Él necesitaba un pequeño respiro de estar tan cerca de ella. Elle plegada en su mente resultaba íntima, y el escuchar su voz, suave y melodiosa, acariciaba terminaciones nerviosas que él no necesitaba que le acariciaran. Y luego estaba el roce de su cuerpo, sus curvas suaves y su piel gloriosa. Tenía que dejar de pensar en ella. Ya mismo, y tal vez por mucho tiempo, ella iba a necesitar curarse y cuidado, no a alguien tratando de tocarla. Pero esto no le impedía ansiar deslizar la palma de su mano sobre su piel.
Elle se humedeció los labios con la punta de la lengua. Jackson se estaba esforzando mucho en impedir tener cualquier pensamiento sexual hacia ella, pero las imágenes se arrastraron en su mente y fluyeron sobre ella, hasta que una parte de ésta estaba casi alimentando su hambre más profunda. Ella oyó la nota de invitación en su propia voz, sabía que estaba flirteando con él, pero el apetito en ella se estaba haciendo más fuerte.
Había una parte de sí misma que sabía que algo de su deseo era por motivos erróneos. Amaba a Jackson y quería saber que podía complacerle, que pese a lo que había pasado, él la encontraba atractiva. En su mente existía una duda. No debería haberla, puesto que él había sido tan comprensivo y podía leer su hambre por ella creciendo, pero de todos modos, la preocupaba lo que él pensaría por el modo en que Stavros la había tocado, y obligado a otro hombre a tocarla y que podría no querer estar con ella.
– No hagas eso, Elle. -La voz de Jackson era baja. Ronca. Sexy-. Nunca dudes de que te quiero y siempre te querré.
– Esto es de locos. No puedes tener pensamientos privados y yo tampoco puedo porque en el momento que te separas de mí, él ataca. -Trató de que no la disgustara el que él lo supiera, pero era humillante, tal conocimiento por su parte de todo lo que le pasó a ella con vivo y brutal detalle era humillante. Su conocimiento de que Stavros había tenido éxito en obligarle a su cuerpo a responder a él.
– Elle. ¿Por qué estás pensando en él?
– No puedo evitarlo. Odio esto. Odio preguntarme si voy alguna vez voy a tener una vida contigo, si soy capaz de ello.
– Tendremos una vida juntos, Elle. -Le dirigió una pequeña sonrisa arrogante, una que dio un vuelco a su corazón e hizo que su estómago revoloteara-. No descartes mi habilidad de persuasión.
– ¿Tú tienes habilidades?
– Muchas habilidades.
Elle tomó aliento. Ella tenía habilidades ahora, también. No había pensado en aquel aspecto, sólo que podría tener miedo de que la tocaran. Si no pensara en que estaba asustada, si pudiera permitirse estar relajada y simplemente armonizar sus instintos naturales con Jackson -dejó caer su mirada al frente de los vaqueros de éste- tal vez podría trabajar la magia.
– Eso es. Entra en el otro área -dijo Jackson.
Elle podía ver la protuberancia delante de sus vaqueros abultados. Él se giró apartándose de ella para mantenerse ocupado con la limpieza de la encimera y sirviendo el té para ambos.
– Bueno, es la verdad, lo sabes. Aprendí algunas cosas. Usadas de manera correcta podrían ser divertidas. -Y Stavros podía irse directamente al diablo. Todo lo que él quiso para sí mismo, cada servicio que ella había aprendido en sus manos podría ser dado por amor en lugar de ser obligado.
– Elle. -La voz de Jackson fue implorante-. ¿Tienes alguna idea de las imágenes que estás creando en tu cabeza? -Echó un vistazo sobre su hombro y estudió su cara-. Ve a sentarte antes de que te caigas. Estás tan pálida que parece que vas a desmayarte. Traeré un poco de té y luego trabajaré un poco más en tu pelo.
– Jackson. -Esperó hasta que él se giró apartando la vista del té para mirarla-. Deja de darme órdenes.
Él se encogió de hombros, completamente impenitente.
– Alguien tiene que hacerlo, nena, y bien podría ser yo. Eres una cosita malcriada y obstinada de mil demonios. Además, le prometí a Sarah que cuidaría bien de ti, y ella me asusta que te cagas.
Elle suspiró y volvió a su silla favorita. Ésta era lo bastante amplia como para alojar a un hombre grande y podía acurrucarse en ella, subiendo las piernas y haciéndose en una pequeña pelota donde se sentía segura.
– ¿Qué piensas sobre trasladarnos a tierra adentro? -Ella trató de impedir que su voz temblara, y su mente delatara el hecho de que Stavros la aterrorizaba.
No importaba lo que Jackson dijera, ella no se sentía fuerte o incluso particularmente valiente. Todavía sentía sus manos, potentes y llenas de cólera, alrededor de su garganta y en su cuerpo. Él nunca la dejaría ir. Y ahora él sabía sobre Jackson. Esto sólo alimentaría su intensa rabia. Él no había querido que ningún otro hombre se acercara a ella y el recuerdo de éste asesinando al guardia después de obligarla a atenderle ardería para siempre en su mente. La cara del guardia siguió cambiando. Elle de rodillas, su boca deslizándose sobre el miembro de Jackson, alzando la vista y viendo la pistola apretada contra su garganta. Ella parpadeó rápidamente para tratar de detener las lágrimas ardientes.
– Páralo. Me refiero a esto, Elle. Si vas a estar pensando en aquello entonces dejémoslo simplemente salir al descubierto. Estás aterrada pensando que no vas a ser capaz jamás de darme placer chupándome la polla.
Ella se estremeció ante su cruda terminología, pero así era Jackson. Su voz era dura, sus ojos oscuros brillaban mientras atravesó de unas zancadas la estancia para encumbrase sobre ella. Se sintió intimidada, amenazada, cuando fijó los ojos en las columnas gemelas de potentes muslos y luego un poco más arriba en el grueso contorno que evidenciaba su deseo. Ella había estado pensando en cómo sería el gusto y la sensación de él. Si estaría asustada o excitada o ambas cosas. Y lo había excitado. Ahora se dio cuenta de que podría haberlo hecho a propósito.
Elle sacudió la cabeza.
– Lo siento, Jackson. No puedo evitar preocuparme por ello.
– Te preocupaba besarme y nos besamos perfectamente, Elle.
– Él se llevó todo de nosotros.
– Él no se llevó nada. -Sus manos fueron hacia los botones de sus vaqueros.
La mirada de ella saltó de vuelta al frente de sus vaqueros, hipnotizada mientras él despacio desabotonaba la bragueta. Su corazón comenzó a palpitar y se humedeció los labios.
– ¿Qué estás haciendo?
– Lo que nosotros estamos haciendo, querrás decir. -Se bajó los vaqueros y se quedó ahí de pie, grande e incluso más intimidante de lo que ella recordaba de la ducha-. Vamos a saber de una u otra forma si al poner tu boca alrededor de mí, me muero o no.
Ella tragó con fuerza y cerró los ojos brevemente, con fuerza.
– Jackson, no creo que… -Él se acarició, un simple movimiento despreocupado no sólo con su cuerpo físico, sino con su mente. Ella sintió la onda de placer correr por él, por ella. El cuerpo de ella se agitó mientras las terminaciones nerviosas seguían alerta. Se le hizo la boca agua. Quería el sabor de él. Quería reemplazar cada mal recuerdo con Jackson, llenarse con él, pero esto… De nuevo sacudió la cabeza.
Jackson no se movió. No se adelantó. No la arrastró por el pelo poniéndola de rodillas, simplemente se quedó ahí de pie con su mano rodeando su pesada erección, pareciendo tan deseable como el pecado.
– ¿Y si no puedo?
Él se encogió de hombros como si esto no importara de ninguna manera, pero importaba, le importaba a ella. Jackson era todo lo bueno en su vida, en su alma, y si no pudiera proporcionarle placer…
Él se rió suavemente.
– Mujer tonta. El placer comienza en la mente. Él pudo tratar de arrancarlo de ti y obligarte a aceptarle a él porque adiestró tu cuerpo para una determinada respuesta, pero eso nunca será lo que nosotros tenemos juntos. Tú ya me das placer. Puedo sentir tu lengua acariciándome a lo largo del pene, aquí mismo.
Ella siguió la línea de su dedo, con sus ojos y luego en su mente. Casi le saboreó. Caliente. Viril. Completamente Jackson. Su lengua se curvó y él dio un respingo.