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Mantuvo sus ojos clavados en los de él, queriendo ver no sólo el placer en su mente, sino también en su cara, en sus ojos. El aturdimiento, el brillo opaco, la lujuria emergiendo, la respiración áspera. Su lengua golpeó y acarició, excitando y danzando, en todo momento le miró a la cara y a las expresiones de placer que lo recorrían. Mantuvo una succión firme incluso mientras lamía la cabeza de su miembro con la lengua, y entonces despacio se retiraba hasta ponerse a sorber sobre la misma punta, mirándole con atención. Él juró en voz baja con tono entrecortado, desgarrado mientras sus ojos resplandecían con ardor cuando ella, tan despacio, le tomó profundamente en su boca.

– Maldita sea, Elle. Tienes que detenerte. -Porque él no podía. Debería, pero no podía. No tenía esa clase de fuerza, no cuando su boca parecía el cielo y había sido tanto maldito tiempo y tanto aterrorizado por perderla-. Hijo de puta, nena, estoy perdiendo la cordura.

El tono áspero alimentó su deseo, la concentración de él al completo, todo su ser puesto en ella, en cómo lo hacía sentir, su lengua era un latigazo aterciopelado y caliente sobre el manojo de nervios sensibles en la parte inferior de su pene. Cuanto más sentía ella el placer de él, más quería darle. Se estaba ahogando en la necesidad de darse totalmente a él.

Mamó lentamente y con destreza hasta que él gimió, luego cambió haciéndolo rápida y duramente hasta que sus caderas empujaron profundamente y él gruñó una advertencia.

– Me estás empujando al límite, cariño. Tienes que saber que no voy a ser capaz de pararme. -Jackson ya no quería pararse. Lo estaba volviendo loco con su boca sexy y caliente y el modo en que lo miraba fijamente todo el tiempo, queriéndole, adorando su polla, amándole con cada golpe de su lengua.

Elle sintió como si pudiera verse envuelta en llamas, quemándose de dentro hacia afuera. Le dolían los pechos, los sentía crecidos y sensible, y entre las piernas estaba mojada, empapada por la necesidad caliente de él. Había una desesperación en ella, un apetito por exorcizar cada demonio sexual que albergaba. Tenía que sentir a Jackson en su cuerpo, caliente y duro y tan autentico, el amor en su mente conduciéndole más profundo para instalarse en ella y morar allí, llenándola y así nadie más podría tocarla jamás.

Se sentía vacía sin él, necesitada y apremiante. Había pensado que nunca sentiría deseo de nuevo, que nunca sabría lo que era arder por un hombre, pero su cuerpo anhelaba a Jackson, su mente se retorcía y ardía por él, desesperada por sus caricias, por su reclamo de ella. Quería que él sustituyera la sensación de depravación con amor, la crueldad con ternura.

Sus oídos estaban rugiendo, un estruendo golpeaba atravesando su corazón cuando sintió que Jackson se hinchaba, su pesada erección poniéndose aún más dura y gruesa. Sus caderas marcaron un ritmo con su succión y él empujó avanzado, más adentro. Ella relajó la garganta para tomarle más profundo. En el instante en que él sintió que los músculos lo envolvían fuertemente alrededor, su mente entró en otro area. Ella sintió el estallido de placer sacudiéndolo, tomando el mando en él, la explosión de fuegos artificiales.

Entonces las manos de él la agarraron por el pelo y empujó, conduciéndose hacia adelante y los pulmones de ella ardieron en busca de aire y el cuarto giró y no pudo respirar, se quedó inmóvil, indefensa, paralizada, sin saber dónde estaba o lo que estaba sucediendo a su alrededor. La rabia y el miedo se mezclaron y comenzó a luchar, a golpear, pataleando mientras el cuerpo de él hacía erupción, los chorros densos lanzados de semen caliente se esparcieron en su boca. Uno de sus puños aterrizó cerca de la ingle de él, y el otro le golpeó el muslo.

Jackson saltó hacia atrás, sus piernas parecían de goma y su cuerpo estaba drenado de fuerza. Tropezó, enredado por los vaqueros alrededor de sus tobillos y cayó con fuerza. Se quedó allí durante un momento boca arriba, tratando de respirar mientras sus pulmones ardían en busca de aire y su cuerpo todavía zumbaba por el fuego. No estaba muy seguro de lo que había ido mal, su cerebro todavía no funcionaba muy bien. Había un rugido en sus oídos que despacio comenzó a desaparecer cuando intentó unir las piezas de lo que estaba sucediendo.

Elle gateó alejándose de Jackson, se arrastró hacia atrás hasta que sintió la pared detrás. Presionó su mano con fuerza contra su boca, su pecho subía y bajaba con la garganta en carne viva. Se dio cuenta de que estaba gritando y se obligó a parar. Ella le había golpeado. Le hizo daño. Ella había destruido algo hermoso e inestimable y ni siquiera recordaba haberlo hecho hasta que se encontró golpeándole con los puños.

Tenía que marcharse. Huir. No había lugar alguno donde ir, ningún lugar donde esconderse de sí misma, de lo que había hecho. Y ni siquiera sabía lo que había pasado. Se hizo un ovillo y sollozó, deseando que la tierra se abriera y se la tragara.

Capítulo 12

Jackson se sentó lentamente, muy lentamente extendió las manos hacia sus vaqueros y se los subió por las caderas. Elle estaba a cierta distancia de él, con el cuerpo enroscado en una bola apretada y el cabello enredado ocultándole la cara, su llanto le rompía el corazón. Bomber se acercó a ella, tratando de consolarla, lloriqueando ansiosamente mientras la rodeaba, intentando decidir que hacer.

– Lo siento. Lo siento mucho. -Sus palabras quedaban amortiguadas, pero Elle simplemente continuaba repitiendo la disculpa una y otra vez.

Jackson suspiró y se pasó ambas manos por el cabello, haciendo balance de la situación. Se quedó allí sentado, con las rodillas recogidas, mirando a Elle y sacudiendo la cabeza. Ella se había retirado de su mente, y cuando la tocó tentativamente, sus barreras eran fuertes, tanto que se figuró que podría mantener alejado a Gratsos también. No quería que nadie compartiera sus pensamientos, sus recriminaciones. Conocía a Elle, se estaba odiando a sí misma y culpándose por lo que había ocurrido.

– Elle. Deja de llorar y siéntate bien. -Puso exigencia en su voz.

Ella se movió, sobresaltándose un poco ante su tono.

– Lo digo en serio. Siéntate y mírame. Quisiste venir a casa conmigo y ahora tienes que afrontar las consecuencias. Deja de llorar y mírame.

Elle alzó la cara veteada de lágrimas, empujó hacia atrás con los talones, presionó la espalda contra la pared y se sentó, recogiendo las rodillas para ocultar parcialmente la cara, pero le estaba mirando… y escuchando y eso era lo que él quería.

– No estoy muerto.

Elle frunció el ceño y se limpió las lágrimas de la cara.

– Mírame. -Alzó las manos, girándolas a un lado y otro-. No estoy muerto.

– No entiendo.

– Temías que si te metía la polla en la boca de algún modo acabara muerto. Bien, pues no. Me diste placer y aún estoy vivo.

Ella se sobresaltó visiblemente.

– Pero…

– Vamos, cielo. Querías ver si me sentía atraído por ti y así era. Querías ver si podías volverme loco y lo hiciste. -Inclinó la cabeza a un lado-. Demonios, nena, me hiciste ver la estrellas. Tanto que me tiraste de culo. -Sonrió ampliamente hacia ella.

– Eso no tiene gracia.

– Tiene algo de gracia. Yo explotando por toda la habitación, enredándome con mis propios vaqueros alrededor de los tobillos y aterrizando de culo. Fue una cabalgada del demonio, Elle. No haces nada a medias.