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– Si estuviera allí, los delfines no estarían aquí siguiéndonos en nuestro paseo. -Jackson era mucho más práctico.

– A menos que ella les haya enviado a echarnos un ojo -dijo Elle.

Jackson le sonrió.

– Típico de una Drake.

Ella pateó arena hacia él y lanzó un trozo de madera a la deriva hacia la playa para Bomber.

– ¿Quieres decir que no todo el mundo tiene delfines para vigilar por ellos?

– No delfines con los que puedan comunicarse.

– Abigail puede hablar con cualquier animal -dijo Elle.

– ¿Y tú?

Ella se encogió de hombros.

– No como ella. Puedo un poco. Tengo todos los talentos, pero como tengo tantos no he podido desarrollarlos todos a pleno potencial. Escojo las cosas que necesito utilizar principalmente y trabajo en ellas. Todo lleva práctica y trabajo. No es automático.

– ¿Pero podrías conectar a algún nivel con Bomber?

Elle frunció el ceño, comprendiendo que no estaba sólo dándole conversación.

– Podría. ¿Por qué? ¿En qué estás pensando?

Él cogió el palo del perro y lo lanzó de nuevo, observando como Bomber lo perseguía alegremente. Bomber tenía un fuerte instinto y jugaría durante horas con su juguete de trabajo favorito, una pelota atada a una cuerda que Jackson utilizaba para mantenerle en buena forma junto con el resto de su entrenamiento.

– Sólo que si puedes conectar con Bomber, y él puede sentir un ataque psíquico, podríamos ser capaces de contraatacar.

Elle se detuvo. En lo alto las gaviotas se deslizaban sobre la superficie del agua, lanzando sombras danzarinas a lo largo de la arena. El viento llevaba el sonido de los delfines charlando adelante y atrás mientras éstos jugaban en el agua.

– ¿Cómo?

– No he averiguado esa parte aún, Elle, pero hasta ahora, él ha estado teniendo las cosas de su parte, principalmente porque tenías que sanar. En un día más, estarás lo bastante fuerte para dejar que Kate y tal vez Libby trabajen realmente en ti. Una vez estés a plena potencia, estoy seguro de que cuando yo no esté en tu mente, serás capaz de mantenerle fuera, pero cuando estemos juntos, podremos atacarle si viene a por ti.

Elle se mordió el labio mientras empezaban a caminar de nuevo.

– Tienes mucha fe en mí.

– Te lo sigo diciendo, estás caída, nena, no acabada.

Ella inhaló la fragancia del mar y una vez más deslizó su mano en la de él.

– Adoro Sea Haven, Jackson. Adoro todo en él.

– ¿Cuándo quieres volver a mudarte a casa?

Ella le miró rápidamente.

– Aún no. Dame un poco más de tiempo. Quiero asegurarme de que estoy lo bastante fuerte para tener a todas mis hermanas alrededor, y no tener un desliz y dejarles sentir lo que yo siento. Mis emociones están desparramadas por todas partes. A veces me siento como si hubiera llorado tantas lágrimas que ya no me quedara ninguna. Y otras veces quiero pelear con alguien, o simplemente gritar. -Tomó un profundo aliento, sus dedos se apretaron alrededor de los de él-. Tengo miedo de estar sin ti, Jackson. -Hizo la admisión en voz baja-. En realidad no puedo recordar haber tenido tanto miedo en toda mi vida.

– Yo todavía tengo miedo sin ti -dijo él-, pero probablemente no por las mismas razones.

En la distancia una pareja caminaba hacia ellos, acababan de rodear las rocas, sus huellas eran húmedas en la arena. Cuando divisaron a Jackson y Elle, cambiaron de curso para interceptarlos, aunque siguieron caminando al mismo paso lento y perezoso.

– ¿Qué significa eso?

– Significa que a veces quiero coger un arma y disparar a la gente que creo que no merece vivir. Como Gratsos. Y tal vez si no te tuviera en mi vida, lo haría.

– Jackson el tipo malo -sonrió hacia él-. No eres en absoluto como crees que eres.

Se llevó la mano de ella a la boca, besándole los nudillos.

– Sigue pensando así, cariño. No me importa.

La pareja se aproximaba a ellos mientras caminaban a lo largo de las dunas, con la tierra suave bajo sus pies. Cuando se acercaron, Elle reconoció a Clyde y Marie Darden. Clyde era bien conocido por su hermoso jardín y sus premios en la feria cada año. Estaba ferozmente orgulloso de sus flores híbridas y protegía los secretos de su jardín cuidadosamente. Más de una vez, de niña, Elle se había metido en problemas por aceptar el reto de saltar la valla y caminar por el jardín del señor Darden. Incluso había cogido una de sus flores premiadas una vez. Se había metido en auténticos problemas por eso. Darden había marchado hasta su casa para hablar con su padre, amenazando con arrancarle las orejas a cada paso del camino.

Aferró más fuerte la mano de Jackson cuando la pareja se dirigió directamente hacia ellos, bloqueándoles el paso, obviamente pretendiendo hablar. Jackson se detuvo, arrastrando a Elle bajo la protección de su hombro.

– Clyde. Marie. ¿Qué tal estáis? -añadió Jackson, sorprendiéndola. Nadie llamaba a los Darden de otro modo que no fuera señor y señora Darden. El señor Darden exigía respeto todo el rato.

– Maravillosamente, gracias, Jackson -dijo el señor Darden-. Veo que tienes a nuestra chica en casa al fin. Mantuvimos nuestra cinta en el árbol todo el tiempo que estuviste fuera, Elle.

La señora Darden asintió con la cabeza.

– Teníamos una vela en la ventana también. Y rezamos por ti, por tu retorno a salvo.

– Gracias -dijo Elle-. Todo el mundo ha sido muy amable.

– Si hay algo que podamos hacer por ti, Elle -dijo el señor Darden-. Háznoslo saber. Marie hace una sopa de pollo increíble.

La señora Darden asintió con la cabeza con cara brillante.

– Que maravillosa idea, Clyde. Traeré un poco para ti, Elle, para los dos.

– Nos encantaría -dijo Jackson antes de que Elle pudiera responder-. Tu sopa me salvó el día cuando estaba cogiendo aquel resfriado.

Elle levantó la mirada a su cara, pero él evitaba cuidadosamente su mirada. Ahora sabía quién cuidaba del jardín por él. No le sorprendía que tuviera un patio tan hermoso con el señor Darden al cargo. Ese hombre podía cultivar cualquier cosa en cualquier parte y florecía y prosperaba.

La señora Darden sonrió.

– Qué chico tan dulce eres, Jackson. Gracias por la provisión de madera. Nos ayudó de veras cuando se fue la electricidad.

Jackson frunció el ceño.

– Creía que teníais generador.

Los Darden intercambiaron una larga mirada.

– Deberíamos habértelo dicho -dijo el señor Darden-, pero estábamos tan preocupados por nuestra Elle. Le pasaba algo y se estropeó completamente en esa última tormenta.

La señora Darden palmeó el brazo de Jackson.

– Sabíamos que te preocuparías por nosotros, así que no te lo dijimos. La chimenea nos mantuvo lo bastante calientes.

– ¿Cómo cocinaste?

– Comimos sandwiches, querido -dijo la señora Darden-. La electricidad se fue sólo durante un par de horas.

– Tres días -corrigió Jackson-. Iré más tarde y echaré un vistazo al generador.

– Si insistes -dijo el señor Darden-. Y mientras estás allí, hay que cambiar una tabla de las escaleras. La señora Darden casi se cae a través de ella el otro día.

– ¿En la escalera de atrás? -Jackson sonó severo-. Os dije que esas escaleras tenían que ser reemplazadas y me dijisteis que Lance iba a hacerlo.

– Lance no ha pasado por aquí -dijo la señora Darden-. Se lo pedimos justo después de que hablaras con nosotros, pero sigue retrasando la fecha cada vez más. Creo que puede estar enfermo.

Elle sabía que ese era el código para decir que Lance había recaído. Era un bebedor empedernido y pasaba meses sin beber, pero luego permanecía borracho durante varias semanas.

– Me ocuparé de ello -dijo Jackson-. La próxima vez llamadme inmediatamente. No os arriesguéis con las caídas.

El señor Darden asintió con la cabeza.

– En los viejos tiempos, lo habría hecho yo mismo.

– Oh, sí, querido -estuvo de acuerdo la señora Darden, mirando a su marido con ojos brillantes-. Siempre hacías las reparaciones de casa. Incluso el tejado -explicó orgullosamente.