Выбрать главу

– ¿Estás segura?

La mirada de ella volvió a su cara y esta vez parecía molesta.

– Por supuesto que estoy segura. Es mi hermana. Todas estamos ligadas. ¿No puedes sentirla tú también? ¿A través de mí?

Jackson se permitió a sí mismo pasar más allá de la mente de Elle y la alarma de Abigail estaba aullando. Estaba casi en estado de pánico. El teléfono los sorprendió a ambos.

– Cógelo, Elle.

– Pero Abbey me necesita.

– Coge el teléfono. Yo iré a por Abbey. -Ya sabía exactamente lo que estaba haciendo Abigail y no iba a permitir de ningún modo que Elle se acercara al mar-. Será Alexandr. Dile que venga aquí ahora mismo y proteja tu culo. Estaba trabajando cerca de Fort Bragg. -Le dio un pequeño empujón hacia el teléfono y corrió hacia su dormitorio.

Cuando volvió minutos después, llevaba un traje de neopreno, aletas en la mano, su equipo de submarinismo y el cinturón de plomos sobre el hombro.

– Te quiero dentro de la casa. ¿Me entiendes? Quédate dentro con la puerta cerrada y el perro contigo. Júramelo, Elle, o no voy.

– Pero debería…

– Júramelo, maldita sea -dijo él, cortándola.

El desasosiego de Abby se incrementaba y los dos podían verla ahora. Pasó como un relámpago junto a la casa corriendo hacia el océano.

– No abandonaré la casa, lo prometo. Ayúdala, Jackson.

La cogió por la nuca, la besó con fuerza, se giró y corrió afuera.

– Abbey, espera. Cogeré el bote. Llevará menos tiempo.

Abby estaba al borde del agua, ajustándose la botella.

– Aprisa, Jackson. Boscoe está atrapado en una red, o algo así. Se está ahogando.

Jackson saltó a su vieja camioneta y encendió el motor. Lanzó la barca al oleaje en cuestión de minutos. Abbey estaba llorando, mirando al mar. El motor se encendió al segundo tirón y partieron a toda velocidad.

– Gracias. No estaba segura de cómo conseguiría volver. Está a cierta distancia.

No le dio un sermón. Ella había vivido cerca del mar toda su vida. Estaba oscureciendo. El viento se había alzado e incluso con la ayuda de las Drake, Abbey no podía luchar contra un mar tormentoso de noche. Eso sin mencionar, y no le emocionaba la idea, que los mayores depredadores salían a esta hora de la noche a alimentarse.

La barca cortaba el oleaje, saltando cuando incrementó la velocidad. Abby miraba hacia las aguas más profundas, silbando de tanto en tanto. Jackson apenas podía oír sobre el ruido del motor, pero ella le dirigía, siguiendo las instrucciones de Kiwi, el otro macho nariz de botella, mientras éste emitía una serie de chillidos y chasquidos. Era inusual que los delfines machos y su grupo pasaran tanto tiempo cerca de Sea Haven, cuando era común que nadaran alrededor de cincuenta millas náuticas al día, pero estos «pasaban el rato por allí» para estar cerca de Abigail.

Frenó la barca cuando ella se lo indicó y giró el foco, dirigiéndolo hacia las turbias aguas de abajo.

– Intenta usar tan poca energía psíquica como sea posible, Abby -advirtió-. Gratsos está ahí fuera, montando en la niebla, y está buscando un objetivo otra vez.

– No me preocupa eso. Voy a entrar.

– ¡Espera! -dijo agudamente, cogiéndola del hombro y sujetándola a pesar de los esfuerzos de ella por saltar al agua-. Iremos juntos e iremos atados. El agua va a estar muy fría, muy oscura y ahora, más peligrosa que nunca, y no tenemos ni idea de lo que vamos a encontrar ahí abajo. -Empujó un arnés para el tobillo hacia ella-. Póntelo.

– Ya tengo un cuchillo. -Ella se tocó el cinturón.

– Joder, póntelo, Abbey. No vamos a arriesgarnos.

Una breve sonrisa relampagueó hacia él mientras Abbey se ajustaba el arnés a la pierna para que el cuchillo encajara cómodamente.

– Tienes una boca muy sucia, Jackson. Espera hasta que todas tus chiquillas hablen así. -Aceptó el extremo de la cuerda de unos dos metros y la ajustó a su cinturón de forma que estuvieron holgadamente atados el uno al otro.

Kiwi saltó en el agua, salpicándolos a ambos, con la cabeza oscilando arriba y abajo mientras regañaba a Abby, urgiéndola a apresurarse. Su cuerpo volvió a hundirse en el agua y rodeó el bote.

Jackson le puso una luz en la mano, observando como se ponía el regulador e indicaba que iba a entrar. La siguió justo detrás. El delfín se deslizó cerca, rozando sus cuerpos una vez, dos y después inclinándose de forma que Abbey pudiera extender la mano y coger su aleta. Se hundió, llevándola con él. Jackson sintió el tirón de la cuerda y nadó hacia abajo, siguiéndolos. El delfín era increíblemente fuerte y rápido, los arrastraba a ambos a través del mar, más y más profundamente.

Estaba oscuro y el haz de sus linternas apenas cortaba a través del agua lóbrega. El mundo era frío y extraño, en vez de como Jackson lo veía normalmente en sus inmersiones. Había una sensación de miedo, de peligro acumulándose y dos veces Abbey volvió la mirada hacia él y haciéndole saber que ella lo sentía también. Jackson dejó trabajar al delfín, mirando abajo y arriba, haciendo lo que podía por proporcionar una protección a Abigail con la esperanza de ver cualquier cosa mortífera que se acercara antes de que les alcanzara realmente.

El delfín nadó de repente lejos de Abbey y rodeó una masa pugnante. Boscoe, enredado en la red de un pescador, estaba sangrando por la nariz y aletas mientras luchaba por liberarse. Jackson sacó su cuchillo mientras Abbey ponía las manos sobre el delfín, calmándolo.

Jackson sintió una pequeña explosión de energía en el agua, casi eléctrica, cuando ella se comunicó con el animal y supo que ahora tenían un auténtico problema.

Al utilizar energía psíquica para mantener al delfín calmado mientras él atacaba y cortaba la gruesa red, ella estaba arriesgándose a otro ataque psíquico sobre ellos. No tenía ni idea de qué forma tomaría este, pero eran extremadamente vulnerables en medio del frío océano de noche. Abbey empezó a ayudarle, aunque requería una gran cantidad de fuerza cortar la red. Rodearon al delfín tan rápido como fue posible, apartando de él la red al pasar.

Pareció llevar largo tiempo… demasiado tiempo… con el agua oscura rodeándoles y el delfín retorciéndose de desesperación a pesar de los ademanes tranquilizadores de Abigail. No había forma de decir cuánto tiempo había estado luchando y estaba exhausto y necesitado de aire. En el momento en que se liberó, se lanzó hacia la superficie, con Kiwi abandonándoles para ayudar a Boscoe.

Jackson mantuvo el cuchillo en la mano e indicó a Abigail que fuera hacia la superficie.

Ella asintió y empezó a nadar, pateando fuertemente en un esfuerzo por apresurarse. Jackson permanecía justo tras ella, y sintió el primer tirón sobre su cuerpo, un poderoso flujo de agua fluyendo contra la marea. Maldiciendo para sí mismo, utilizó su fuerza para intentar mantenerlos en la dirección que deseaban… arriba… pero la corriente de agua les atrapó a ambos y les volteó como una lavadora.

Jackson ondeó los brazos en un esfuerzo por agarrar a Abigail y atraerla más cerca de él, para ayudar a protegerla de los restos que se retorcían con ellos, pero sólo pudo tantear su traje cuando ella giró bajo él hacia el fondo del mar. El cuerpo de Jackson golpeó contra el fondo. Rodó una y otra vez, su botella arañaba el lecho marino, la fuerza del agua intentaba arrancar de su cuerpo el equipo. Se obligó a relajarse, permitiendo que el agua le llevara, sintiendo el tirón de la cuerda que le anclaba a Abigail. Sabía que con la fuerza de la turbulencia, la cuerda podría romperse.

Jackson se empujó desde el fondo y comenzó a nadar en perpendicular a la costa. Era difícil imaginar dónde estaba exactamente ya que había estado girando y revolcándose. La cuerda su puso tensa y aplicó un poco de presión, sabiendo que Abbey estaba mucho más familiarizada con el mar y sus peligros que la mayoría de la gente. Era bióloga marina y pasaba gran cantidad de tiempo bajo el agua. No habría pánico por parte de Abigail.