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– ¿Ves, nena? Esto va de amor, y dar y no sobre el control y prestar un servicio. No tengo ninguna duda de que puedes proporcionarme todo tipo de placer en el momento en que lo desees.

Elle no quitó los ojos de su sexo y de la cabeza con forma de seta grande que ya relucía con una pequeña gota nacarada. No estaba asqueada, sino todo lo contrario, estaba fascinada. Podía sentir la respiración masculina entrando y saliendo de sus pulmones, el calor corriendo por su cuerpo y congregándose en su núcleo. Movió la mano tanteando y ahuecó su saco pesado, casi sin darse cuenta de lo que hacía.

Jackson soltó su aliento en una ráfaga prolongada. Los dedos de Elle acariciaron la textura aterciopelada. Él no se movió, se mantuvo perfectamente quieto bajo sus manos exploradoras. El fuego pasó como un rayo por él cuando ella lo acarició con su nariz suavemente, con su aliento caliente y exquisito contra su piel sensible. Elle sintió su reacción como si fuera propia, su erección estaba hinchada y aumentando más pesada y más gruesa, ardiente y dolorida por la necesidad a estas alturas. Recorrió con su lengua la amplia cabeza sólo para probarlo. El cuerpo de él al completo reaccionó estremeciéndose. Su miembro palpitó y se sacudió. Ella sintió la explosión del éxtasis estallando en la mente de Jackson.

– Dime quién tiene el verdadero poder, Elle -susurró Jackson con voz ronca-. Esta eres tú, dándome placer. Así que, que se joda. Él no puede llevarse nada de nosotros. -En realidad él dio un paso retrocediendo ante ella, temblando un poco, pero decidido a no ir más lejos.

Elle no quiso detenerse. Quería verlo por si misma. No le había tomado en su boca, acariciado con la lengua o sentido deslizar su pene por su garganta. Ella tenía que saber si esto era posible sin que el acto de dar, de amor, se tornara en algo depravado. Sus manos frenaron el paso atrás de él, hincándole los dedos en sus muslos.

– Quiero sentirte dentro de mi boca.

– Nena…

La voz de Jackson era suave, pero temblaba, sólo un poco, dando a entender que no estaba tan sereno o controlado como quería que ella creyera. Esto debería haberla asustado, pero la llenó de euforia. Bajó los dedos por sus muslos y volvió a subir otra vez, acarició el apretado saco y se inclinó hacia adelante para acariciar con la nariz la base de su miembro.

La dura erección de Jackson se sacudió y palpitó contra su cara. Él jadeó y se le escapó un gemido.

– No tienes que demostrarme nada, Elle.

Ella podía ver en su mirada firme lo que éste quería decir. Esto habría sido suficiente para él, Jackson sentía que ella podría construir la confianza desde allí, pero eso no era suficiente para ella. Estaba ahí de pie, tan pecadoramente masculino, tan entregado y sensible y ella quiso que él sintiera aquella explosión de éxtasis una y otra vez. Quería ser la que se lo proporcionara. Y quería borrar el recuerdo de cómo se sentía ser forzada a servir, en lugar de darse con cariño.

Le rodeó con la mano el ancho contorno y se deslizó hasta el suelo, de rodillas en una posición sumisa. Jackson se estremeció visiblemente y la agarró por los hombros.

– Te estoy diciendo, nena, que esto no es necesario. -Pero se estaba volviendo necesario.

El cuerpo de él ardió por entero. ¿Qué hombre no adoraba ver a su mujer de rodillas delante de él queriendo darle placer? Él tenía miedo de dejarla, miedo de tocarla, de provocar una respuesta negativa en ella, y a pesar de eso en el momento en que su boca se movió sobre él, supo que estaba perdido, capturado para siempre en su embrujo. La única vía que le quedó fue compartir lo que ella le hacía sentir. Inundó cada esquina de la mente de Elle con un fuego sofocante.

Arrodillada, Elle alzó la vista hacia él. Su cara era una máscara de deseo de líneas grabadas en su piel, blancas líneas alrededor de su boca. Sus ojos estaban cerrados, mientras él saboreaba la sensación de sus manos acariciando su erección dura y gruesa. Ella sintió como su lujuria se elevaba, como el deseo de él se propagaba, esto debería haberla asustado, pero su amor estaba entretejido tan fuertemente dentro de cada imagen, dentro de cada pensamiento, que sólo quiso sentir más, complacerle más, darle… todo.

El hambre la invadió, aguda e implacable, una necesidad de sentir a Jackson, conocer la forma y textura de él, tener su erección llenando su boca, y sentir su necesidad de ella -por ella- llenando su mente. Se inclinó hacia él, deslizando una mano hacia arriba, a la cara interna de su muslo, la otra masajeando sus pelotas. Lamió a lo largo de la amplia cabeza, una rápida pasada de su lengua curvada, provocándole un poco, sintiendo el tirón, el pulso que siguió cuando ella le lamió como a un helado de cucurucho.

La mandíbula de Jackson se quedó rígida, sus manos se cerraron en dos puños apretados, una mezcla tal de anhelo y restricción increíblemente hermosa para ella y de atractiva excitación. Él no le agarró el pelo ni empujó su dolorida polla profundamente en su garganta, aceptando la necesidad de ella de tener el control total, pero podía decirse que le estaba volviéndolo loco con su exploración sensual, con su lengua lamiendo y deslizándose por todas partes, explorando su dura longitud. El aire dejó sus pulmones de golpe cuando ella pasó rozando su boca de arriba a abajo por el duro pene.

No había ningún espacio para nada en su mente, salvo traerle placer a Jackson. Ella quería prolongar el tiempo, saborearlo, deleitarse en el modo en que el cuerpo de él se hacía suyo. Él se entregó totalmente a ella, pero un suave gruñido se le escapó, y su mandíbula se tensó más, apretando los dientes en un esfuerzo por permanecer controlado mientras su deseo y necesidad rabiaban como un fuego incontrolable.

Manteniendo su mirada centrada en la de él, Elle separó sus labios y, con infinita lentitud, le metió hacia adentro, haciendo entrar la cabeza acampanada en el húmedo calor aterciopelado de su boca. El cuerpo masculino se estremeció otra vez. Sus caderas se sacudieron con fuerza, los músculos se tensaron bajo sus dedos. Incluso sus pelotas se apretaron más en reacción. Ella gimió, vibrando alrededor de su miembro cuando él lentamente hundió su longitud más profundamente. Ella escuchó la dura aspereza de la respiración de él, ronca y necesitada.

El amor explotó a través de la mente de Jackson, caliente y hambriento y tan mezclado con la lujuria que ella no supo dónde comenzaba uno y dónde acababa el otro. Las dos emociones estaban misteriosamente entrelazadas, inseparables, y ella se dio cuenta de que lo quería de esa manera. Quería esto, su regalo para él, un tesoro que podía darle, adorando su cuerpo y no permitiéndole a la fealdad tocarles. El hambre de él alimentaba el suyo. Su boca se apretó alrededor de él, la lengua excitó y sondeo mientras mamaba con fuerza.

Jackson dejó caer las manos sobre sus hombros, apretando los dedos.

– Nena. Tienes que parar. Se nos está yendo de las manos. -Su voz era áspera, casi irreconocible.

Oh, sí. A él le gustaba esto. Más de lo que quería. El triunfo la atravesó. Júbilo. Dirigió su lengua arriba y abajo por su pene y sobre la cabeza, excitando la parte inferior antes de atraerle al interior profundamente otra vez, mamando con fuerza. Estaba dándole todo a su hombre, mostrándole amor, y ninguna parte de Stavros y su fealdad los tocó; o podía tocarlos. Una especie de euforia se apoderó de ella y engulló su pene con su boca apretada mientras su lengua obraba magia.

Él jadeó.

– Elle. -Esta vez su voz fue exigente. Sus caderas cambiaron de posición-. Siente lo que me estás haciendo. -Apenas podía articular las palabras, un gemido se le escapó cuando intentó evitar que su cuerpo reaccionara. Fue imposible por la exigencia de su boca hambrienta.

Elle disfrutó del desliz de su control, la manera en que el corazón de él latía en su boca con cada golpe. Él la llenaba, sus labios se estiraban alrededor de su contorno, su erección pulsaba y se sacudida contra su lengua mientras le impulsaba más cerca con las manos en sus caderas. Él probó una mezcla de pasión caliente y sexy, de amor y lujuria y deseo pecaminoso. Ella frotó su lengua de un lado a otro a lo largo de la longitud rígida, prestando especial atención al punto sensible justo debajo de la cabeza acampanada donde, cada vez que concentraba su atención, él daba un respingo y en su cabeza explotaban fuegos artificiales.