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Sintió la cuerda relajarse e inmediatamente ella le rozó la pierna, indicando que estaba nadando con él. Deberían haber sido capaces de arrancarse de la corriente, pero otra poderosa contracorriente les capturó otra vez. Jackson tuvo la impresión de un jugador de bolos, utilizando la corriente oculta para derribarlos y hundirlos. Rodaron juntos esta vez, Jackson y Abigail se aferraron el uno al otro con los brazos y muslos para intentar minimizar el daño. De nuevo él se empujó lejos del suelo, utilizando la fuerza de sus piernas. Algunas veces las corrientes eran comunes a lo largo de la costa norte, pero esto… esto no era una contracorriente. Gratsos había atacado.

Algo grande y pesado los golpeó. Él se apartó, pero Abigail extendió la mano ansiosamente. Jackson comprendió que el delfín había vuelto y ella se había agarrado a la aleta. Kiwi utilizó su poderoso cuerpo para arrastrarlos fuera de la corriente y de vuelta hacia la superficie. El agua los absorbió por un momento y luego estuvieron nadando libres.

Pareció llevar una eternidad alcanzar la superficie. Cuando atravesó el agua y miró alrededor, la barca estaba a una buena distancia y el viento había alzado las olas a varias decenas de centímetros de altura. Empezaron a nadar a través del oleaje. Algo le rozó la mano cuando dio una brazada. Abigail jadeó.

– Cuidado, Jackson. ¡Oh, Dios mío! Quédate quieto un momento.

Así lo hizo, mirando alrededor, intentando imaginar lo que la había alterado. Todo alrededor de ellos era como un bosque de setas gigantes, habían flotado medusas desde el fondo, cientos de ellas. Nunca había visto unas tan grandes. Había pasado en el océano el tiempo suficiente para ver grandes poblaciones de medusas moviéndose a través del agua, pero nada como esto. Las cabezas de seta rosadas eran grandes, como extraños monstruos de las profundidades. Los tentáculos se extendían por toda el agua de tantas medusas que se movían juntas, los largos filamentos creaban un bosque de extremidades tóxicas que buscaban cualquier cosa confiada que se cruzara en su camino.

– No toques los tentáculos -advirtió Abbey.

– ¿Cómo coño se supone que voy a hacer eso? -exigió Jackson, dándose la vuelta, buscando una forma de atravesar el denso campo-. ¿Qué son estas cosas?

– Medusas, un ejército entero de ellas. Juraría que están intentando encontrarnos, y no se supone que puedan hacer eso.

– Joder, díselo a ellas, Abby, porque no parecen saberlo. ¿Cómo vamos a salir de aquí?

Intentaron no moverse porque el más ligero contoneo de un brazo o pierna atraía a las criaturas, como si el movimiento de sus cuerpos atrajera su atención.

– ¿Sientes la energía que las rodea? -preguntó Abigail.

Las olas rompían sobre él y casi le ahogaban. Cuando pudo, sacudió la cabeza cuidadosamente.

– No. Pero si hay energía psíquica tiene que ser ese bastardo que va a por nosotros.

– No tenemos más elección que combatir el fuego con el fuego.

– Elle no, Abbey. Se quemará. Necesita descansar.

– El resto de nosotras no puede. Y él no va a llevarse a nuestra hermana… ni a ti. -Abigail salpicó agua con la palma de la mano con disgusto, dirigiéndola lejos de ellos y observando a las medusas acechar en enjambre donde el agua había caído-. Elle podría patearle de cabo a rabo su culo de amateur si estuviera en plena forma.

Subían arriba y abajo entre las olas, intentando no moverse demasiado.

– ¿Cómo vamos a salir de aquí, Abby? Tú eres la experta.

– No podemos bajar, vienen de debajo de nosotros. Ha colocado algún tipo de trampa, pero como puedes ver, no está fijada específicamente hacia nosotros. Está utilizando trazos de energía psíquica para accionar sus ataques. Yo la estaba utilizando con Boscoe, para calmarle y sanarle a la vez. No quería que cogiera infecciones. -Era difícil hablar y ambos se estaban cansando, intentando dejar que las olas fueran y vinieran sin llevárselos. Abbey miró hacia su casa.

Casi al instante Jackson pudo sentir una sutil diferencia en el viento. Cambió de dirección, una suave ondulación en vez de un rugido, llevando con él una dulce voz femenina. Joley Drake. Superestrella, con la voz de una sirena, llamando a las medusas, atrayéndolas a través del agua. Una hechicera cantante, Joley podía persuadir a cualquier cosa o a cualquiera con su voz. Iba a la deriva como un alga marina, pacífica y serena, melodiosa y embrujadora, y todo el rato las hebras de melodía susurraban y adulaban a las medusas, convocándolas hacia ella.

Los tentáculos golpearon como látigos el agua, la corriente de energía psíquica explotó en respuesta a la canción de Joley, pero el enorme grupo de medusas se movía lejos de Abigail y Jackson, hacia la voz de Joley, impelidas por su necesidad de responder. Jackson y Abbey esperaron a que la migración pasara y después empezaron a nadar de vuelta hacia la barca.

Jackson había dado dos brazadas a través del agua, con Abigail a su costado izquierdo, cuando de repente el cuerpo de ella saltó con fuerza, la cuerda entre ellos se puso tensa. Abbey apretó el puño y comenzó a golpear algo invisible bajo el agua, machacando una y otra vez, antes de jadear y hundirse, mirándole a los ojos, con desesperación y horror en la cara. Jackson se metió el regulador en la boca y se hundió con ella, siguiendo su cuerpo bajo la superficie.

El agua estaba oscura, y apenas pudo discernir una enorme aleta y el cuerpo con forma de torpedo, un solo ojo redondo y mandíbulas cerradas alrededor de la pierna de Abbey, que con el puño le golpeaba la nariz y los ojos. El agua se agitó y se nubló más, oscureciéndole la visión.

Pateando con fuerza, Jackson intentó girar, comprendiendo que el tiburón había soltado a Abbey y desaparecido de su vista. Se dio la vuelta para ver una enorme boca abierta, la fila doble de dientes parecía una sierra circular, malvada, primitiva y demasiado grande para evitarla. La carga pasó junto a Jackson y golpeó a Abbey de nuevo, lo bastante fuerte como para que su cuerpo saltara y fuera impulsado hacia adelante. Jackson vio como la mano de ella relampagueaba mientras el agua estallaba en una agitada masa de burbujas y restos, una vez más oscureciéndole la visión.

Su cuerpo fue arrastrado rápidamente a través del agua, empujado por la cuerda que le ataba a Abby. Nadó más rápido, intentando coger el paso, con el cuchillo en el puño mientras se aproximaba al enorme tiburón, intentando rodearlo hasta la cabeza. Las mandíbulas estaban cerradas alrededor de la espalda y el estómago de Abby, el tanque de metal estaba aplastado contra la boca. Abbey intentó luchar mientras él se aproximaba al costado. Hundió el cuchillo profundamente en el ojo del animal y le echó la cabeza hacia atrás, abriendo las enormes mandíbulas para soltar a Abigail.

Un cuerpo grande pasó junto a él como un torpedo y golpeó duramente al tiburón en la barriga desde abajo y Jackson cogió a Abbey por la cintura y le empujó el regulador de emergencia en la boca mientras pateaba lejos del tiburón. Un segundo delfín tomó el relevo en el ataque, dando con fuerza en el estómago del tiburón. Tan pronto como éste se apartó, un tercero y luego un cuarto se unieron a la lucha, los delfines protegían a Abbey, jugando a un juego peligroso de relevos para darles tiempo a escapar.

Jackson no malgastó los preciosos momentos que los delfines les habían dado. Nadó con fuerza, llevando a Abigail con él, deteniéndose sólo para tomar aliento mientras dirigía su escapada en ángulo hacia la barca. Intentaba mantenerles en la parte baja de las olas, y esquivar las trampas ocultas de Gratsos para la energía psíquica.

Ya en la barca hicieron falta varios intentos con ambos utilizando toda su fuerza para sacar a Abbey del agua. Jackson quería su propio cuerpo completamente fuera, pero con el equipo y sus fuerzas casi desaparecidas, fue toda una lucha subirse al bote. Al final tuvo que quitarse el cinturón de plomos y después la botella. Incluso entonces le llevó varios intentos arrastrarse a sí mismo dentro.