha pasado ni siquiera un año completo. -Elle se quedó pasmada. Frank Warner había permitido que la gentuza rusa usara su galería de arte para pasar de contrabando artículos ilegales y blanquear dinero. Ella lo había compadecido un poco ya que él no sabía a lo que le estaba facilitando la entrada, pero por su afán de dinero, él había permitido que una horrible bomba entrara en el país por la ruta abierta por el contrabandista.

– Sólo fue condenado a tres años y consiguió reducción de condena por buen comportamiento. Inez contribuyó muy decisivamente a que él recibiera la sentencia más corta posible. Frank era tremendo con la caridad y echando una mano en las colectas de comida locales así como con los programas para los niños de la escuela, los zapatos, los viajes de estudios, y participaba activamente en todas las subastas, donando algunas grandes piezas. Ella trabajó infatigablemente para ayudarle. Ellos son amigos desde primaria.

– ¿Cómo sabes todo esto?

Él le dio un bocadillo y vertió agua hirviendo en la pequeña tetera. Antes de que Elle entrara en su vida, él ni siquiera sabía lo que era el té. Ahora era un artículo de primera necesidad. Lo que es peor, de hecho conocía todas las variedades de tés.

– Yo estaba dando una vuelta por su tienda a última hora, una noche y la encontré fuera en la parte de atrás llorando. -No pudo evitar la vergüenza que se coló en su tono y en su mente. La miró de reojo como si medio esperara que ella dijera algo.

Elle permaneció en silencio con una sensación rara derritiéndose en los alrededores de su corazón. Este era un lado de Jackson que ella nunca había visto. Él era tan solitario, y actuaba como si no quisiera hablar o verse involucrado con nadie o con la comunidad si podía evitarlo, a pesar de eso ella se estaba enterando de pequeñas anécdotas interesantes sobre él que le decían más de lo que obviamente él quería que ella supiera.

– Para abreviar, ella había invertido la mayor parte de su propio dinero en la galería de arte, comprándola por Warner y convirtiéndose en su socia, pero la galería realmente sufrió los primeros meses después de su arresto y ella estaba un poco atrasada con los pagos de su propia hipoteca. La tienda iba bien, pero Inez trabajaba la mayor parte de las horas. No podía ingeniárselas para pagar a alguien que trabajara en la galería para mantenerla en marcha, así como la tienda de comestibles y que además tuviera suficiente para su casa. El piso de Frank está sobre la galería, de manera que durante mucho tiempo ella hizo los pagos sobre aquella propiedad, la casa de él estaba segura.

– ¿Y tú la prestaste el dinero? -le incitó Elle.

Él se movió inquieto.

– Ella no me permitiría prestárselo. -Miró a su alrededor como si alguien pudiera alcanzar a oírlo-. Insistió en que yo invirtiera en la tienda de comestibles. Yo no quería, pero ella no iba a coger el dinero de ningún otro modo y yo no sabía como salvar su casa.

– ¿Posees una parte de la tienda de comestibles?

Él se encogió de hombros.

– Cómete el bocadillo.

– ¿Cómo de grande es esa parte? -insistió Elle.

– Bueno, tal vez la mitad. No sé. Sólo firmé lo que quiera que sea que Inez preparó. No tenía importancia para mí y sí para ella así que simplemente lo hice -lo admitió como un pecado, precipitadamente.

Una sonrisa lenta encendió los ojos de ella.

– Jackson Deveau, tienes una veta suave en ti, ¿verdad?

– ¡Demonios, no! Inez sólo es diferente. No tiene ninguna familia y necesita a alguien que se preocupe, eso es todo.

– Como Donny Ruttermeyer -indicó Elle con una ceja levantada.

– Cómete el bocadillo y deja de fastidiarme. -Le dio un vaso de leche.

Elle se rió de él por encima del vaso.

– Realmente lamentas ser el tipo bueno.

Él la miró con el ceño fruncido.

– Es sólo que no quiero que te lleves una impresión equivocada sobre mí, eso es todo. Me gusta mi intimidad y creo que la mayor parte de las personas son francamente ridículas.

– ¿De verdad?

El pequeño filo burlón de la voz de ella le provocó un vuelco al estomago. A pesar de que no quiso, su cuerpo se agitó, un dolor, una necesidad implacable que no iba a irse pronto.

– De verdad -confirmó.